Un desastre llamado Trump
Mucho se puede decir de los efectos negativos que ha tenido este gobierno para el mundo entero incluyendo a México.

Juegos de poder
Ayer se cumplió el primer año de Trump en su segundo periodo como presidente de Estados Unidos. Mucho se puede decir de los efectos negativos que ha tenido este gobierno para el mundo entero incluyendo a México. Sin embargo, quienes eligieron a Trump para liderarlos fueron los estadounidenses. A ellos son a los que tiene que darle resultados. Ellos deben llamarlo a rendir cuentas. La pregunta es, entonces, si Trump ha sido un buen o un mal presidente para Estados Unidos.
No soy estadounidense. Mi opinión es la de un extranjero que vivió muchos años en ese país, que ha estudiado su sistema político, que sigue de cerca sus noticias y que conoce, como todos los mexicanos, a mucha gente querida residiendo en esa nación.
Este mexicano no tiene duda: Trump ha sido un desastre para Estados Unidos.
Lo fue durante su primer periodo de gobierno. Está resultando peor en su segundo.
Baso mi juicio en un tema político: Trump le está haciendo un daño quizá irreparable a la democracia-liberal de su país.
Se trata de un gobernante de talante autoritario que no cree en las instituciones democráticas y se ha dedicado a mermarlas.
De hecho, pienso que Estados Unidos debió haber enjuiciado y metido a la cárcel a Trump por subvertir el orden democrático. Cuando perdió las elecciones en 2020, no aceptó los resultados y alegó que le hicieron un fraude electoral sin presentar prueba alguna. Instó a sus seguidores a tomar la sede del Congreso el día que se calificaron los comicios. Nunca en la historia de Estados Unidos se había visto un asalto al Capitolio como el observado el 6 de enero del 2021.
A diferencia de Brasil donde el ex presidente Jair Bolsonaro hizo algo similar y lo castigaron con 27 años de cárcel, los estadounidenses no llevaron al banquillo de los acusados a Trump quien pudo volverse a lanzar como candidato presidencial en 2024 ganando esos comicios.
Acto seguido, el magnate se ha dedicado a gobernar sin respetar los contrapesos democráticos.
Durante su primer año de gobierno, Trump 2.0 firmó 228 decretos ejecutivos ordenando cosas para las que no tiene autoridad; por ejemplo, aranceles a las importaciones, por causas de seguridad nacional, cuando le corresponde al Congreso legislar los impuestos.
Al Poder Legislativo, de hecho, lo tiene sometido por completo gracias a que su partido cuenta con una mayoría en ambas cámaras. Ejerce un control férreo de los legisladores republicanos.
La Suprema Corte de Justicia, de mayoría conservadora, no ha querido enfrentarse al presidente. Los ministros han dilatado la resolución de los casos más controversiales, como el de su extralimitación al imponer aranceles.
Trump ha purgado a la burocracia federal y el aparato militar. Ha formado una Policía migratoria (ICE) que opera brutalmente matando incluso a ciudadanos estadounidenses.
Se ha rodeado de puros funcionarios que le dicen que “sí” a todo y se la pasan alimentando su colosal narcisismo.
Ha utilizado el aparato de justicia para sus venganzas personales, pagar favores de campaña y presionar a funcionarios independientes que se atreven a desafiar sus deseos, como el presidente de la Reserva Federal.
Con el enorme poder del gobierno federal, ha sometido a las universidades y bufetes de abogados que solían litigar para defender derechos humanos. Ha recortado subsidios a organizaciones no gubernamentales con agendas que le disgustan.
Ni se diga la amenaza que ha sido para la libertad de expresión en ese país. Ha presionado a los medios para que despidan a conductores y comentaristas críticos de su gobierno. Ha demandado a la prensa con el fin de amedrentarla. Le choca que se exponga la enorme cantidad de mentiras que cotidianamente dice con fines propagandísticos.
Súmese el aumento de la polarización que Trump fomenta. Ya no se trata únicamente de la incapacidad de llevar a cabo un diálogo civilizado entre personas que piensan diferentes. En un país armado hasta los dientes, esto ha tenido consecuencias nefastas en asesinatos por cuestiones políticas, como el homicidio de Charlie Kirk.
Termino este recuento con otro aspecto nefasto: La abierta corrupción de Trump. The New York Times daba cuenta cómo él y su familia se habrían embolsado alrededor de milcuatrocientos millones de dólares durante este primer año de su segundo periodo. Esto incluye el regalo de un avión por parte de Qatar. Sin pudor alguno. Al revés, presumiéndolo.
Me atrevo a predecir que, si los republicanos pierden la mayoría en la Cámara de Representantes en las próximas elecciones intermedias de noviembre, Trump desconocerá el resultado.
Es el precio de tener a un aspirante a dictador en la Casa Blanca.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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