Libros de texto ideológicos, educación rezagada
La salida de Arriaga permite recuperar un área de la SEP que debería estar en manos de pedagogos y especialistas en diseño curricular, no de un ideólogo.

Eduardo Ruiz-Healy
Hasta ayer en la tarde, el cesado director general de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga, se negaba a abandonar la oficina que dejó de ser suya en el sexto piso de la dependencia. Desde ahí transmitía en vivo en redes sociales, defendiendo su trabajo y exigiendo que se le notificara su despido por escrito. Detrás de él aparecía el retrato del santo de su devoción, Karl Marx: Una imagen que resume la orientación ideológica que impregnó los libros de texto gratuitos elaborados durante el Gobierno de AMLO.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, confirmó su destitución. La presidenta Claudia Sheinbaum, para evitar una ruptura mayor entre sus seguidores y quienes creen que todavía manda el aldeano de Palenque, aseguró que los libros “no van a cambiar”. Dijo que se harán ajustes puntuales para incorporar más biografías de mujeres y más información sobre los pueblos originarios, algo que Arriaga se negaba a hacer, diciendo que a “sus libros” no se les podía cambiar ni una coma.
La salida de Arriaga permite recuperar un área de la SEP que debería estar en manos de pedagogos y especialistas en diseño curricular, no de un ideólogo. Arriaga fue el rostro operativo de la Nueva Escuela Mexicana: Retórica militante, obsesión por politizar el lenguaje escolar y una narrativa de lucha de clases. Su reacción al despido -atrincheramiento, transmisión ininterrumpida, reto a la autoridad- es coherente con la lógica que impulsó: La ideología por encima de la formación de la niñez.
Arriaga nunca debió ocupar ese cargo. Su experiencia académica es en filología, no en el diseño curricular de la educación básica. Llegó por su amistad con Beatriz Gutiérrez Müller, la esposa de AMLO, sin saber de aprendizaje infantil, evaluación educativa ni construcción de planes y programas de estudio. En un país con un rezago brutal en matemáticas y lectura, su nombramiento fue otra decisión absurda del aldeano.
Los resultados muestran el fracaso. En la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) de 2022, México registró un desplome en matemáticas que, en la práctica, lo regresó a niveles de 2003: Sólo 34% de los alumnos alcanza el umbral mínimo de competencia, frente al 69% promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), México aparece por debajo del promedio regional en primaria: 40% de los niños de tercer año de primaria y 60% de los de sexto no logran siquiera el nivel mínimo en lectura y matemáticas. El sistema no sólo falla al terminar la educación básica, sino que condena al rezago desde la infancia.
Ese es el saldo de una gestión que sustituyó la pedagogía por el dogma. Urge ahora recuperar horas efectivas de aprendizaje, reforzar las matemáticas y la lectura, evaluar sin complejos y formar docentes para el éxito real de los jóvenes. El sainete político de este fin de semana, tal vez dirigido desde Palenque, mostró a un funcionario defendiendo el cargo como si fuera suyo, mientras millones de niños siguen pagando el costo de sus estupideces.
Eduardo Ruiz-Healy
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