Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas /

¿De que te sirve ser víctima?

Sentirme una víctima por “todo lo que me pasó en la infancia” se convirtió en un escudo protector de eventuales fracasos.

Juan Tonelli

Historias demasiado humanas

“¿De qué le sirve ser víctima?”, me preguntó la terapeuta.

Su pregunta fue un puñetazo directo a la mandíbula. ¿Yo, víctima? ¿Qué dice esta mujer?

Un par de segundos de silencio después, empecé a asumir que tenía razón. Por suerte, era el final de la sesión, por lo cual tendría una semana para reflexionar y elaborar alguna respuesta.

Salí del consultorio pensando la pregunta. ¿Cuál es mi “negocio” al victimizarme? Es parecida a la pregunta que el doctor Gabor Mate le hace a los adictos que lo consultan. ¿Qué es lo que le da de bueno su adicción? O dicho en otras palabras: Lo malo es evidente; pero ¿qué es lo bueno, lo positivo, lo que nos mantiene atados a esa conducta que nos hace mal?

Pensé que quizá victimizarme podría ser una forma de adicción. Algo que nos perjudica en el mediano y largo plazo, pero nos hace más llevadero el corto plazo, el presente.

Después de reflexionar bastante, llegué a algunas conclusiones. La primera fue bastante obvia. Sentirme una víctima, me quita responsabilidad.

“Pobre Juan, con lo que le pasó…” Si lo que me pasó fue lo suficientemente grave, estoy eximido de muchas cosas, por no decir casi de todo. Como si una “pobre víctima” tuviera impunidad, o una indemnidad absoluta. No se le puede exigir nada, no se la puede hacer responsable de nada, porque ya carga con un peso descomunal con lo que le pasó…

Y si bien el argumento funciona muy bien desde lo social, me di cuenta que es muy destructivo para la vida personal. Muchas veces, peor que lo que objetivamente sucedió. Porque hay un enorme riesgo que nos quedemos en ese lugar seguro, en el que todos nos comprenden, nadie nos demanda, tampoco nosotros mismos, y desde ahí es imposible crecer. Es como si nos quedáramos cristalizados en el momento del trauma, del suceso.

Por eso la frase genial de Sartre “somos lo que hacemos con lo que nos hicieron”.

Repasé mi separación. Fue un momento muy difícil de mi vida, en el que además de pelearme con mi esposa, me enojé con mi madre, y también murió mi fe católica. Nunca pude comprender cuál era el hilo que uniría esos tres elementos.

Veinte años después lo pude hacer. Con mi esposa era obvio. ¿Pero mi madre? Pude ver que el fondo mi enojo tenía que ver con el hecho que la responsabilizara de haberme casado con mi ex esposa, porque ella era la mujer más adecuada para los mandatos que nos había grabado a fuego mi madre, acerca de cómo debía ser una mujer. De poco importaba que yo hubiera sido mayor de edad cuando me casé, y que estuviera felizmente casado 15 años. Al momento de la crisis, mejor no hacerme cargo de mi responsabilidad, y enojarme también con mi madre que con sus mandatos, me metió en ese problema.

Algo parecido me pasó con mi fe en Dios. Siempre había sido muy creyente, pero a partir de mi divorcio, me distancia. Si bien nunca me sentí enojado con Dios, en el fondo, mi sentimiento también era de víctima: Si en un momento tan difícil, con tres hijos chicos, no me ayudaste, ¿para qué te quiero? Mejor sigamos por caminos separados. De nuevo, Dios es el que me tendría que haber rescatado, yo no tuve nada que ver con mi divorcio.

Dentro de varios otros elementos positivos de sentirme víctima, encontré que era una excelente forma de quitarme presión. Siempre fui sobreexigido, por lo cual, padecí mucha presión por lograr resultados sobresalientes.

Sentirme una víctima por “todo lo que me pasó en la infancia” se convirtió en un escudo protector de eventuales fracasos.

Si no fui el campeón mundial de mi deporte, fue por lo que me pasó en la infancia. Si no fui un célebre pianista, también. Si me separé tres veces, también es el resultado de los estragos de cuando era un niño. Y así podría seguir con todas las cosas de mi vida que no salieron perfectas.

¿Pero es verdad? Tener una coartada o excusa sólida si las cosas no salen como quiero, ¿es bueno para mi vida? ¿Por qué no intentar hacer las cosas lo mejor posible, y sino salen, ver qué puedo aprender sin culpar a nadie?

Y tú: ¿De qué te protegen tus victimizaciones?

Juan Tonelli

Escritor del libro “Un elefante en la habitación”, y conferencista.

www.youtube.com/juantonelli

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí