Se le respeta, se le admira, se le quiere y se le acata
Este personalismo nos atrasó décadas buscando una democracia representativa donde los votos fueran el instrumento de renovación social.
SEPTENTRIÓN
En México todo ha dado un vuelco, aquella nación plural que pretendía modernidad y progreso ha retrocedido a lugares que nos remiten a un pasado de historias aberrantes.
El Estado ilegítimo ha dado paso a una república ficticia que no descansa en patentizar la parodia en que han convertido una democracia; poderes republicanos que se han transfigurado en una morada de personajes caricaturescos junto a una vacilante administración que no sale de un absurdo para arribar a una riña tumultuosa provocada por sus correligionarios.
Al mismo tiempo la casta morenista goza de privilegios que no tiene ningún ciudadano, la inmunidad ofensiva que distingue a unos de otros, la impunidad como salvoconducto presidencial revestido por un cinismo insultante.
La decadencia se convirtió en el eje gubernamental, no hay renglón de la administración que no tenga un conflicto aunado al costo gravísimo de vidas que este ocaso institucional ha provocado, el deterioro va acompañado de enfrentamientos y disputas.
El Verdadero Calles, libro publicado en 1933 por Antonio Echeverri Matamoros da una idea de la atmósfera que se respiraba en el País pos revolucionario, había caído Pascual Ortiz Rubio y la Presidencia la ocupaba Abelardo L. Rodríguez, las reverencias giraban en torno a quien protagonizaba el Maximato: Plutarco Elías Calles, el poder personalizado y externo a la Presidencia, soportado por una Revolución que se transmutaba en partido y Gobierno.
Lo plasmado compone un monumento a la adulación, gral. Eduardo Hay sobre Elías Calles: “… el más genuino y más hábil orientador de la conciencia revolucionaria que ha tenido el movimiento redentor del pueblo mexicano”.
El poeta Enrique González Martínez: “El general Calles pertenece a aquel grupo de hombres que en momentos culminantes de nuestra historia parecen tener en sus manos los destinos de la Nación; hombres intuitivos de voluntad fuerte, de visión clara, conscientes de su responsabilidad ante la Patria -por lo que haga o dejen de hacer- acaba sólo con la muerte”.
El historiador y museógrafo Luis Castillo Ledón: “Soy de los que tienen la firme convicción de que el general Calles no puede ni debe retirarse de la política militante y menos negar su ayuda al País en la solución de sus actuales problemas (…) se le respeta, se le admira, se le quiere y se le acata”.
El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, licenciado Julio García: “… desde mi personal punto de vista, juzgo que el señor gral. Calles es un gran carácter y que por lo mismo, no convendría que se retirara de la política, pues creo que su cooperación es del más grande interés para la marcha progresiva de la Nación”.
Los elogios dibujan a un país rendido al Jefe Máximo que no distinguía poderes ni pluralismo, quien se adentraba en un combate religioso motivado por obsesiones que desembocaron en la ofensiva militar.
Este personalismo nos atrasó décadas buscando una democracia representativa donde los votos fueran el instrumento de renovación social, posponiendo una necesaria diversidad así como una profesionalización de la administración pública.
La concordia, los acuerdos y la inclusión se instrumentaron desde los años noventa desapareciendo el 2018, el guión destructivo ha seguido su curso, la administración ha cumplido su heredada encomienda aniquiladora.
Hoy como en 1933 lo que diga o haga el Ejecutivo es irrelevante, las alabanzas son para su antecesor y los problemas para la Presidenta.
La arrogante confrontación política continuará y crecerá por dos razones: La rijosidad es su lenguaje y la fuerza política no se encuentra en Palacio Nacional.
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*Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.
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