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Substack monetiza propaganda nazi y de supremacía blanca

La libertad de prensa no es un cheque en blanco para lucrar con el odio.

Eduardo Ruiz-Healy

Substack es una plataforma de infraestructura editorial y de servicios de pago fundada en 2017, con sede en San Francisco, California. Hoy, el ecosistema reporta más de 35 millones de suscriptores activos mensuales, de los cuales 5 millones pagan por suscripciones. Aunque el número de quienes publican sus textos y videos ahí supera los cientos de miles a nivel global, sólo unos 17,000 ganan dinero al hacerlo. Esto confirma que la plataforma dejó de ser un experimento de nicho para convertirse en un actor importante en la distribución de contenido digital.

El diario británico The Guardian reveló el pasado 7 de febrero que Substack monetiza activamente boletines de ideología nazi y supremacía blanca en cuentas como NatSocToday, Third Reich Literature Archive y White-Papers, que cobran suscriciones de hasta 150 dólares anuales y que Substack retiene el 10% de cada transacción. Lo anterior indica que la plataforma no sólo aloja contenido racista, antisemita y de odio, sino que también es socia comercial de quienes promueven estas ideologías.

Los directivos de la plataforma dicen que no van a limitar la libertad de expresión de los escritores, pero una cosa es su supuesta neutralidad y otra es que lucre diseminando mensajes e ideologías de odio. Al recibir pagos de los grupos que promueven el antisemitismo y la teoría del “Gran Reemplazo”, Substack abandona la categoría de plataforma de contenido para pasar a la de beneficiario. La empresa obtiene utilidades directas de la difusión del odio.

El problema es el diseño algorítmico que sugiere a usuarios nuevos escritores extremistas basándose en sus patrones de lectura. El sistema detecta qué temas generan mayor “engagement” -aunque sean discursos de odio- y los promueve para aumentar las probabilidades de suscripción pagada. Así, Substack deja de ser un medio pasivo o neutro para convertirse en un promotor activo de ideologías radicales, embolsándose así su propia comisión.

Para quienes publican sus textos o videos sin fines de lucro, eso es inaceptable. Substack utiliza el prestigio de analistas y académicos para darle una imagen de legitimidad a su ecosistema, pero son esos autores gratuitos los que generan el tráfico y la seriedad que la plataforma necesita para atraer a nuevos usuarios, quienes después son redirigidos por el algoritmo hacia las cuentas que sí les dejan dinero mediante comisiones.

La libertad de prensa no es un cheque en blanco para lucrar con el odio. En el ejercicio del análisis político y económico, el entorno importa. El rigor de un dato se degrada cuando el vehículo que lo transporta está diseñado para fomentar el radicalismo con fines de lucro.

Decidí escribir en Substack hace unos meses para poder expandir mis análisis que, por razones de espacio, son breves en los diarios que publican mi columna. Ahora, tras lo que The Guardian me dio a conocer sobre Substack, decidí dejar de publicar ahí. Mis análisis amplios se publicarán ahora en ruizhealytimes.com. Substack ignora que los escritores que no buscan el pago de los lectores son la columna vertebral de su negocio. Si la plataforma prefiere el 10% del odio sobre la integridad de sus autores de fondo, su destino debería ser la irrelevancia.

Eduardo Ruiz-Healy

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Instagram: ruizhealy

Sitio: ruizhealytimes.com

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