Ebriedad ahora; cruda después
La borrachera de poder que embriagó a López Obrador, y que heredó a la 4T, habrá de provocarnos a los mexicanos una cruda que nos será difícil remediar.

De política y cosas peores
Hace ya tiempo —de todos los tiempos hace ya tiempo— visité la fonda y cantina llamada “Las poblanitas”. Contrariamente a lo que se podría suponer, no estaba en Puebla, sino en Oaxaca. Su dueña era una bonísima señora, doña Gloria Toledano, quien hizo poner en su establecimiento un gran letrero que a la letra decía: “Aquí se viene a tomar, no a hacerse pend…”. Doña Gloria, profunda conocedora de la vida, trataba con cristiana caridad a esos desdichados especímenes de la humanidad doliente: los crudos. Llegaban ellos a su local muy de mañana, en actitud contrita —no hay hombre más humilde que un crudo—, y ni siquiera le decían lo que me dijo a mí con tartajosa voz un borrascoso tipo: “Le pido, caballero, que me trate con respeto y consideración, pues ando crudo. Soy animal sagrado”. Doña Gloria acogía con maternal solicitud a quienes sufrían heridas de noche anterior, y les administraba gratuitamente, sin costo alguno, de oquis, por pura bondad caritativa, una infalible pócima hecha por partes iguales de mezcal y té de poleo, taumatúrgica hierba que en Oaxaca es conocida con el expresivo nombre de “hierba del borracho”. Yo opino que doña Gloria Toledano llegará al Cielo allá arriba y a los altares acá abajo, pues ejercía una forma de caridad equiparable en mérito a la que cumplieron la Madre Teresa de Calcuta, Santa Eduviges de Hungría o San Vicente de Paul. En efecto, el hombre crudo es un pobre, un necesitado, un enfermo de alma y cuerpo. Sus sufrimientos son acerbos, y sus dolores infinitos. Dice una frase admonitoria muy parecida al Carpe diem: “Come, bebe y sé feliz, porque mañana morirás”. O amanecerás crudo, añadiría un infeliz que ha padecido esa desgracia. “¡Opéreme, doctor!”, clamaba con desesperación un crudo. Inútil era su lacrimoso ruego: la cruda no es mal que pueda remediar el escalpelo. Otros recursos puede haber más efectivos. Don Francisco L. Bernal compuso un sentido soneto en loor del menudo, popular platillo al que se atribuye la mágica virtud de aliviar mañana los excesos de anoche. Dice la primera cuarteta de ese soneto: “Oh, menudo sabroso: Te saludo / en esta alegre y refrescante aurora / en que reclamo alientos, pues es la hora / en que tú estás cocido y yo estoy crudo”. Entre las muchas bendiciones que de Diosito he recibido está la de no haber sabido nunca lo que es una cruda. Incurrí en mi primera juventud en formidables beodeces, lo confieso, pero jamás pagué por ellas más precio que el de la inflada cuenta de cantina. Ahora suele decirme don Abundio: “El vino, licenciado, hay que saber mear”. Con eso quiere decir que el acto de beber ha de llevarse a cabo con prudencia. En mi caso, esa prudencia consiste en no mezclar bebidas, y en tomarlas de modo que ellas no me tomen a mí. Y otra plausible providencia: tomo tequila, maravilloso líquido que, bebido con decoro, tiene entre sus muchas virtudes la de vivificar el cuerpo y purificar el alma. Conservo en la memoria unos versos alusivos al tequila. Helos aquí: “Néctar bendito de Dios, / regalo de los magueyes / que lo mismo das favor / a proletarios que a reyes. / Tequila, precioso don / salido de los agaves: / Yo te rezo esta oración / para que nunca te acabes”. Y ahora ¡cómo siento terminar estas sabrosas expansiones con una reflexión política! La borrachera de poder que embriagó a López Obrador, y que heredó a la 4T, habrá de provocarnos a los mexicanos una cruda que nos será difícil remediar. Ya empezamos a sentir sus efectos: economía en bancarrota; sistema de salud en ruinas; educación dada al traste; demagogia; populismo; rampante corrupción. Ebriedad ahora; cruda después. FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Chipi chipi
Con ese nombre es llamada la lluvia lenta y mansa que está cayendo ahora en mi huerto campesino.
No es lluvia lluvia esta pequeña lluvia. Silenciosa como oración, llega con suavidad, como caricia, y penetra en la tierra con morosidad de sabio amante. Las raíces de los nogales, los manzanos, los perales, los durazneros, las higueras, los ciruelos, la beberán despacio, y la guardarán para hacer con ella frondas en la primavera y en el verano frutos.
No se oye bien la frase, pero yo digo que esta lluvia es Dios licuado. Por ella habrá mañana hierba para los animales y para el hombre, pan. Es una bendición. Dan ganas de salir y alzar los brazos para agradecerla. Yo lo haría, pero con la edad viene la sensatez, virtud estólida que frena las buenas intenciones.
No oigo la lluvia como quien oye llover. La oigo como quien oye vivir. Abro la ventana, y en el hueco de la mano recojo un poco de esta agua del cielo. Me la llevo a los labios. No me distraigan: estoy comulgando.
¡Hasta mañana!
MANGANITAS
Por AFA.
“Termina la onda fría”
El frío, en esta ocasión, igual que ha pasado antes, seguro causó bastantes accidentes de colchón.
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