La guerra, la seguridad energética y las finanzas de México
Las finanzas gubernamentales en México están prendidas de alfileres.

Juegos de poder
Las finanzas gubernamentales en México están prendidas de alfileres.
López Obrador le heredó a Sheinbaum una hacienda pública con muchos problemas.
En el afán de ganar las elecciones de 2024, el tabasqueño tiró la casa por la ventana en el último año de su sexenio incurriendo en el peor déficit público de los últimos 35 años: Casi dos billones de pesos equivalentes a 5.7% del Producto Interno Bruto (PIB) medido en Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP).
Durante el primer año del sexenio actual, 2025, el Gobierno se comprometió a bajar el déficit público a 3.9% del PIB. No pudo alcanzar esta meta cerrando los RFSP en 4.8% del PIB. Para 2026, la nueva meta del Gobierno es de 4.1 % en esta variable.
Varias partidas de gasto tienen presiones gigantescas. Cada año, suben de manera importante lo que el Gobierno tiene que pagar de pensiones contributivas. En 2025, este rubro superó por primera vez los dos billones de pesos, representando 18 de cada 100 pesos del gasto público total.
A eso hay que agregar las pensiones no contributivas y demás programas sociales, que son muy exitosos desde el punto de vista electoral, pero también una bola de nieve difícil de controlar. Crecen a dos dígitos cada año. Este año el incremento será de 18.2% con relación al pasado para alcanzar casi el billón de pesos equivalente a 2.8% del PIB.
Luego está el tema de los subsidios a Pemex. Para mantener solvente a una empresa que técnicamente está quebrada, el gobierno le inyectó unos 392 mil millones de pesos en apoyos directos en 2025.
Ni qué decir del costo de la deuda pública que llegó a 52.6% del PIB en 2025. Entre más se endeuda el Gobierno, más intereses tiene que pagar. El año pasado destinó una cifra récord al costo financiero de la deuda, superando el billón de pesos con un aumento real anual del 7.9%.
En eso estábamos, manteniendo con alfileres las finanzas públicas, cuando a Trump se le ocurre atacar, junto con Israel, a Irán. Esto representa un choque externo que puede acabar por complicar aún más las finanzas públicas.
La guerra en Medio Oriente, en particular el cierre del Estrecho de Ormuz, está generando un incremento en los precios del petróleo. Esto beneficiará a Pemex que todavía exporta crudo. Cada vez menos: En enero de 2026 se reportaron 294 mil barriles diarios, el nivel más bajo desde 1990. Por esos barriles, la empresa petrolera acabará recibiendo más dólares y, por tanto, ya no requerirá de tantos subsidios del Gobierno para mantenerse solvente.
Si bien México exporta crudo, lo cierto es que el País importa mucho más de derivados petrolíferos (gasolina, diesel, turbosina, etcétera) y de gas natural. Nuestra balanza petrolera es deficitaria. Al cierre de 2025 alcanzó un saldo negativo de 25 mil millones de dólares.
El shock por la guerra en Irán no sólo incrementará los precios del crudo sino también del gas natural, combustibles refinados y productos petroquímicos. En todos estos rubros, dependemos de las importaciones, en particular de las que vienen de Estados Unidos.
Nuestro sistema energético es, como las finanzas públicas, muy frágil.
México no tiene reservas estratégicas significativas de gasolina, diesel o gas natural para amortiguar una crisis como la que está generando la guerra.
Ante el incremento de los precios externos, el Gobierno tendrá que decidir si los precios internos se mantienen artificialmente bajos, con subsidios gubernamentales, o aumenta los precios para reflejar la situación internacional.
Por lo pronto ha decidido mantener la gasolina Magna a 24 pesos por litro, lo cual significará una disminución en el impuesto que cobra por este producto (el IEPS).
El subsidio fiscal con un tope de precio ayudará a mantener la inflación controlada por un tiempo, pero tendrá un costo para el erario. La última vez que esto sucedió en nuestro País, en 2022, el erario dejó de recibir 15 mil millones de dólares al subsidiar combustibles.
Si el conflicto en Medio Oriente se extiende y agudiza, podría haber escasez de productos petroleros en el mercado internacional. Estados Unidos podría darle prioridad al abasto de su mercado interno. Si es así, México se vería afectado por la gran dependencia que tiene del suministro estadounidense.
Peligraría, así, la seguridad energética del País.
Amén de un posible drenaje en las finanzas públicas al mantenerse los subsidios a los combustibles y a la electricidad que se genera con gas natural.
De esta forma, el shock externo se traduciría en un shock interno. Todo por culpa de la guerra, pero, también, de una seguridad energética y finanzas públicas frágiles heredadas de ya saben quién.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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