Ni dictaduras, ni guerras
...la guerra que inició hace más de dos semanas es sumamente impopular. Y esto es raro. Las guerras, históricamente, suelen unir a los países en contra de un enemigo común. Pero no en Estados Unidos.

Es complicado. Nadie quiere apoyar una dictadura como la que todavía existe en Irán. Sus líderes son responsables de miles de asesinatos, prisioneros políticos, represión y censura. Cualquier señal de oposición es respondida con golpes, cárcel, tortura - y a veces hasta la muerte. Sus mujeres son frecuentemente golpeadas y castigadas por no vestir como lo ordena la revolución islámica. Pero la pregunta es si es necesaria una guerra para cambiar las cosas.
El presidente Donald Trump cree que sí. Pero la guerra que inició hace más de dos semanas es sumamente impopular. Y esto es raro. Las guerras, históricamente, suelen unir a los países en contra de un enemigo común. Pero no en Estados Unidos. Seis de cada 10 estadounidenses (un 59%) se oponen a la guerra de Trump, según una encuesta realizada por CNN poco después de los primeros ataques a Irán. No solo eso. Un porcentaje similar (un 60%) no cree que el presidente tiene un plan claro para salir del conflicto bélico.
El gobierno de Trump se ha hecho un guacamole al tratar de explicar cómo se define la victoria en la guerra de Irán. Al principio de los bombardeos, les propuso a los iraníes que se rebelaran ante el régimen islámico, en una oportunidad - dijo Trump - que no se repetiría en una generación. Ahí equiparó victoria con democracia o, al menos, el fin de una dictadura. Luego, tras confirmarse el asesinato del ayatolá Ali Jameneí, propuso que el triunfo fuese un cambio de régimen en Irán, más amable con Estados Unidos. Pero tras la designación de su hijo Mojtaba Jameneí como nuevo líder supremo del país, los funcionarios de Trump solo esperan que Irán no continúe en su esfuerzo de construir armas nucleares. Mientras Trump no sepa definir el fin de la guerra, no terminarán los bombardeos.
Tras dos semanas de guerra, Trump solo ha logrado cambiar a un Jameneí por otro Jameneí. Sin duda, el poderío militar de Irán ha sido diezmado. Pero los iraníes siguen respondiendo a los ataques, enviando proyectiles y drones a sus vecinos y provocando el mayor trastorno en el suministro de petróleo que ha ocurrido en el planeta. Una quinta parte del petróleo mundial está atorado en el Estrecho de Ormuz por la amenaza iraní. Y todos, no importa donde vivas, estamos pagando más por la gasolina y cualquier producto o servicio que se mueve con ella. Esto no suena a la “total rendición” que espera Estados Unidos por parte de Irán.
Trump ha dicho tantas mentiras que es aún más difícil creerle en tiempos de guerra. No ha presentado ninguna evidencia de que Estados Unidos podría haber sido atacado por Irán, como tampoco lo hizo en el 2003 el entonces presidente George W. Bush al denunciar (falsamente) que Iraq tenía armas de destrucción masiva. Las guerras en Iraq e Irán comenzaron por un acto de fe. Y eso no convence a nadie.
Por eso tantos estadounidenses y tantos países se han negado a darle su apoyo al guerrerista Trump.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, es quien mejor ha argumentado que es posible denunciar al régimen iraní y, al mismo tiempo, estar en contra de la guerra. “Nosotros repudiamos al régimen de Irán que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres”, dijo Sánchez en un discurso que se ha viralizado. “Pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto y pedimos una solución diplomática y política. Algunos nos van a acusar de ser ingenuos por hacerlo, pero lo ingenuo es pensar que la solución es la violencia. Ingenuo es creer que las democracias o el respeto entre naciones brotan de las ruinas … Al contrario, yo creo que esta posición no es en absoluto ingenua, es coherente. Y, por tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que también es contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno”.
Y las represalias llegaron. La negativa de España de permitirle a Estados Unidos el usar dos bases militares en su territorio para lanzar sus ataques a Irán generaron la furia de Trump y su amenaza de “cortar todo el comercio” español. A pesar de todo, Sánchez no titubeó en su posición resumida en cuatro palabras: “No a la guerra”.
Ciertamente es tentador cuando se abre la posibilidad de terminar con una dictadura, tanto en Venezuela, Cuba y Nicaragua como en Irán. El mundo, sin duda, respiraría con mayor libertad. Pero el planeta está plagado de naciones que no son democráticas y es una locura permitirle a Trump el decidir a cuáles ataca y con cuáles comercia.
Creo y apoyo los esfuerzos, internos y de presión internacional, para terminar con muchas dictaduras. Pero las decisiones deben ser tomadas por cada país, no por el dedo vengativo y egocéntrico de Trump. Al final el ideal es: Ni dictaduras, ni guerras, ni Trump.
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