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Esbeltos gracias al monstruo de Gila

Un temido lagarto que habita en regiones secas y cálidas del Norte de México y del Suroeste estadounidense ha pasado a ser un héroe anónimo para miles y miles de personas con exceso de peso.

Jesús Canale

Un temido lagarto que habita en regiones secas y cálidas del Norte de México y del Suroeste estadounidense ha pasado a ser un héroe anónimo para miles y miles de personas con exceso de peso.

Primero expliquemos que en saliva de este venenoso sujeto se encuentra una sustancia que le permite comer a intervalos muy largos, a veces de meses, y esto se debe a que cuenta con una glándula que vierte en su saliva una sustancia llamada exendina-4 que pasa a su tracto digestivo y de allí a su sangre para circular por todo su organismo confiriéndole propiedades que le permiten almacenar alimento -por ejemplo grasa su ancha cola- permitiéndole largas temporadas de ayuno que le permiten comer tan esporádicamente como sólo dos veces al año sin perjuicio alguno para su salud.

Pues, aunque las células de su intestino se atrofian por dejar de funcionar por meses y meses, la citada sustancia le confiere también la peculiaridad de que dichas células se regeneran para disponerlo a la siguiente aunque lejana comida y de esa manera sobrevive sin pena… y sin hambre.

Resulta que un senador demócrata norteamericano, por allá en los años 1970 a 1980, estableció la entrega de los “Premios de Lana de Oro” a quienes revelaran estudios científicos financiados por el Gobierno federal que de alguna manera hicieran suponer que eran un derroche inútil, como por ejemplo aquel estudio destinado a investigar los motivos del agresivo consumo de ginebra por el pez luna en comparación con el consumo de tequila.

¿Nos salimos del tema? No, pues sucede que otro estudio, precisamente abocado a entender cómo es que el monstruo de Gila puede pasar meses sin comer y no revolcarse de hambre, vino a revelar nada menos que tal fenómeno se debe a la tal exendina-4, a partir del cual se derivaron nuevas pruebas y estudios que permitieron definir que esa sustancia, contenida en el veneno del horroroso monstruo, tiene un parecido sorprendente con una proteína similar al glucagon humano (o GLP-1, por sus siglas en inglés) que es una hormona producida en nuestro páncreas y que eleva los niveles de glucosa (azúcar) en sangre como una función contra-reguladora de la insulina.

Un endocrinólogo estadounidense se dedicó a estudiar intensamente el asunto y verificó que GLP-1 tiene una acción fugaz en el ser humano y que la exendina-4 aunque le es muy parecida, ejerce una acción muy duradera con el esperado efecto de reducir el apetito.

De aquí se pasó a producir en el laboratorio una sustancia mejor tolerada y funcional en el ser humano llamada semaglutida, ingrediente fundamental de las inyecciones y tabletas hoy de varios nombres comerciales y rápidamente popularizados (Ozempic, Rybelsus, Wegovy), que mejoran el nivel de glucosa en sangre, enlentecen la digestión, reducen el apetito y lógicamente inducen la reducción del peso corporal.

Otros muy similares como Saxenda y Trulicity también irrumpen en el mercado y existen en nuestro País y más recientemente Tirzepatida (Mounjaro y otros) con efectos similares.

Tratándose del sobrepeso y de la obesidad que son factores determinantes de trastornos y complicaciones que impactan duro en la salud, aumentan el gasto sanitario e incluso reducen la esperanza de vida, la explosión rápida de estos nuevos productos suponen ventajas antes poco sospechadas.

En lo personal -y como siempre en cuestión de medicamentos- hay que estar atentos a la prueba del tiempo y del uso masivo para conocer más a fondo tanto sus ventajas como desventajas.

De momento podemos ir agradeciendo al satanizado monstruo de Gila y a su envenenada saliva por su contribución a la salud humana, o al menos pensar que no hay mal que por bien no venga. Los estudios sobre el ginebra, el tequila y el pez luna, como los estudios sobre el monstruo de Gila, no necesariamente son un despilfarro. (“Gila” porque originalmente llamó la atención la creciente presencia de ese monstruo en las cercanías del río Gila de Arizona).

Jesús Canale

Médico cardiólogo por la UNAM.

Maestría en Bioética.

jesus.canale@gmail.com

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