Trabajadores más descansados
...me pareció muy buena y muy conveniente la iniciativa de la 4T para implantar la semana de 40 horas.

De política y cosas peores
Don Pudenciano se quedó freddo ed immobile come una statua al ver a su hija Cunegunda celebrando el H. Ayuntamiento con su novio sobre la mullida alfombra de la sala. Antes de que el azarado genitor pudiera articular palabra le dijo la muchacha: “Tú lo único que me prohibiste fue que me dejara besar”. Los economistas se parecen a los meteorólogos: Ambos son profesionistas que explicarán mañana por qué no se cumplieron hoy las predicciones que hicieron ayer. De sobra está decir que ignoro los principios de esa abstrusa ciencia, la economía. Sus enigmas son para mí más indescifrables que los de la Esfinge o el oráculo de Delfos. Aun así conozco casos numéricos como éste que bien podría llamarse de cortesía cuadrática. Si se multiplica el número 13 por 13 el resultado será 169. Sumados los tres dígitos de ese número la cifra resultante es 16. Si se multiplica el número 16 por 16 el resultado será 256. Sumados los tres dígitos de ese número la cifra resultante será 13. Cortesía igual rara vez se ve entre los humanos, díscolos, inurbanos y desagradecidos muchos de ellos. Utilizo este fútil juego de guarismos para disimular mi desconocimiento de las matemáticas, tan ligadas a la economía. Habrá quienes, entonces, considerarán osado atrevimiento mío decir que me pareció muy buena y muy conveniente la iniciativa de la 4T para implantar la semana de 40 horas. Sé bien que esa medida traerá consigo efectos que algunos juzgarán nocivos para las empresas, para la productividad, para la economía de la Nación; pero también sé que en el concierto de las naciones civilizadas priva ya esa semana laboral, y que el trabajador tiene derecho a más tiempo para su descanso, el disfrute de su familia y el goce de honestos entretenimientos, como decía la legislación antigua sobre la materia. Viendo las cosas desde el sólo punto de vista empresarial cabrá decir que trabajadores más descansados y contentos serán más productivos. Uno de mis inolvidables personajes es el señor licenciado don Felipe Sánchez de la Fuente, rector insigne que fue de la Universidad de Coahuila. Humanista, hombre de bien, don Felipe se oponía al uso de la frase “mercado del trabajo”. Afirmaba que el trabajo no es una mercancía, sino una prolongación de la persona humana, y con su misma dignidad. Yo, que nunca he trabajado porque siempre he hecho lo que me gusta, saludo la semana de 40 horas, y estoy cierto de que será de beneficio tanto para los trabajadores como para los empresarios, y por tanto para México. Con lo anteriormente dicho he cumplido por hoy la modesta función que me he asignado, de orientar a la República. Puedo entonces, sin cargo de conciencia, relatar algunos cuentecillos. El padre Arsilio pensó en el infierno cuando oyó la confesión de Pirulina. La pizpireta joven le dijo que había yacido con Pedro, Juan y varios, y que los varios eran muchos. Amonestó, severo, a la muchacha: “¿Sabes lo que te vas a ganar con eso?”. “Nada, señor cura -respondió la muchacha-. No cobro”. La señorita Himenia, célibe, decía tener 39 años de edad. Y debía ser cierto, pues lo venía diciendo desde hacía por lo menos una década. Invitó a merendar en su casa a don Gerásimo, caballero chapado a la antigua que vestía chaqué, bombín, zapatos de charol, polainas y reloj de bolsillo con leontina. Le dijo: “Espero, amigo mío, que no se aprovechará usted de nuestra soledad para intentar algo contra mi virtud”. “Señorita -respondió muy digno don Gerásimo-. Para hacer eso necesitaría estar borracho”. Le indicó la señorita Himenia: “La botella está sobre el refrigerador”. FIN.
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