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Alto al fuego, exigen

Resulta obvio que el Gobierno de Trump no confiaba en el ayatola, pero también parece cierto que la otra parte tampoco se fía del otro.

Ernesto  Camou

Batarete

La decisión irreflexiva de Donald Trump de atacar a Irán surgió, afirman varios analistas, de una plática con su yerno, Jared Kushner que le contó que parecía que Irán intentaría atacar a Israel. Muchos piensan que no hubo un análisis más profundo, ni una planeación estratégica que fundamentara el bombardeo y el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, ni una conciencia clara de qué medidas tomar después del ataque inicial.

La relación de los EUA con Irán ha sido complicada en los últimos años: Desde julio de 2015 Irán se comprometió a no fabricar armas nucleares e incluso aceptó que expertos norteamericanos revisaran sus instalaciones para comprobar que se cumplía el convenio. Israel, por su parte, no cesó las hostilidades en contra de Irán, al grado de que en una incursión bélica en junio de 2025, las fuerzas israelíes mataron a varios dirigentes políticos y también a parte del equipo de científicos que manejaba las instalaciones nucleares, en principio orientadas a la generación de energía y no al desarrollo de armas nucleares, como se estaba negociando con el Gobierno de Estados Unidos en ese momento, lo que no obstó para que fuerzas estadounidense apoyaran a Israel bombardeando presuntas instalaciones nucleares iraníes.

Hay una historia reciente en la que los Estados Unidos, particularmente Trump, presionan a Irán para que negocie y se comprometa a no desarrollar armamento nuclear, y esos mismos gobiernos gringos, apoyados por el Israel de Netanyahu, atacan a Irán y destruyen instalaciones que, suponen, podrían usarse para construir armamento nuclear, a pesar de que podrían revisar cuidadosamente esas edificaciones sospechosas, según ellos.

Resulta obvio que el Gobierno de Trump no confiaba en el ayatola, pero también parece cierto que la otra parte tampoco se fía del otro. El resultado ha sido una cadena de hostilidades por parte de las dos naciones involucradas, que recelan del otro, y están provocando un conflicto que ya rebasa a los países implicados y amenaza con una conflagración de proporciones mayúsculas.

Lo único que parece claro es que el Gobierno de Trump no confía en los dirigentes iraníes, pero él mismo personaje anaranjado incumple sin falta ni pudor, los acuerdos a que van arribando los negociadores. Parece obvio que Trump no está dispuesto a cumplir ni a ceder un ápice, en sus tratos con Irán; eso empuja a los dirigentes iraníes a la cautela y la desconfianza. Parece un callejón sin salida.

En esa tesitura la presidenta Claudia Sheinbaum dio a conocer ayer viernes que, junto con los presidentes Gustavo Petro de Colombia y Luis Inacio Lula da Silva, de Brasil pidieron que se declare un alto al fuego y se utilice la diplomacia para resolver las diferencias entre los estados en conflicto.

Doña Claudia añadió que “fue una iniciativa del presidente Petro, que invitó a varios países de América Latina e incluso de Europa para hacer un llamado a la paz y a un alto al fuego, y a que se utilicen las vías diplomáticas para solucionar el conflicto actual, que no solamente afecta al Medio Oriente, sino que por las características de la zona afecta a todo el mundo”, señaló. La mandataria subrayó que la crisis ya tiene repercusiones económicas globales: El precio del petróleo que llegó esta semana a 100 dólares el barril.

Ante ello, consideró relevante que desde América Latina se impulse una postura común orientada a la paz: “Los Estados Unidos Mexicanos, la República de Colombia y la República Federativa de Brasil reiteran la necesidad de que las diferencias entre Estados se resuelvan mediante la diplomacia internacional... Consideramos indispensable que en el actual conflicto en Medio Oriente se declare un cese al fuego inmediato, para abrir espacios efectivos al diálogo y la negociación. Expresamos nuestra disposición de contribuir a los procesos de paz que generen confianza, para avanzar hacia una salida política y negociada del conflicto”, agregó.

Bien, una postura razonable, digna y urgente.

Ernesto Camou Healy

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