La guerra en casa
Vivo en un país en guerra, pero en Estados Unidos cuando vamos al supermercado o a llevar a los niños a la escuela o al trabajo no se siente.

Mi primera idea de lo que era la guerra la aprendí por televisión. Los domingos por la noche en México ponían un programa llamado “Combate” en que un grupo de soldados estadounidenses luchaba en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo perfectamente sus armas de guerra, sus uniformes sucios, el miedo en sus caras y el realismo de sus enfrentamientos con el enemigo, a veces cuerpo a cuerpo. El programa se emitía muy tarde y era muy violento para un niño. Pero algunas veces mis papás me dejaban verlo, después de horas de súplicas, y yo tenía la sensación de entrar a un mundo prohibido.
Quizás por eso, décadas más tarde y ya como reportero, siempre me llamó la atención el cubrir los conflictos bélicos. Nunca, afortunadamente, me tocó estar en combate. Pero he sido testigo de la brutalidad y estupidez de la guerra: Aún tengo pesadillas por una montaña de cadáveres de soldados de Iraq que vi en Kuwait durante la guerra del Golfo Pérsico. Presencié el rechazo de los iraquíes ante los tanques estadounidenses en un país que nunca tuvo armas de destrucción masiva. Nunca olvidaré a aquel joven rebelde de Afganistán que me dejó de apuntar con su rifle luego de darle 15 billetes de un dólar. Tengo grabada la imagen de un niño jugando con su trenecito en Ucrania mientras caían bombas a solo unos kilómetros de ahí. Y todavía me afectan las sirenas, como las que escuché en Israel cerca de Gaza tras los ataques del 2023, que anunciaban la llegada de proyectiles de Hamas.
Y en este 2026 me ha tocado cubrir la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán - desde mi propia casa. Vivo en un país en guerra, pero en Estados Unidos cuando vamos al supermercado o a llevar a los niños a la escuela o al trabajo no se siente. Aunque la primera indicación de que algo no cuadra es que hoy me costó más llenar el tanque de gasolina de mi coche que la semana pasada. El bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz, una ruta de navegación donde pasa una quinta parte de las exportaciones de petróleo del mundo, va a disparar la inflación y los precios en el planeta de cualquier producto que se mueva.
Desde luego, la principal amenaza para los que vivimos en Estados Unidos es la posibilidad de ataques terroristas. Por eso sorprendió a tantos que el presidente Donald Trump despidiera en la mitad de la guerra a la secretaria de Seguridad interna, Kristi Noem. Ella es responsable de la crueldad de las redadas de ICE y de la separación de muchas familias latinas. Pero también estaba encargada de la seguridad de 345 millones de habitantes de Estados Unidos.
¿Por qué comenzó la guerra? Trump asegura que, si Estados Unidos e Israel no hubieran atacado a Irán, los iraníes lo hubieran hecho relativamente pronto y, quizás, hasta con armamento nuclear. Pero en las guerras se dicen muchas falsedades, y hasta el momento no hay ninguna prueba de que lo dicho por Trump sea cierto. Además, si Estados Unidos dijo que en los ataques de junio del 2025 había destrozado las instalaciones nucleares de Irán, ¿cómo es posible que ahora diga que el régimen iraní estaba a punto de fabricar bombas atómicas? O mintieron en junio, o están mintiendo ahora.
Este asunto de los ataques preventivos ya es muy viejo. En el 2003 el presidente George W. Bush nos aseguró - y su secretario de Estado Colin Powell lo repitió en frente de las Naciones Unidas - de que Iraq tenía armas de destrucción masiva. Fue una gran mentira, pero Estados Unidos igual atacó. Esta vez Trump y su gabinete de guerra insisten en que Irán era una amenaza inminente para Estados Unidos, pero no hay ninguna evidencia al respecto. La guerra ya es imparable.
Durante su última campaña presidencial, Trump se presentó como un candidato que no iniciaría más guerras. Por eso su resistencia a apoyar a Ucrania en su conflicto con Rusia. Pero desde que llegó por segunda vez a la Casa Blanca, Trump ha realizado ataques a siete países: Irán, Iraq, Venezuela, Nigeria, Siria, Yemen y Somalia. Jamás podrá ganar el premio Nobel de la Paz.
Pero Trump se siente todopoderoso tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí, de la captura del dictador Nicolás Maduro y de la localización y eliminación del narcotraficante “El Mencho”. Y parece haber dos grandes conclusiones: Una, que Trump no va a parar tras sus operaciones militares en Irán, y dos, que ni siquiera el congreso de Estados Unidos lo puede controlar o limitar. Estamos, nos guste o no, en un mundo marcado por un “trumpismo” que se expande y nos toca a todos.
Nunca imaginé de niño que la guerra un día llegaría hasta la puerta de mi casa.
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