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El Tren Interoceánico y los nuevos ricos de la 4T

El tren era de segunda mano. De segunda es también el Gobierno que tenemos. Nadie me tache de injusto si lo digo.

. Catón

De política y cosas peores

El tren era de segunda mano. De segunda es también el Gobierno que tenemos. Nadie me tache de injusto si lo digo. Comprobado está que el ya tristemente célebre Tren Interoceánico se formó con locomotoras viejas y vagones obsoletos, de lo cual no se percató el retoño de AMLO, nombrado por su papi “supervisor honorífico” de la obra, hecha además con materiales deficientes y bajo contratos otorgados en lo oscuro. Séame permitida una divagación autobiográfica. Tuve en mi primera juventud una amiga que se adelantó a su tiempo en eso de hacer a un lado los convencionalismos sociales y sexuales. Era de cuerpo bondadoso; a nadie negaba nunca un vaso de agua; medio Saltillo pasó por ella, aunque en su abono he de decir que en aquel tiempo la ciudad no era tan grande. Sucedió que un viudo acomodado se prendó de ella. Ella se acomodó y lo aprehendió. La boda fue por todo lo alto: En la Catedral; el obispo como oficiante de la misa; coro en el coro; todos los lujos que la iglesia guarda para los lujosos. Los amigos de la novia asistimos al desposorio, claro, y la felicitamos al salir del templo. Nos dijo ella, contenta y orgullosa: “¡Y de blanco, chulitos!”. Imposible es, en cambio, disfrazar las fallas del mentado tren, y echar la culpa del descarrilamiento a quienes no la tienen. Recuerdo unos doloridos versos que algún infeliz preso escribió con tiza sobre un muro de la cárcel de Lecumberri: “En este lugar maldito / donde reina la tristeza / no se castiga el delito: / se castiga la pobreza”. Los nuevos ricos de la 4T encubren sus fechorías culpando de ellas a los pobres, y nada hace la Presidenta para librarse -y para librar al País- de la cáfila de maleantes que la rodean, nefasta herencia de quien la antecedió en el cargo. Tren de segunda. Gobiernos de la 4T de segunda también. Noche de bodas. El enamorado galán le dijo a su dulcinea: “Me gustan tus cabellos, tu frente, tus ojos, tu naricita, tus mejillas, tus labios, tu cuello, tus hombros”. Lo interrumpió ella, impaciente: “Bueno: ¿venimos a foll… o a que hagas un inventario?”. El esposo de doña Gorgolota desapareció. En compañía de una comadre fue ella a reportar el caso a la Policía. El oficial de guardia le preguntó: “¿Cómo es su marido?”. Describió doña Gorgolota: “Es joven, alto, esbelto, de cabello rizado y ojos azules”. A la salida la comadre le dijo: “¿Por qué diste esa descripción? El compadre es añoso, chaparro, panzón, calvo y tiene ojos colorados como conejo de Angora por causa de su afición etílica”. “Precisamente -replicó doña Gorgolota-. ¿Quién quiere un hombre así?”. En una mesa del Bar Ahúnda don Cucoldo les comentó a sus amigos: “Mi mujer tiene en la pompa derecha un lunar en forma de corazón”. Precisó uno: “Más bien tiene la forma de una media luna”. Amoscado le preguntó don Cucoldo: “¿Acaso se lo has visto?”. “Tanto como vérselo no -respondió el tal amigo-. Pero como que se le siente”. Ya conocemos a Capronio. Es un sujeto infame, carente por completo de humanidad. Pasó caminando con su suegra por el puente sobre el río. La señora le preguntó: “Si me arrojara al agua ¿irías a salvarme?”. Con otra pregunta replicó Capronio: “Si le digo que sí ¿se arrojará?”. El elefante y la hormiguita comparecieron ante el juez civil. Dijo el elefante: “Queremos casarnos”. “¿Queremos? -intervino la hormiguita-. ¡Tenemos qué!”. Sir Tinydick dio muerte con su espada al dragón que había raptado a la princesa Guinivére, y se casó con ella. Al empezar el primer acto de amor la princesa lo vio al natural y exclamó decepcionada: “Bloody be! ¡Si he sabido esto habría preferido al dragón!”. FIN.