El tren de alta velocidad sin velocímetro
Los resultados de la supuesta investigación de la Fiscalía sobre el trágico accidente del Tren Transístmico de hace un mes ilustran de nuevo la dificultad de gobernar en México como antes.

Amarres
Los resultados de la supuesta investigación de la Fiscalía sobre el trágico accidente del Tren Transístmico de hace un mes ilustran de nuevo la dificultad de gobernar en México como antes. No sólo fue cuestionada la independencia de la pesquisa, y de la fiscal; no sólo fue recordada la promesa de la Presidenta de contratar a una instancia investigadora externa; no sólo salieron a relucir “otros datos” del mismo informe de la FGR. El Gobierno se va a enredar en las mismas contradicciones, en el mismo cantifleo, en las mismas imprecisiones de estos últimos días.
Resulta difícil creer que Ernestina Godoy puede entregar un reporte objetivo e independiente. Fue funcionaria en el sexenio anterior, cuando se (re)construyó el tren, cuando se compraron las locomotoras y los vagones, cuando se rehabilitaron las vías del porfiriato, cuando se aceleró la entrega de la obra. Su conclusión de que todo fue culpa del no-maquinista/conductor/despachador simplemente no es creíble.
Ya no fue traída a México una firma extranjera especializada en accidentes de ferrocarril, como anunció Claudia Sheinbaum en diciembre. Será convocada para realizar una “certificación” que permita la reanudación de operaciones del tren. Para cuando llegue e investigue, suponiendo que eso suceda, la cadena de custodia habrá sido manoseada decenas de veces, los supuestos responsables llevarán semanas o meses en la cárcel, y las conclusiones oficiales habrán sido repetidas en innumerables ocasiones. Servirá de poco la gestión.
De acuerdo con los medios que informaron al respecto, sorprenden datos incluidos en el peritaje que no fueron mencionados por Godoy. De acuerdo con Reforma, la investigación de la FGR menciona que ni el maquinista, ni el conductor poseían licencias vigentes. Por supuesto no se entrega el nombre de la persona responsable de contratarlos ni de vigilar algo tan sencillo y evidente. Los que manejaban el tren, ¿tenían permiso para manejarlo?
De acuerdo con Loret, el informe de Godoy señala que el tren se movía con exceso de velocidad, pero carecía de velocímetro en la cabina de conducción (no en la llamada caja negra). ¿Cómo diablos iban a saber el maquinista, el conductor y el despachador que sobrepasaron la velocidad autorizada, sin velocímetro? Por cierto, la radio y las cámaras del tren tampoco funcionaban. ¿En serio? Dejemos a un lado la ausencia de extinguidores de fuego, que en este caso no importaron. ¡Que bueno que no se incendió el tren!
Seguramente vendrán en los días siguientes las explicaciones mañaneras de por qué no era necesario un velocímetro ni radio ni cámaras. Tampoco eran tan importantes las licencias de los responsables ni los demás defectos que otros encontrarán enterrados en el informe. En efecto, estas son las revelaciones de los medios nacionales al día siguiente de la entrega del informe oficial -y oficialista. Pero al igual que con los envíos de petróleo a Cuba (Bloomberg), de la detención de Ryan Wedding por agentes del FBI en México (The Wall Street Journal), o del nerviosismo en el Gobierno ante la amenaza de acciones unilaterales de Estados Unidos en México (The New York Times), los medios internacionales pronto indagarán el contenido del informe, sus silencios, y los testimonios de los acusados. Surgirán nuevas dudas, o denuncias, o mentiras.
Como lo han escrito varios estos días, si a López Obrador se le daba mentir descarada y cínicamente, Sheinbaum no dispone del mismo y correspondiente talento. Se hace bolas. Cada día, su escasa propensión al engaño le irá costando más.
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