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Reforma electoral: ¿Ganar perdiendo?

La Presidenta insiste que ella enviará su iniciativa y, si no pasa, pues habrá cumplido con su promesa de campaña.

Leo Zuckermann

JUEGOS DE PODER

Qué chunga. Que ya voy a enviar la iniciativa de reforma electoral. Que siempre no porque todavía estamos negociando con nuestros aliados. Bueno, aquí les va una probadita de lo que viene en una presentación de PowerPoint y el lunes presentaremos la iniciativa completa al Congreso.

Que siempre no porque seguimos afinando detalles. Que la sigo revisando porque había artículos que no venían al caso. Que ahora sí el miércoles sin falta… Total: Todavía no sabemos los detalles de la reforma electoral que propondrá la Presidenta al Congreso.

Lo que sí sabemos es que los partidos aliados a Morena, el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, siguen sin dar su aval a la susodicha reforma porque algunos cambios afectarían sus intereses.

Sin ellos, el gobierno no tiene los votos para enmendar la Constitución. Y como la oposición previsiblemente votará en contra, entonces la reforma no pasará en su totalidad, o por lo menos en las partes que el PT y Verde rechacen.

La Presidenta insiste que ella enviará su iniciativa y, si no pasa, pues habrá cumplido con su promesa de campaña.

El electorado verá cuáles partidos no quisieron perder sus privilegios y eso eventualmente tendrá consecuencias.

Yo tengo mis dudas. Si la iniciativa efectivamente no se aprueba, ya sea en su totalidad o en las partes que rechacen el PT y Verde, se verá como un rompimiento de la coalición gobernante que había sido muy exitosa para reformar la Constitución y construir un nuevo régimen político.

A Sheinbaum inevitablemente se le comparará con López Obrador que sí tenía el poder de que sus iniciativas se aprobaran sin que nadie le cambiara una sola coma. En este sentido, con razón se interpretará que la actual mandataria tiene menos poder que su antecesor. No veo cómo puede salir beneficiada la imagen presidencial si eso sucede. A menos que la Presidenta esté pensando que, al perder la iniciativa, ella gana. ¿A qué me refiero? He escuchado a colegas comentaristas decir que, en realidad, a Sheinbaum no le gusta la reforma electoral y, por tanto, no quiere gastar capital político en ella.

Que nunca estuvo del todo convencida de su utilidad, sobre todo en el actual momento interno e internacional donde, para decirlo coloquialmente, el “horno no está para bollos”. Mejor no meterse en el berenjenal que generaría la reforma.

Sin embargo, siguen pensando algunos colegas, hay fuerzas dentro del movimiento, en particular una muy poderosa que opera desde Palenque, que están presionando para que se apruebe la reforma. Recordemos que fue una de las que López Obrador presentó el 5 de febrero de 2024 como parte del famoso “Plan C”. Todas las demás, incluyendo la judicial, ya se aprobaron.

Solo falta esta. Si la reforma efectivamente no pasa, Sheinbaum podría presumir que ella trató, pero, lástima Andrés, fíjate que no se pudo. Así, ganaría perdiendo. No me acaba de convencer mucho esta hipótesis, pero ahí la dejo como opción.

Lo que siempre será debatible en política es si a un gobernante le conviene dar una batalla que sabe perdida. ¿Para qué mandar una iniciativa de reforma constitucional cuando no se tienen los votos para aprobarla en el Congreso? ¿No se arriesga a que se perciba como una derrota política? Ésa es la cuestión que enfrenta la Presidenta.

Todo por culpa del PT y el Verde. El gran politólogo Giovanni Sartori alertaba de los “partidos con poder de chantaje”.

Aquellos partidos pequeños que pueden influir de forma decisiva en un sistema político sin necesidad de gobernar. Aunque minoritarios, alteran las decisiones, alianzas o estrategias de los grandes. No mandan, pero condicionan, por ejemplo, bloqueando mayorías. Lo hacen para defender sus intereses que pueden ser legítimos (parte de su agenda ideológica) u oportunistas (dinero, puestos, poder). Tienen, en este sentido, la capacidad de desestabilizar una coalición, que es exactamente lo que está ocurriendo con la reforma electoral en México.

Decía Sartori que estos partidos chantajistas podían frenar reformas, debilitar gobiernos, generar parálisis y aumentar la polarización.

“Un partido importa no por su tamaño, sino por su capacidad para alterar el juego”, argumentaba el italiano. Hoy, el PT y Verde están alterando el juego político en México. La culpa la tiene Morena por haberlos integrado a su coalición gobernante.

Les crecieron los enanos que, como buenos negocios que han sido, siempre chantajean vendiendo caro su amor.

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Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.

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