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Qué bien le ha ido a los ultrarricos con la 4T

Muchas de las grandes fortunas en México no se deben a la innovación o la capacidad de administrar negocios de una manera eficaz sino a un sistema donde el éxito económico depende de las conexiones personales del “empresario” con el poder político.

Leo Zuckermann

Juegos de poder

La Cuarta Transformación presume mucho la redistribución de la riqueza y la salida de 13 millones de mexicanos de la pobreza durante el sexenio de López Obrador. Perfecto. Efectivamente, se merecen este reconocimiento.

Lo que no pueden presumir es cómo dejaron intactos a los ultrarricos del País.

Me refiero a aquellos mexicanos con una riqueza de más de mil millones de dólares.

“Milmillonarios” los llama la organización Oxfam. Cito su más reciente reporte sobre México, recién publicado y titulado “Beneficios en fuga”.

“Durante el periodo que comprendió el sexenio de López Obrador, las fortunas conjuntas de los milmillonarios mexicanos se mantuvieron relativamente constantes en términos reales, al pasar apenas de US$153 a US$154 mil millones entre 2018 y 2025. Destaca que Carlos Slim se mantiene no sólo como la persona más rica de México, sino también de América Latina y el Caribe, con una fortuna equivalente a US$76.6 mil millones a finales de 2024. Le siguen Germán Larrea (US$27.1 mil millones) y Alejandro Bailléres (US$7.9 mil millones) a la cabeza de esta lista.

“No obstante, el número de milmillonarios mexicanos aumentó de 10 a 22 en el mismo periodo, de los cuales 14 no figuraban en la lista original de 2018. Esto se debe a que 8 de los 14 nuevos milmillonarios desde el 2018 en México son herederos o sucesores en vida de milmillonarios. Son notorios los casos de Alejandro Bailléres, quien heredó la fortuna de su padre Alberto cuando este falleció, la sucesión en vida de Juan Francisco Beckmann a sus hijos Juan Domingo y Karen y la entrada en la lista de 2025 de cinco de los hermanos Coppel Luken.

“Es importante resaltar que la ausencia de un impuesto a las grandes herencias en México permite el desarrollo de dinastías familiares, donde los apellidos que encabezan la lista de milmillonarios se mantienen intactos y sólo cambian los nombres de pila. Además, no existe un impuesto a las grandes fortunas que detenga o retrase el proceso de acumulación de la riqueza extrema en unas cuantas manos, en su mayoría resultado de la sostenida relación de conveniencia entre el poder público y el privado”.

La información de Oxfam se basa en datos de Forbes y The World’s Real-Time Billionaires de 2025.

De pasadita, el reporte de Oxfam critica lo que es conocido como el “capitalismo de cuates” cuando habla de “la sostenida relación de conveniencia entre el poder público y el privado”. Y ahí está, me parece, el verdadero y constante problema económico de nuestro País. Ni los neoliberales lo arreglaron ni los que hablan de una “economía moral” tampoco lo han hecho.

Muchas de las grandes fortunas en México no se deben a la innovación o la capacidad de administrar negocios de una manera eficaz sino a un sistema donde el éxito económico depende de las conexiones personales del “empresario” con el poder político. Pongo, a propósito, la palabra empresario entre comillas porque, más que emprendedores, son amigos cercanos del Gobierno que consiguen contratos, permisos y regulaciones favorables. No compiten en el mercado, sino que monopolizan privilegios. De hecho, les choca la competencia.

Nadie representa mejor al capitalismo de cuates que Carlos Slim, amigo de todos los presidentes desde la época de Salinas. Su fortuna se hizo gracias a que le mantuvieron el derecho a monopolizar las telecomunicaciones en México por décadas. Luego, los gobiernos le han dado todo tipo de regulaciones favorables y contratos con el sector público.

Fue uno de los empresarios favoritos de López Obrador. Sigue siéndolo con Sheinbaum. Ha asegurado diversos contratos de obra pública y, ahora, se está asociando con el Estado en el negocio petrolero.

Yo no tengo nada en contra de las grandes fortunas que se hacen innovando y compitiendo de manera más eficiente en el mercado. Lo que no tolero es el capitalismo de cuates, una de las lacras económicas de nuestro País y que, por cierto, ahora se está poniendo de moda en Estados Unidos con Trump en la Presidencia.

La 4T, como los neoliberales del pasado, ha apapachado a sus cuates capitalistas. Son los que siempre caen parados. Los que siempre salen ganando. Los que siempre llaman a consultas a Palacio. En eso, México no ha cambiado.

Leo Zuckermann

X: @leozuckermann

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