Reforma electoral: Pelea en las élites
El inusualmente sinuoso camino de concertación de la reforma electoral... da cuenta de las dificultades de Palacio Nacional para ejercer el control político del presidencialismo clásico.

Astillero
El inusualmente sinuoso camino de concertación de la reforma electoral deseada por la presidenta de la República da cuenta de la explicable (que no justificable) reticencia de las dirigencias de partidos aliados (el del Trabajo y el Verde) ante modificaciones de las reglas del juego que afectarían los intereses de esas agrupaciones minoritarias, pero definitorias (sólo con sus votos completos se puede alcanzar la mayoría calificada en el Congreso para aprobar cambios constitucionales).
Pero, sobre todo, da cuenta de las dificultades de Palacio Nacional para ejercer el control político del presidencialismo clásico (concentración de poder que incluso ha sido multiplicada como nunca antes, al menos en términos de estadística y de amplitud de plazas ocupadas), al grado de colocar a la titular del Ejecutivo en la circunstancia de advertir, al menos retóricamente, que podría preferir el naufragio de su pretensión reformista, pues ello le mostraría congruente con sus principios, reacia a dejarse presionar, mientras sus opositores, incluyendo en este diferendo a los aliados, quedarían exhibidos ante la gente.
Presidenta Sheinbaum que dobla la apuesta al confirmar que sostendrá su iniciativa de reforma, sin cambios: “Nosotros la vamos a enviar, es un compromiso de la Presidenta con el pueblo. Quien la quiera apoyar bien, quien quiera mantener el privilegio de las listas pues también la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido político”.
¿Podría ser un primer fracaso para este gobierno?, se le preguntó en la conferencia matutina de prensa y respondió: “No. Para nada. Al revés. La gente va a decir, no pues la Presidenta cumplió. Hubo quien no votó. Pero la Presidenta cumplió. Nosotros cumplimos con la gente, en mantener lo que pensamos. Yo en los 100 puntos puse reforma electoral (...) Habrá quien quiera aprobar. Bueno, ese partido, pues lo reconocerá la gente, en la votación. Pero ni es derrota, ni es… sino sencillamente consecuencia política por lo que pensamos y decimos”. Podría entenderse, consideró, como una victoria porque “no me dejé presionar” (respecto a este punto: https://goo.su/F3LziyT).
Los puntos de distanciamiento entre los partidos aliados (Morena, PT y Verde) y la causa del endurecimiento de discurso presidencial, están claros: El financiamiento, que ha sido históricamente un botín para camarillas dirigentes (marcadamente el partido de las cuatro mentiras, el PVEM, cuyo representante en la negociación del lunes en Palacio Nacional fue ni más ni menos que el grotescamente llamado “Niño Verde”, Jorge Emilio González, emblema de todo lo que debería erradicarse en política); la facultad de las directivas partidistas para acomodarse en listas de representación proporcional para llegar al Congreso sin mayor esfuerzo que haberse anotado, y el riesgo, que suponen, de que Morena esté acomodando todo en esta iniciativa de reforma para secar los flujos presupuestales a los otros partidos, a sabiendas de que el guinda contaría con apoyo de tesorerías de gobiernos ganados, y que con el rediseño aritmético por venir ya no sean tan necesarios los votos de los partidos bisagra.
En este rejuego de intereses de cúpulas, en esta pelea por la gestión de privilegios y ganancias, con retórica que es aplaudidora en el oficialismo (con excepciones) y negativamente incendiaria en los opositores, queda sumamente clara la ausencia del propósito de incorporar opciones de candidaturas ciudadanas con viabilidad verdadera: Todo queda en jaloneos en las alturas. Y tampoco hay una voluntad real de evitar drásticamente el carácter corruptor decisorio del dinero oscuro (léase cárteles) o sumamente claro (moches en contratos y concesiones, “contribuciones” desde instancias de Gobierno).
A fin de cuentas, PT y el Verde podrán rechazar la propuesta presidencial, con el costo político posterior para ambas partes, o podrán aceptarla con modificaciones a conveniencia en los detalles, pero la pregunta de fondo es si con esta reforma electoral se transformaría suficientemente el muy enviciado sistema político mexicano. ¡Hasta mañana!
Julio Hernández López
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