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Sheinbaum, petróleo y Cuba

Alguien miente sobre los envíos de productos petroleros -crudo y refinados- de México a Cuba.

Jorge  Castañeda

Amarres

Alguien miente sobre los envíos de productos petroleros -crudo y refinados- de México a Cuba. El 5 de enero, The Financial Times citó a la empresa de monitoreo de comercio y transporte marítimo Kpler para afirmar que en 2025 México envió un promedio de 12 284 barriles diarios a la isla, 56% más que en 2024. Se trata, obviamente, de números anteriores a la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos y a la suspensión de suministros venezolanos a Cuba. Estos ya venían disminuyendo: Cayeron a 9 9528 barriles diarios, igual que en 2024, pero 63% menos que en 2023. Según el informe de Pemex a la SEC, entre enero y septiembre de 2025, México entregó 17,200 barriles de crudo diarios y 2 000 barriles de productos petroleros. La presidenta Sheinbaum contestó en la mañanera del jueves que México envió menos petróleo a Cuba en 2025 que en 2024.

El diario Reforma, a partir de estos mismos datos y de Banco de México, calculó el miércoles que durante los primeros trece meses de este sexenio, se han enviado 17 millones de barriles a Cuba, cuatro veces más que en el mismo periodo de López Obrador, y entre 7 y 8 veces más que con Peña Nieto y Calderón (ambos amiguitos de los Castro, por cierto).

Otros medios internacionales -The New York Times y The Wall Street Journal, citando al experto Jorge Piñon de la Universidad de Texas- han señalado que el promedio de embarques entre enero y septiembre del año pasado sumó 22 mil barriles diarios, pero que después de la visita de Marco Rubio a México en agosto, la cifra cayó a 7 mil barriles por día. Y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que estimó, gracias a investigaciones y filtraciones, que en el sexenio de Sheinbaum se ha despachado petróleo a Cuba por el valor de más de tres mil millones de dólares, señaló el jueves que el buque-tanque Ocean Mariner, bajo pabellón de conveniencia de Liberia, zarpó de Coatzalcoalcos el 5 de enero, con destino a La Habana, cargando entre 80 y 110 mil barriles de crudo, según el diario El País.

Desde antes de la invasión a Venezuela, México había superado entonces a Venezuela como primer proveedor de crudo a la isla, y ahora, parece ser la única fuente, ya que los barcos rusos no dan la impresión de querer enfrentar un bloqueo hipotético por Estados Unidos. La pregunta entonces consiste en algo muy simple: Este comportamiento de Sheinbaum ¿corresponde al interés mexicano, tomando en cuenta la postura actual de Trump hacia Venezuela, Cuba y América Latina?

Sheinbaum distorsiona los datos y las explicaciones. Dice que el apoyo mexicano es histórico, y debido a contratos y consideraciones humanitarias. En primer lugar, los contratos seguramente no son evergreens, porque Cuba no tiene para pagarlos, y en todo caso los firma el Gobierno de México o alguna de sus instancias, no el Espíritu Santo. Puede no firmarlos. Y si de motivos humanitarios se trata, no se entiende por qué México ayuda a Cuba y no a Haití, o porque Brasil, que produce tres veces más crudo que México, y es tan amigo de la dictadura, no es solidario con Díaz-Canel. En cuanto a los antecedentes históricos, se trata nuevamente de medias verdades. México, desde López Portillo, ha enviado a Cuba algo de petróleo o dinero para comprarlo, renegociando o condonando deuda cubana, pero nunca en las cantidades actuales, nunca como primer proveedor, y nunca con Trump enfrente.

Las cosas como son. Sheinbaum le regala petróleo a la dictadura castrista por simpatía ideológica, por nostalgia, por afinidad política. Mientras ese capricho no contradiga intereses mexicanos superiores, asunto suyo, aunque el Congreso mexicano podría tener algo que decir al respecto. Prometió entregar el historial y todos los datos; no lo ha hecho. Pero si Estados Unidos le impone sanciones a Pemex, o detiene un buque-tanque cargado con crudo mexicano, ojalá no digan que no sabían, que no creían, que es un asunto de soberanía. Se les ha dicho hasta la saciedad, en México y en Estados Unidos. Es una imprudencia; mejor dicho, una irresponsabilidad.