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Estados Divididos de América

Dividido en dos mitades, hoy conviven los estadounidenses en lo que parece un equilibrio difícil de sostener.

Leo Zuckermann

Estados Unidos está dividido.

Existe un Estados Unidos que quiere seguir abierto al mundo, recibiendo migrantes, compitiendo en la globalización, tolerando la pluralidad, fomentando la pluriculturalidad y abrazando los mejores valores occidentales de la democracia y libertad.

Existe otro Estados Unidos que le gusta más el aislacionismo, que pretende expulsar a los migrantes indocumentados y cerrar las puertas a los extranjeros, que prefiere protegerse comercialmente a competir, que se aferra a ser predominantemente de raza blanca y religión cristiana protestante, con tendencias autoritarias, hasta fascistas, y con ganas de dominar el mundo utilizando su poderosísima fuerza militar.

No lo veo como una división tradicional entre izquierda y derecha. Diría que se trata de un dilema existencial: Qué tipo de país quiere ser nuestro vecino del Norte hacia adelante.

He aquí dos visiones de nación diametralmente opuestas.

Dividido en dos mitades, hoy conviven los estadounidenses en lo que parece un equilibrio difícil de sostener.

Hasta ahora, las instituciones políticas tradicionales han podido canalizar los conflictos que genera esta brecha divisoria.

Sin embargo, no sabemos hasta cuándo funcionarán.

Una aduana importante serán las próximas elecciones intermedias de noviembre de este año. Si, como todo apunta, los demócratas logran arrebatarle la mayoría de la Cámara de Representantes a los republicanos, ¿aceptará el presidente Trump los resultados? De no ser así, podríamos tener a un jefe del Ejecutivo que desconoce la legitimidad de una de las cámaras del Legislativo y, por tanto, sus resoluciones.

Sí, las instituciones han funcionado hasta ahora para procesar el conflicto político en Estados Unidos. Pero también es cierto que la división social en dos visiones del país ha demostrado como esa nación está en un franco proceso de descomposición.

Veamos, por ejemplo, dos eventos que ocurrieron en días recientes.

Comienzo con la publicación que hizo el presidente Trump en su red social Truth Social de un video donde aparece el ex presidente Barak Obama y su esposa Michelle caricaturizados como un par de simios. Se trata de un ataque racista de la peor calaña. Los supremacistas blancos estadounidenses utilizaban la imagen de los negros como monos por considerarlos inferiores. Es un insulto vergonzoso que en pleno siglo XXI el Presidente en funciones caracterice así al que fue el primer mandatario afroamericano y su esposa.

Fue tal el escándalo que se armó, que Trump tuvo que eliminar el video. Muchos lo vieron como una muestra de que todavía hay ciertos contrapesos al Presidente. A mí me parece que le salió baratísimo a Trump. Lo borró y ya. No pasó nada más.

A la mitad de los Estados Unidos seguramente les pareció jocosa la supuesta broma, la otra se indignó por la ofensa racista.

En la actual polarización existente, cada uno lo vio como lo quiso ver. Yo, como mexicano, coincido que se trata de una tremenda injuria segregacionista y un signo más de una división que habla de la decadencia del imperio estadounidense.

Segundo evento: El concierto de Bad Bunny en el Super Tazón. Otra vez la división.

Unos se mostraron indignados porque le dieron el escenario a un cantante hispano en uno de los eventos deportivos quintaesencia de Estados Unidos: La final anual del futbol americano profesional.

¿Cómo es posible que un boricua de nombre Benito Antonio Martínez cante en español cuando la gran mayoría de los estadounidenses no entienden ni jota de ese idioma?

Trump lo calificó como un espectáculo “terrible, uno de los peores, de todos los tiempos. No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad o excelencia”. En breve: Una “bofetada en la cara para nuestro país”.

El otro Estados Unidos vio un show fantástico, del hoy cantante más famoso de todo el mundo, que prendió a los espectadores con una fiesta latina llena de simbolismos a favor de la pluralidad, tolerancia y el amor como principal arma en contra del odio.

El gobernador de California, Gavin Newsom, que quiere competir en la elección presidencial del 2028, declaró oficialmente el “Día de Bad Bunny” en ese estado por su presentación en el Super Tazón. Se describió a sí mismo como “un tremendo amante del español” y “gran fanático de Puerto Rico”. En tono jocoso, para contrastar con Trump, remató: “¡Amamos a Bad Bunny! Él es casi tan ‘hot’ como yo, lo cual es un gran cumplido, porque no hay nadie más ‘hot’”.

He ahí un par de postales que reflejan a los Estados Divididos de América.