La presión (hitleriana y estalinista) sobre Europa
Hoy Europa sufre una nueva presión de dos frentes por parte de Rusia y Estados Unidos.

Juegos de poder
Con razón, los europeos siguen traumados por la Segunda Guerra Mundial. Fue una conflagración que dejó entre 40 y 50 millones de muertos en ese continente. Desde entonces, Europa quiere evitar los errores que se cometieron para generar ese conflicto bélico.
Uno de ellos fue entregarle Checoslovaquia a Hitler. Con el supuesto fin de apaciguarlo, Reino Unido y Francia aceptaron que Alemania se quedara con esa nación soberana. “Paz para nuestros tiempos”, prometió el Primer Ministro inglés, Neville Chamberlain, tras regresar de Alemania con la firma de que Hitler no buscaría anexarse más territorios.
La política de apaciguamiento fracasó. El insaciable apetito territorial de Hitler lo llevó a invadir Polonia.
Previamente, el régimen nazi había firmado un pacto con el régimen soviético, su archirrival político, dividiéndose en dos “esferas de influencia” a Europa. El Este para los rusos incluyendo los países bálticos, Finlandia y Besarabia. El Oeste para los alemanes quienes eventualmente invadieron Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Francia, Dinamarca y Noruega.
Entre las dos potencias que signaron el Acuerdo Molotov-Ribbentrop se dividieron Polonia. De esta forma, Hitler y Stalin se hicieron del control de Europa continental. Ya luego el alemán traicionaría al georgiano y acabarían peleándose entre ellos.
La lección histórica es clara: A los dictadores hay que ponerles un límite; de nada sirve apaciguarlos entregándoles pedazos de territorio porque siempre irán por más.
Hoy Europa sufre una nueva presión de dos frentes por parte de Rusia y Estados Unidos.
Por un lado, está el dictador ruso quien públicamente admite querer controlar los países que conformaron a la Unión Soviética. Los considera su “esfera de influencia”. Esto incluye a Ucrania, país al que le arrancó la Península de Crimea en 2014 y que en 2022 invadió con la intención de quedarse con su territorio.
Los europeos saben que si Putin se anexa Ucrania sería el primer paso para continuar con su apetito expansionista. Seguirían los países bálticos, Finlandia y, por qué no, otra vez Polonia. Es mejor enfrentar al dictador ruso en territorio ucraniano que apaciguarlo entregándole esa nación. Son los traumas, ganados a pulso, de la Segunda Guerra Mundial.
Por otro lado, Europa hoy se ve amenazada por Estados Unidos, país gobernado por un aspirante a dictador. Porque Trump está desmantelando los contrapesos del régimen democrático estadounidense concentrando el poder en el Ejecutivo.
Ahora pretende que Groenlandia, que es parte de Dinamarca, pertenezca a Estados Unidos. Ni los daneses ni los europeos quieren cederles esta región a los estadounidenses. Ni por las buenas ni por las malas. Con razón, al igual que Putin en el Este, saben que eso no apaciguaría el apetito territorial de Trump. Más bien lo fortalecería.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, Hitler y Stalin se dividieron Europa en dos “esferas de influencia”, una occidental y otra oriental. Ahora Trump y Putin están en el mismo juego ejerciendo presión por ambos lados del continente.
La pregunta es qué harán los europeos al respecto.
El juego de dos “esferas de influencia” europeas, por cierto, tampoco es nuevo. Es lo que surgió de las llamas de la Segunda Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría así se dividió el continente. Por un lado, los países de la OTAN liderados por Estados Unidos. Por el otro, las naciones del Pacto de Varsovia bajo la égida de la URSS. Este equilibrio duró casi 50 años hasta que el régimen comunista se desmoronó.
Varios países de Europa del Este, temerosos de un nuevo intento de imperialismo ruso, se unieron a la OTAN y la Unión Europea. Ucrania quería hacer lo mismo. Moscú lo vio como una amenaza a su seguridad por parte de Washington y ahí vino el zarpazo del oso ruso en contra de Ucrania.
Al parecer, Trump estaría de acuerdo en dividir el mundo en tres esferas de influencia entre Estados Unidos, Rusia y China. Groenlandia pasaría a ser territorio americano bajo la lógica de la Doctrina Monroe de “América para los estadounidenses”. Rusia se quedaría con Ucrania, o por lo menos con Crimea y la región del Donbás.
Eso quieren el dictador y el aspirante a dictador. Y eso deja a los europeos en una situación muy complicada. Saben que ni pueden apaciguarlos accediendo a sus demandas territoriales ni pueden dejar que se dividan el pastel entre ellos. Deben hacerles caso a sus traumas históricos y actuar en consecuencia. Unidos, desde luego, porque, separados, no le hacen ni cosquillas a Estados Unidos o a Rusia.
Leo Zuckermann
X: @leozuckermann
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