Trump vs. Sheinbaum: El secreto es la unidad y pragmatismo
El problema histórico entre México y Estados Unidos en materia de seguridad, es la desconfianza.

Ana María Salazar
La entrevista de Fox News en la que Donald Trump afirmó que México estaba “en su propia mente” y que los cárteles “controlan México” fue transmitida la semana del 8 de enero de 2026. Insistió, de nuevo, que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene miedo, por eso no “acepta” la ayuda de los Estados Unidos.
El “New York Times” (NYT) publicó, también esta semana, filtraciones de funcionarios estadounidenses, asegurando que Washington pidió a México autorización para que personal militar estadounidense y agentes de inteligencia participen físicamente en operativos contra laboratorios de fentanilo en México. La propuesta incluye que tropas de Operaciones Especiales o agentes de la CIA acompañen a soldados mexicanos en incursiones dirigidas a desmantelar laboratorios y redes de producción.
Es importante señalar que el NYT señaló que México rechazó el ingreso de tropas estadounidenses, pero ofreció contrapropuestas, como ampliar el intercambio de inteligencia. En reacción a la demanda de operaciones militares en México, la Presidenta tuvo su 15avo contacto, entre Sheinbaum y Trump. La presidenta Sheinbaum informó que sostuvo una “muy buena conversación” telefónica con Trump, subrayando la importancia de la cooperación bilateral y el respeto a la soberanía mexicana.
El problema histórico entre México y Estados Unidos en materia de seguridad, es la desconfianza. Y aunque incrementó dramáticamente la cooperación entre ambos países en los últimos 30 años, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, su estrategia de “abrazos y no balazos” para los estadounidenses se tradujo en una estrategia de protección y estrategia de “manos caídas” ante las organizaciones criminales.
Ahora le toca a Claudia Sheinbaum comprobar a Trump y al mundo, que ella no preside un narco-gobierno. Y esto no será una tarea fácil porque el Gobierno de Estados Unidos tiene acceso a testimonio e inteligencia proporcionada por narcotraficantes y testigos protegidos que están en manos del Gobierno estadounidense.
Pero la vecindad con Estados Unidos, el T-MEC, la frontera de casi 3,200 kilómetros, vínculos culturales y poblacionales, y la necesidad de una estrategia de seguridad conjunta, nos da indicios de como la relación de México difiere de Venezuela.
México tiene aliados. Mientras Donald Trump intensifica su retórica sobre México y amenaza con acciones militares unilaterales, el Congreso estadounidense no permanece en silencio: 75 legisladores demócratas firmaron una carta dirigida al secretario de Estado, Marco Rubio, rechazando cualquier intervención sin consentimiento del Gobierno mexicano y sin aprobación del Congreso. En ella, advierten que una incursión violaría la soberanía de México, pondría en riesgo la cooperación bilateral y afectaría los intereses económicos compartidos. Este respaldo legislativo, aunque insuficiente para frenar por sí solo la presión republicana, marca un contrapeso político clave en un momento de alta tensión diplomática.
Por eso Gobierno de México necesita una estrategia de cabildeo con los aliados de México, incluyendo gobernadores, empresas, cámaras y organizaciones sociales en Estados Unidos y en Canadá.
Pero esto no es suficiente ante las presiones que seguramente vendrán las siguientes semanas. La Presidenta no puede equivocarse, necesita rodearse de los mejores negociadores y expertos en la relación bilateral -apostando a los asesores con una visión pragmática y poniendo a un lado los asesores doctrinaria.
Ella sabe que su partido está plasmado de individuos que tienen o tuvieron vínculos con el crimen organizado. Habrá la necesidad de sacrificar aliados de la 4T para asegurar la viabilidad de su Gobierno y la gobernabilidad del País. La pregunta es quiénes tendrán que sacrificarse para aplacar las demandas de Trump.
Otro punto indudable es que el actual Gobierno cubano es radioactivo, y ante la presión de un cambio de régimen en la isla, la Presidenta tendrá que tomar distancia de sus aliados cubanos inmediatamente. Esto es una prioridad y no hay vuelta de hoja.
Finalmente hay que considerar que muchas de las decisiones y declaraciones del presidente Trump están directamente relacionadas con las elecciones intermedias en Estados Unidos. Por eso urge que la Presidencia y sus asesores anticipen las demandas de Trump y su necesidad de demostrar algún “éxito” político ante su caída en las encuestas.
Aunque la Presidenta sigue teniendo un nivel de aprobación envidiable, los años y el desgaste normal van a deteriorar su popularidad. Un Presidente débil y cuestionado es mucho más fácil de presionar. Está llegando la hora de que la Presidenta haga un llamado de solidaridad e inclusión nacional que incluye a la oposición y sus enemigos políticos. La viabilidad de su Gobierno depende más de su capacidad de enfrentar a Trump que las presiones internas de la 4T que enfrenta en este momento.
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