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El estrago del dengue

El dengue se ha convertido en un problema continental, el mosquito transmisor ha modificado su naturaleza, resiste bajas temperaturas y los huevecillos reproductores son más tolerantes al frío, la altitud la ha ido venciendo, actualmente se encuentran insectos a mayores alturas sobre el nivel del mar.

La desastrosa y mortal ineptitud del Gobierno mexicano ante la propagación del Covid no dejó experiencias gubernamentales, las calamidades se han profundizado a la par de la demagogia, Sonora se ha convertido en el foco nacional de la mayor incidencia de dengue.

Un territorio donde se conoció el virus hasta 1983, a diferencia de otras zonas tropicales de nuestro País en el que se combatía la presencia del Aedes aegypti desde los años veinte del siglo pasado, 100 años en el que las autoridades sanitarias se esforzaron para contener la expansión del padecimiento.

Hoy es distinto, al igual que el sarampión, tosferina y otras enfermedades, el dengue se intensifica gracias al desinterés y las malas condiciones institucionales -independientemente del invierno o la geografía-, para la administración sanitaria estatal y federal la experiencia acumulada no es relevante, como quien se enfrenta a una emergencia y no asume su responsabilidad ante la circunstancia.

El dengue se ha convertido en un problema continental, el mosquito transmisor ha modificado su naturaleza, resiste bajas temperaturas y los huevecillos reproductores son más tolerantes al frío, la altitud la ha ido venciendo, actualmente se encuentran insectos a mayores alturas sobre el nivel del mar.

Para la Organización Panamericana de la Salud es uno de los problemas epidemiológicos más apremiantes:

“El dengue supone un nuevo reto regional, como fue el Covid-19 en 2020. La revista Nature señala que la situación empeorará en los próximos años y para 2039 la infección se extenderá a casi la totalidad de Brasil y México, los dos mayores países de América Latina”. (Dengue e Integración Regional en América Latina. Carlos Malamud, Rogelio Núñez Castellano. Real Instituto Elcano).

Es indispensable intensificar estrategias de contención acompañadas de una campaña de información, la nebulización ambiental practicada por décadas se ha reducido así como las medidas para combatir los insectos remanentes que siguen transmitiendo la enfermedad, el descacharre se lleva a cabo en invierno, hacerlo en temporada de lluvias es tarde.

Al terminar el 2025 se reportaron casi 22,000 casos confirmados en el País, existe un sub registro difícil de cuantificar al que se adicionan cantidades numerosas de infectados, los enfermos son muchísimos más de los registrados, el 2025 se confirmaron 82 fallecimientos y 324 se encuentran en estudio según información de la Secretaría de Salud.

Una amenaza más que se asocia con la lluvia, realidad contrastante ya que nuestra región pasa por una sequía extrema y la proliferación del vector es consecuencia de la negligencia más que de la precipitación pluvial.

Anteriormente las autoridades locales de Salud poseían una velocidad de respuesta ante toda contingencia, hoy todo se ha centralizado y esa celeridad se encuentra a 2,000 kilómetros del lugar de la nube de mosquitos.

Leonardo Padura escribió un texto donde relata las penurias virales y económicas de la población cubana, describe las dificultades sanitarias de sus habitantes diezmados por infecciones causadas por mosquitos:

“Tras la omnipresente palabra apagón, desfilan mosquitos, repelente y chincungunya (o dengue, oropuche, zika, los miembros de la familia extendida de virus tropicales en acción), pues seguramente más de la mitad de la población establecida en la isla ha sufrido los rigores de una epidemia que demoró semanas en ser oficialmente reconocida, con recuento de víctimas incluido. (El País de las sombras largas. El País. 21/12/2025).

El problema se agrava con gobiernos afines al desastre donde la consigna es nunca rectificar.

Mientras el imperio del mosquito y las fatalidades asociadas se concentran en una población abandonada, se revelan las penurias de una enfermedad tropical en un lugar de lluvias raquíticas.

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