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El hombre que se estaba muriendo mientras mirábamos

¿Quién no necesita, alguna vez, que alguien se quede un poco más?

Juan Tonelli

Historias demasiado humanas

Un domingo a la noche volvía manejando a casa y frené en un semáforo en rojo. El auto de adelante se detuvo, pero su conductor no esperó. Se bajó de golpe, dio unos pasos raros y se dejó caer en la vereda, como si el cuerpo ya no le respondiera. Prendí las balizas y bajé.

Cuando llegué a su lado estaba recostándose. Los dedos se le estiraban y se contraían sin control, como si algo adentro suyo estuviera peleando. Le pregunté qué le pasaba. Abrió la boca, pero no pude entender lo que dijo.

Empezó a juntarse gente, entre curiosos y algunos con vocación de ayudar. Alguien dijo “hay que llamar a emergencias” y mientras deliberaban sobre a qué número llamar, parecía que él se iba apagando.

Le agarré la mano, que estaba húmeda y fría. Le acaricié la frente y le hablé despacio, casi al oído, diciéndole que se quedara tranquilo, que la ambulancia estaba en camino. Le pedí que intentara respirar tranquilo y su mano apretó la mía.

Pasaron los minutos y como la ambulancia no llegaba alguien volvió a llamar. Como del otro lado no podían dar precisiones de cuánto demoraría, apareció esa idea casi insoportable de que nadie se puede morir esperando.

Lo subimos a su auto, mientras él alcanzó a decir el nombre de una clínica cercana. Yo manejé y en el camino pude avisarle a alguien de su familia.

Cuando llegamos lo ingresaron directo. Yo hice los trámites con las credenciales que le saqué de su billetera. Dejé mi nombre como contacto.

Terminada la burocracia pude ir a estar con él, que estaba consciente y muy asustado.

Poco después llegó su hermano, por lo cual le conté brevemente lo sucedido, lo saludé y me fui, no sin antes hacerle un gesto de fuerza al enfermo.

Una semana después recibí un mensaje suyo. Me contaba que estaba bien y que había sido una intoxicación por mariscos. Que quería agradecerme, no tanto por haberlo cuidado y llevado hasta la clínica, sino por haberle agarrado la mano y tranquilizado cuando todo era miedo y desconcierto.

Días atrás, tomando un café, me acordé de una idea de un estudioso de la Biblia, José Antonio Pagola. Él dice que solemos leer mal ciertas historias porque vamos directo al final, a lo extraordinario, a la curación. Y no miramos lo previo. El momento en que alguien se detiene. Mira. Se deja tocar por lo que sucede. Se acerca.

Pagola dice que el milagro no aparece de golpe, sino que es la consecuencia de una compasión profunda. Una compasión que no es una idea ni una virtud, sino una reacción física. Algo que se siente en el cuerpo y empuja a moverse.

El griego original del Evangelio habla de estar conmovido en las entrañas. O sea que no se trata de buena intención. Es simplemente no poder seguir de largo.

Pagola aclara que Jesús no actúa para enseñar ni para impresionar, sino porque no puede quedarse indiferente.Eso, al menos, es lo que solemos decir después.

Muchas de las personas que aparecen en la Biblia no sólo estaban enfermas. Estaban excluidas, eran invisibles. Nadie las veía. Antes de sanarles el cuerpo, alguien les devolvía la dignidad y las miraba como personas.

Hoy la invisibilidad no desapareció, pero cambió de forma. Está en el amigo que se fue apagando y al que nadie hizo a tiempo a ver porque todos estamos muy ocupados. En la mujer que siempre dice “todo bien” y ya no engaña a nadie. En el hijo que habla mientras miramos el celular. En el vecino cuyo nombre no sabemos. Y también en nosotros, cuando atravesamos algo duro y sentimos que nadie termina de vernos.

¿Quién no necesita, alguna vez, que alguien se quede un poco más?

Tal vez la compasión no sea salvar a nadie. Tal vez sea algo mucho más pequeño y mucho más difícil: Detenernos, mirar, no seguir de largo. Y con un gesto mínimo, cambiarle el mundo a una persona.

Tal vez ahí empiece lo más importante que nos falta aprender: Volver a mirar de verdad.Aunque a veces no sepamos muy bien qué hacer con lo que vemos.

Juan Tonelli

Escritor del libro “Un elefante en la habitación”, y conferencista.

www.youtube.com/juantonelli