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Nemesio

Una acción exitosa del Gobierno provocó que opositores y críticos veleidosos aprovecharan para desvirtuar al mismo régimen, responsabilizarlo por la respuesta violenta del cartel; y repetir, una y otra vez, que México es un narcoestado.

Ernesto  Camou

Batarete

El pasado domingo 22 de febrero fue ultimado en Tapalpa, Jalisco, Nemesio Oseguera Cervantes, alias el “Mencho”, jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) la organización delictiva más grande de México, y con presencia en numerosos países de Europa, Asia, África, América Latina y en muchas ciudades de Estados Unidos.

Parece ser que localizaron a una mujer cercana al “Mencho” en el trayecto a Tapalpa, la siguieron y comprobaron que lo visitaba en una cabaña con mucha seguridad. Estudiaron el entorno y prepararon un plan con el objetivo de tomarlo vivo. Fue una operación mexicana sustentada en datos de inteligencia nacionales y de EUA, algo normal en países con frontera y problemas comunes.

El “Mencho” nació en Michoacán en 1966, y se inició en la distribución de drogas en el Estado de California (EUA), desde fines de los ochenta. Fue arrestado varias veces y condenado a cinco años de prisión por comercio de estupefacientes, de los cuales cumplió tres: Fue puesto en libertad condicional y deportado a México. A los 30 años casó con una mujer de su mismo pueblo perteneciente a una extensa familia dedicada al trasiego de narcóticos, por medio del Cartel del Milenio, controlado por la familia de su esposa, que apoyaba en labores de administración.

Cuando las autoridades detuvieron a varios de sus cuñados, el “Mencho”, que actuaba como sicario, intentó apoderarse del control de este cartel. Hubo una guerra interna y Nemesio, que lideraba una disidencia conocida como los Mata Zetas, logró suprimir a sus rivales y cambió el nombre de su colectividad a Cartel Jalisco Nueva Generación.

Desde la formación del CJNG, el “Mencho”, con el auxilio de su esposa, logró expandir las acciones del cártel a muchos estados de la República mexicana y a Chile, Colombia, Japón, Corea del Sur, Australia, España y, quizá, a toda Centroamérica y unos 25 países más. Sin duda ha sido la corporación mexicana con mayor presencia en el resto del mundo.

La madrugada del pasado domingo elementos del ejército mexicano rodearon la cabaña donde se escondía Nemesio y fueron repelidos a tiros. La tropa respondió al fuego y se armó una batalla entre ambos bandos. Al parecer se hirió al “Mencho” y este decidió huir por el bosque acompañado de dos correligionarios; los soldados los apresaron y llevaron a un helicóptero para trasladarlo a un hospital. Se dice que Nemesio Oseguera Cervantes falleció en el vuelo.

La reacción de sus secuaces fue brutal: Procedieron a organizar un caos en varias poblaciones de Jalisco, Guanajuato, Nayarit, Michoacán, y hasta Quintana Roo, por lo menos. En Guadalajara, y en Puerto Vallarta, quemaron camiones en vías principales, incendiaron decenas de Oxxos, atacaron sucursales del Banco del Bienestar y quemaron carros estacionados en tiendas de autoservicio, además de poner retenes e impedir el tráfico en amplias zonas de esas entidades. Se habla de hasta 250 retenes en esa región de Occidente.

En muchos sitios, hubo enfrentamientos con la Guardia Nacional y se cuentan 25 elementos fallecidos, más unos 40 civiles, probablemente miembros de bandas de sicarios.

Pero igual de preocupante fue la intensa desinformación que se manejó en las redes sociales: Al caos real sumaron, con imágenes generadas por inteligencia artificial, al aeropuerto de Guadalajara “tomado” por sicarios, con aviones incendiados y multitudes en las pistas “huyendo” de aeronaves amenazadas: Falso, estuvo tranquilo resguardado por el ejército; fotos de edificios y templos conocidos en llamas inexistentes, y rumores similares en otras ciudades de Occidente. Con esas patrañas amplificaron la situación, provocaron más pánico y una sensación generalizada de inseguridad y desorden nacional.

Una acción exitosa del Gobierno provocó que opositores y críticos veleidosos aprovecharan para desvirtuar al mismo régimen, responsabilizarlo por la respuesta violenta del cartel; y repetir, una y otra vez, que México es un narcoestado: Atrapar un capo importante se utilizó para poner en cuestión al Gobierno, acusarlo y desvirtuar su logro... ¡No tienen pudor! Y tampoco mamacita, añadiría.

Ernesto Camou Healy