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La vida no espera a que estés listo

Hay una mentira peligrosa que nos gusta contarnos: Que las grandes cosas de la vida ocurren cuando todo está listo, cuando se dan todas las condiciones en forma perfecta.

Juan Tonelli

Historias demasiado humanas

Hay una mentira peligrosa que nos gusta contarnos: Que las grandes cosas de la vida ocurren cuando todo está listo, cuando se dan todas las condiciones en forma perfecta. Pero la historia de la música -y de nuestra propia biografía- desmiente esta teoría y nos enseña algo importante.

El 24 de enero de 1975, Keith Jarrett llegó a la Ópera de Colonia con un dolor de espalda que le impedía dormir y se encontró con un piano de cola pequeño, desafinado y con los pedales que no funcionaban correctamente. Su reacción fue la previsible: “Con esto no se puede tocar”, dijo, y canceló su presentación.

Yo también he llegado a momentos decisivos de mi vida sintiendo que las condiciones de la situación estaban muy por debajo de la magnitud de la tarea. He creído que si los requerimientos elementales no estaban a la altura de lo que se esperaba, lo más honesto era retirarse.

Pero Keith Jarrett, mientras se preparaba para irse, se asomó a la sala. Y entonces pudo ver a cientos de jóvenes que habían viajado kilómetros, personas que habían pagado su entrada y que esperaban sentadas en sus butacas y hasta en el suelo. Fue entonces cuando algo se movió dentro suyo, salvándolo de un razonable narcisismo. Decidió quedarse, no porque fuera un artista generoso, sino porque sintió que no podía dejar a todas esas personas abandonadas.

Esa noche, Keith Jarrett no tocó “su” música. Tuvo que inventar una forma de tocar “ese” piano. No fue una decisión artística consciente sino un acto de supervivencia. Como un cuerpo que busca equilibrio en un derrumbe, tuvo que golpear las teclas con una fuerza inusual para que el sonido no se muriera, evitó los graves y los agudos que sonaban horrible, gimió y pateó el suelo como queriendo empujar a un instrumento que se resistía.

El disco resultante, el “Köln Concert”, es el más vendido de la historia del jazz, aunque Keith Jarrett lo detesta. Dice que ese disco lo persigue, que no lo representa, que la gente romantiza demasiado un piano que, para él, fue simplemente un problema que no le quedó otra que resolver.

Sospecho que a muchos de nosotros nos pasa lo mismo con nuestros propios “conciertos”. Nos negamos a seguir adelante si las condiciones no son las adecuadas. Y en la vida, rara vez lo son. Por lo general, y al igual que a Keith Jarrett, nos toca hacer lo mejor que podemos con las cosas como vienen.

Este pianista, con una ética envidiable, jamás intentó repetir ese concierto. Entendió que lo que sucedió esa noche fue una circunstancia irrepetible, una solución momentánea, y no la fórmula de la Coca Cola.

Su genialidad no fue sobreponerse a ese piano horrible ni resistir el dolor de espalda; el verdadero milagro fue poner todo de sí para ver qué era lo mejor que podía hacer con la realidad tal cual era.

Y quizá de eso se trate la sabiduría: Dejar de esperar las condiciones ideales para empezar a vivir. Porque al final, lo que queda no es la perfección que soñamos, sino haber sido capaces de hacer algo con la realidad, tal como se presentaba.

Siempre es más fácil retirarnos y culpar a las circunstancias. Sin embargo, el verdadero arte de vivir es dejar de protestar y ver cómo podemos jugar lo mejor posible las cartas que nos tocaron.

Juan Tonelli

Autor de “Un elefante en la habitación”, historias sobre lo que sentimos y no nos animamos a hablar. Conferencista.

www.youtube.com/juantonelli

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