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Davos: De la globalización a la partición del mundo

La reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, dejó de ser el foro de la globalización y se convirtió en el de la presión y supervivencia.

Eduardo Ruiz-Healy

Eduardo Ruiz-Healy

La reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, dejó de ser el foro de la globalización y se convirtió en el de la presión y supervivencia. Donald Trump transformó la política exterior de su país en coerción y transacciones: no pide afinidades, exige concesiones.

En Davos se explicaron ayer varios modelos en cuatro discursos. La Unión Europea (UE) promueve la integración soberana y su blindaje mediante una dura reciprocidad arancelaria. Canadá adopta el realismo de las potencias medias. China, con su modelo exportador bajo ataque, ofrece convertirse en una potencia de consumo.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propone “UE Inc.” para que las empresas dejen de ser nacionales y pasen a ser europeas, con registro 100% en línea en 48 horas. Busca que un mercado de 450 millones deje de operar como 27 mercaditos y frenar la fuga de capital y talento a EE.UU. También propone construir una base industrial sólida e invertir 800 mil millones de euros en defensa en los próximos cuatro años.

El presidente francés, Emmanuel Macron, promueve la misma línea, pero más agresivamente. Llama “bully” a Trump y plantea la preferencia por lo europeo y acciones recíprocas si este le impone más aranceles a la UE. Coloca a la inteligencia artificial (IA) y a la computación cuántica como columna vertebral de la soberanía.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, afirma que hay que invertir en industria, defensa, tecnología y recursos, para que su país no quede subordinado a EE.UU o China. Señala que la seguridad ya no es gratis y lanza un plan de un billón de dólares en inversiones en energía, IA y minerales críticos para convertir a su país en una potencia de recursos. Propone una alianza (UE, Canadá, India y Mercosur) para evitar negociar uno a uno con el hegemón, sea Washington o Pekín.

El viceprimer ministro de China, He Lifeng, menciona el acuerdo de Busan: Un entendimiento de 2025 entre Xi Jinping y Trump, presentado como un camino hacia la estabilidad. Promete que China será el mayor comprador del mundo y advierte que, si le bloquean el acceso a la tecnología, los demás perderán su entrada a un mercado de 1,400 millones de consumidores. Ofrece una reducción absoluta de emisiones para 2035.

En este escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum es pragmática: Fortalece a CFE y a Pemex, impulsa la transición energética a través del Plan Sonora, aprovecha el “nearshoring” como palanca y blinda el litio y los minerales estratégicos. Coincide con Europa en soberanía energética, con Canadá en el realismo de potencia media y con China en fortalecer el mercado interno. Pero por la revisión del T-MEC, no puede darse el lujo de la retórica agresiva de Macron.

El riesgo es que EE.UU y China pacten reglas propias y México vea reducido su margen de maniobra, con su posición en comercio e inversión negociada por ellos. Por eso busca convencer a Trump de que México es pieza clave frente a China, sin cerrar la puerta a la inversión china ni violar el T-MEC.

En Davos, el lema “Espíritu de Diálogo” quedó como un eufemismo: Ahí se discuten, más bien, las condiciones de la partición del mundo. Habrá que ver como Trump atiza hoy el fuego al hablar en el Foro.

Versión ampliada en ruizhealy.substack.com

Eduardo Ruiz-Healy

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