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Un privilegio de dos décadas

Veinte años después, los acontecimientos nacionales e internacionales siguen siendo igual de intensos y fascinantes.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Esta semana se cumplen dos décadas de la refundación de este diario. Uso a propósito esta palabra porque Excélsior estaba a punto de quebrar cuando Grupo Imagen lo compró y reorganizó por completo. El periódico de la vida nacional, toda una institución histórica de la prensa nacional, resurgió gracias a la visión y compromiso de dos grandes empresarios mexicanos: Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir.

He tenido el privilegio de acompañarlos en esta empresa desde 2003 cuando compraron las estaciones de radio de Imagen. Ahí me invitaron como comentarista y conductor de un programa radiofónico.

Tres años después, Olegario hijo me invitó un día a comer. Por ese entonces, yo escribía una editorial semanal en El Universal. Con su estilo caballeroso, Olegario me contó por qué habían decidido adquirir el Excélsior y qué planes tenían para resucitarlo.

Luego me hizo una propuesta que cambiaría mi vida profesional. Me ofreció escribir una columna diaria en este periódico. Le pedí a Olegario que me diera unos días para pensarlo. Consulté la propuesta con mi esposa de entonces y un par de mis mentores. Finalmente, acepté.

Y aquí estoy, dos décadas después, escribiendo mi colaboración de hoy. Ha sido una gran experiencia por todo los que nos ha tocado ver y analizar.

Cuando empezamos, en 2006, estábamos en vísperas de la que fue la más reñida e interesante elección presidencial de la historia contemporánea de México. Era marzo y López Obrador tenía una cómoda ventaja en las encuestas. Todo mundo juraba que sería el próximo Presidente. Sin embargo, el tabasqueño cometió una serie de errores que Calderón capitalizó a su favor.

Llegó el domingo de la elección y nos fuimos a dormir sin saber el resultado por lo cerrado que estaba. El lunes nos amanecimos con un PREP que ya le daba la ventaja a Calderón por menos de un punto porcentual. Vino, entonces, el conflicto postelectoral que duró meses y que terminó en la atribulada toma de posesión del nuevo Presidente.

Así, con esta historia intensa y fascinante, comenzó mi aventura como columnista de Excélsior.

Veinte años después, los acontecimientos nacionales e internacionales siguen siendo igual de intensos y fascinantes.

En el mundo estamos viviendo dos grandes guerras. La primera en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: La invasión rusa en Ucrania. La segunda tiene incendiado al Medio Oriente por el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán.

En el plano nacional, hoy tenemos a la primera mujer Presidenta de la historia de México. Su sexenio no ha sido nada sencillo por los grandes problemas que le heredó su antecesor -nada menos que López Obrador que sí llegó a la Presidencia en su tercer intento- y por enfrentar a un mandatario estadounidense tan peculiar como Donald Trump quien amenaza varios intereses mexicanos.

Mucha agua ha corrido estos 20 años de la refundación de Excélsior. La política se ha tornado más turbulenta. Las democracias liberales están siendo amenazadas por gobernantes demagogos, populistas y con tendencias autoritarias. La economía está cambiando velozmente ante la llegada de nuevas y revolucionarias tecnologías. Los valores sociales se han transformado, a veces para bien, a veces para mal.

En este contexto, los medios de comunicación tradicionales, como Excélsior, están pasando por una crisis existencial.

La llegada de las redes sociales ha transformado la manera como la gente se informa y forma su opinión. Un periódico como este tiene editores que deciden qué es noticia con la responsabilidad de checar su veracidad. Hoy ese modelo compite con medios donde no hay “gatekeepers”. Se perdió el monopolio de los medios sobre la información, para bien y para mal. Sí, hay más fuentes de información, pero también mucha basura y noticias falsas.

Los medios tradicionales se han tenido que adaptar a esta nueva realidad de la inmediatez de las redes sin perder el rigor periodístico.

Actualmente existe más competencia por la publicidad y suscripciones. No ha sido fácil sobrevivir en este nuevo ecosistema. Pero aquí seguimos, en Excélsior, dos décadas después de su refundación.

Me siento muy orgulloso y privilegiado de pertenecer a este equipo de trabajo que comanda Olegario Vázquez Aldir con gente de primera como Ernesto Rivera, Pascal Beltrán del Río, Ignacio Anaya, Mario Pintos, Fabiola Guarneros y Lorena Rivera. A todos ellos mi agradecimiento y convocatoria a seguir trabajando para que Excélsior siga siendo el periódico de la vida nacional.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

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