Humor dominical
La mujer barbuda, el tragaespadas, el domador de pulgas, pero no pudo menos que asombrarse cuando se presentó ante él un individuo que traía consigo un pulpo grande

DE POLÍTICA Y COSAS PEORES
“Mujer fácil” se llama a la que tiene la moral del hombre. Isia es el nombre de esta pizpireta chica que con su novio fue al Ensalivdero, paraje umbrío y soledoso al que acuden por las noches en sus automóviles las parejitas en trance húmedo. Grande fue el desconcierto del galán al advertir que su dulcinea se había puesto el cinto del vestido a la altura de los tobillos. Le preguntó la razón de esa rara circunstancia. Explicó ella: “Es que mi mamá me dijo que no me dejara tocar abajo del cinto”. (Cuidado, Isia. Besos, toques y no más, eso nunca lo verás). El dueño del Circo Chambre estaba acostumbrado a todas las rarezas del mundo circense: La mujer barbuda, el tragaespadas, el domador de pulgas, pero no pudo menos que asombrarse cuando se presentó ante él un individuo que traía consigo un pulpo grande (Octopus macropus). Declaró el tipo: “Toca todos los instrumentos”. “¿Ah sí? -dudó el empresario-. Veamos”. Hizo que el sujeto pusiera al pulpo en el piano de la orquesta, y el molusco interpretó con rara perfección la Polonesa Heroica de Chopin. Le entregó un violín, y el animal toco magistralmente varios Caprichos de Paganini. Le dio una trompeta, y el cefalópodo improvisó una cadenza para el Concierto de Haydn. Igual pericia demostró con el saxofón, el corno inglés, la flauta, la tuba, el fagot, el clarinete, el oboe y el trombón; después con el cello, la viola, el contrabajo, la guitarra, la mandolina, la balalaika, el ukulele y el banjo, y luego con la marimba, el xilófono y las percusiones. El director del circo estaba atónito. Decidió ponerle al pulpo una última prueba. Pidió: “Tráiganle una gaita escocesa”. La trajeron. El pulpo la palpó por todos lados, pero no interpretó en ella “Amazing grace”, “Danny boy” ni alguna otra de las piezas pertenecientes al repertorio de ese estentóreo instrumento. Dictaminó el empresario: “No sabe tocar la gaita”. Dijo el tipo: “La tocará tan pronto se dé cuenta de que no se la puede foll…”. Noche de bodas, El enamorado galán contempló por primera vez al natural a su bella desposada y exclamó arrobado: “¡Qué hermosa cabellera bruna! ¡Que ojos de cielo! ¡Qué mejillas róseas! ¡Qué labios purpurinos! ¡Qué dientes de perlas! ¡Qué labios de coral! ¡Qué cuello de gacela! ¡Qué hombros marfilinos! ¡Qué pequeños pies!”. Acotó ella: “Te brincaste mucho”. El doctor Niquete, sabio médico especializado en biotecnología, era partidario de la igualdad de género, y consideraba injusto que sólo la mujer sufriera las penalidades del parto. Así, inventó una máquina que transmitía al hombre parte de los dolores que la mujer sentía al dar a luz. Cierto individuo cuya esposa iba a tener bebé se ofreció a probar el artilugio, y le pidió al médico que le pasara un 10 por ciento de los dolores de la parturienta. No sintió nada, de modo que se mostró dispuesto a sufrir el 20%, y luego el 30, el 40 y el 50. Como tampoco experimentó dolor alguno hizo que el facultativo le pasara el 100% de los dolores de su esposa. Nada sintió tampoco, pero al día siguiente hallaron muerto al vecino. Viernes por la noche. El joven esposo le propuso a su mujercita: “Salgamos a divertirnos”. “¡Fantástico! -se alegró la muchacha-. Si llegas antes que yo déjame la luz prendida”. “Mi marido tuvo un accidente de automóvil, y se le partió en dos el escroto”. Los asistentes a la reunión de parejas se impresionaron al oír lo que dijo esa invitada. Añadió: “Le pusieron ahí dos clavos, un tornillo, un alambre y una placa de metal”. En ese punto intervino el esposo: “Quiero hacer una pequeña aclaración. La palabra no es ‘escroto’. Es ‘esternón’”. FIN.
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Licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura españolas/cronista de Saltillo.
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