Sangre inocente en Minneapolis
El clima de violencia creado directamente por las fuerzas federales probablemente le abrirá la puerta a Trump para recurrir, de manera igualmente injustificada, al Acta de Insurrección.

Epicentro
Desde el principio de su segunda Presidencia, el presidente Donald Trump se ha dedicado a poner a prueba la paciencia de los estadounidenses. Sin ningún sentido de mesura, ha gobernado como si el electorado le hubiera otorgado en 2024 un mandato absoluto. Gobierna como si el marco legal, la división de poderes y el disenso legítimo no existieran. Peor todavía: Ejerce el poder como si nunca fuera a perderlo.
Ese afán autoritario ha tenido consecuencias alarmantes dentro y fuera de Estados Unidos. Ninguna manifestación ha sido tan siniestra como el despliegue de fuerza cuasi-paramilitar en que se ha convertido la presencia de ICE -la Policía migratoria estadounidense- y otras fuerzas federales en diversas ciudades del país, todas ellas gobernadas por el Partido Demócrata. En el episodio más reciente, en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, el “ejército interior” de Trump estuvo cerca de provocar un estallido social de consecuencias imprevisibles.
El viernes pasado, agentes federales desplegados en Minneapolis asesinaron a tiros a Alex Pretti, de 37 años, un ciudadano estadounidense y enfermero de cuidados intensivos. Después de intentar ayudar a una mujer desarmada que había sido empujada al suelo por un agente federal enmascarado, Pretti (afectado por gas pimienta y con un teléfono celular en la mano) fue derribado y sometido. Aunque ya estaba inmovilizado y desarmado, los agentes abrieron fuego y le dispararon una decena de veces, a quemarropa.
Pretti llevaba un arma con permiso legal, pero, según testigos y familiares, no la usó como amenaza ni participó en un enfrentamiento armado activo. Su asesinato es uno más a manos del Estado, uno más producto de la campaña de terror del Gobierno en sus propias calles.
Es injustificable.
El clima de violencia creado directamente por las fuerzas federales probablemente le abrirá la puerta a Trump para recurrir, de manera igualmente injustificada, al Acta de Insurrección. Es algo que ha buscado desde hace tiempo. Pero la crisis es su culpa. Son las fuerzas federales las que han traído el terror y la violencia a las calles de Minneapolis. Los asesinatos de Alex Pretti y de Renée Good, además de detenciones de menores con fines de deportación y otros actos de crueldad radical, están llevando a la ciudad al límite de la tolerancia.
Es una desgracia en ciernes.
La tragedia es aún mayor porque, quizá, ese estallido definitivo es justamente lo que anhelan Trump y su círculo de autoritarios con aspiraciones dictatoriales. Saben que un incremento real del descontento público puede derivar en actos de violencia que abrirían la puerta a medidas coercitivas de otra índole desde el Gobierno. Eso es, quizá, a lo que aspiran.
Al final de cuentas, el único límite real lo puede imponer la sociedad estadounidense. Después de la muerte de Pretti en Minneapolis, un colega estadounidense me planteó una hipótesis inquietante: El futuro de Estados Unidos podría decidirse mediante una ecuación terrible: ¿Cuántos ciudadanos estadounidenses inocentes asesinados en las calles por las fuerzas federales serán “demasiados”? ¿En qué momento una mayoría de votantes en Estados Unidos le pondrá un alto a las aspiraciones fascistas de Donald Trump? ¿Cuándo dirá “basta” la sociedad que luchó por los derechos civiles en los años sesenta y que, dos siglos antes, expulsó al poder monárquico, sentando un precedente de libertad que terminó por contagiar a buena parte del mundo a finales del siglo XVIII?
León Krauze
@LeonKrauze
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