La tenaza con que Trump busca aislar a México
El mayor peligro para México quizás está dentro del país. Trump no solo estaría construyendo un escudo alrededor de México: podría usar ese escudo como palanca para actores domésticos que ya existen y esperan este momento.

Eduardo Ruiz-Healy
El pasado fin de semana, en Doral, Florida, Donald Trump logró lo que ningún presidente estadounidense había conseguido desde la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947: una coalición militar multilateral de 17 naciones latinoamericanas bajo la conducción de EE.UU. La diferencia es reveladora: El TIAR era multilateral en teoría; el Pacto de Doral será vertical en la práctica: no habrá deliberación entre pares sino subordinación a una agenda de seguridad definida unilateralmente por EE.UU. Es una estructura de mando militar que autoriza patrullajes multinacionales e intervenciones unilaterales contra cárteles y lo que, con deliberada vaguedad, llama “inestabilidad respaldada por actores extranjeros”, es decir, por China.
La geografía del acuerdo lo dice todo: Panamá, Costa Rica, Honduras y El Salvador cierran el corredor mesoamericano; República Dominicana y Guyana cubren las rutas del Caribe; Ecuador y Paraguay flanquean los arcos andinos. Argentina y Chile aportan legitimidad ideológica al Cono Sur. El resultado parece una tenaza. Y en el centro, deliberadamente excluidos, quedan México, Brasil y Colombia: los tres gigantes regionales, geopolíticamente aislados al mismo tiempo. Si el diseño es lo que aparenta, no es casualidad. Es una estrategia.
El giro decisivo ocurrió el 20 de febrero, cuando la Suprema Corte de EE.UU anuló los aranceles de Trump. Esa derrota judicial lo transformó de negociador transaccional en comandante en jefe de una doctrina regional. Cerrada la palanca comercial por los tribunales, la puerta militar se abrió. Si Guatemala se suma como miembro 18, el escudo tendrá una frontera directa con el río Suchiate.
Pero el mayor peligro para México quizás está dentro del país.
Trump no solo estaría construyendo un escudo alrededor de México: podría usar ese escudo como palanca para actores domésticos que ya existen y esperan este momento. Figuras del PAN y movimientos de derecha vinculados al archiconservador CPAC México no verán el Pacto de Doral como una intervención, sino como una liberación. Empresarios de todo el país podrían estar dispuestos a cambiar márgenes de soberanía por la certeza arancelaria. A todos los uniría un hilo: el Shield les daría cobertura para argumentar que México está solo porque su gobierno eligió estarlo.
Frente a ese escenario, México cuenta con activos reales: es el primer socio comercial de EE.UU, la caída del “Mencho” mostró capacidades de inteligencia que ninguna fuerza multinacional puede replicar desde el exterior, y una coordinación real entre Brasil, Colombia y México representaría la fuerza de más de la mitad del PIB latinoamericano. La interdependencia económica es, en todo caso, un arma de doble filo: Tan costoso le resultaría a México perder el mercado estadounidense como a EE.UU perder las cadenas de suministro que hay dentro del territorio mexicano.
Hasta ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sabido negociar con Trump con habilidad. La pregunta es si esa habilidad será suficiente frente a una arquitectura regional que cambia las reglas del juego.
El riesgo real no es que Trump intervenga en México. Sería que consiguiera que algunos mexicanos se lo pidieran. Y para eso, no necesita soldados. Le bastan los aliados que ya tiene dentro del país.
Eduardo Ruiz-Healy
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