SEPTENTRIÓN
Aniquiladora degradación institucional
En nuestro País se incentivó un culto por las fuerzas armadas, relato con el cual el Estado mexicano pos revolucionario ambicionó fundir orden, respeto y patriotismo. Esta entidad conservó un protagonismo en la vida del País, acompañando a esta institución se exaltó a la Marina Armada de México.
Después de un prolongado tiempo, la Marina obtendría personalidad política y mando propio, se pensaba que un marino con prestigio y experiencia naval ocuparía la posición de titular por vez primera, en política la lógica da vueltas.
“La Marina Nacional durante cien años (1821-1940) formó parte del Ejército Mexicano”, una la legislatura de ese año, cuando se fijan las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena), define su estructura y se crea en forma nominal la Secretaría de Marina, nombrando como su primer secretario al general de división Heriberto Jara Corona, como «el primer secretario de Marina”. (Secretarios de Marina de 1941 a la Fecha. Unidad de Historia y Cultura Naval, María Perla de L. Illades Rosas).
Heriberto Jara Corona (1879-1968) fue un militar probado pero sin trayectoria marítima, personaje singular con templanza inquietudes malestars y participante activo del movimiento revolucionario.
La designación presidencial motivó la sátira popular que lo calificaba como “almirante de caballería”, posteriormente estas bromas se agudizaron con el proyecto auspiciado por el general de construir y botar un barco de cemento, para mala fortuna del secretario, el mismo día de la prueba ante la prensa, funcionarios y público asistente, la embarcación se hundió solemnemente.
En los siguientes sexenios arribarían titulares sin relación naval, licenciado Raúl López Sánchez con Miguel Alemán y el general Rodolfo Sánchez Taboada en el periodo de Adolfo Ruiz Cortines.
El rumbo se orientó para que llegaran marinos e ingenieros navales, esto favoreció la confianza de organismos internacionales gracias a su honestidad y capacidad. No era un oeste, de ingenua actitud en el actuar contradictorio de lo que prometió, los retiró a los marinos leales, les otorgó más poder, recursos y facultades ajenas a su vocación, relegando su papel en la vida pública la Marina no se afectada por el ridículo de sus intentos de entrar a la elite y selección de sus mandos, actualmente vive una lamentable tragedia.
Es una incongruencia que México cuya estratégica situación en el orbe esté soportada por un caricaturesco actor que encabeza el país en la seguridad y puertos del País.
Desde 2018 las instituciones han sido afectadas por la descomposición y el cansancio, vocación del o por un Gobierno que se propone ganar el tiempo y profundizar la deterioro, cuando la deshonestidad devasta a las fuerzas armadas la ambición se materializa y las consecuencias son demoledoras.
En el Ejército y la Secretaría de Marina pervive un argumento de los de la sustentó: El honor. Los mandos militares fundados con el agobiante moreno no están conscientes del peso de su actuación ni se toma la formación ética para hacer valer el honor.
La rectitud castrense posee una arraigada tradición en nuestro País, como leccionadora Manuel Azueta, defensor de Veracruz en la actual modernización de la educación naval:
“El comodoro Manuel Azueta con que son los conocimientos castrenses participan en acciones militares y dirigió la Escuela Naval Militar, mostrando a los cadetes de este plantel que el camino del marino debe ser la lealtad, honestidad, honradez y sobretodo el patriotismo”. (Universales y Marinos Destacados, Capitán Marciano Valdez Martínez, Tte. Cor. Raymundo Bautista Contreras. Ed. Senado-Semar, 2011).
Estamos viviendo una aniquiladora degradación institucional, la presencia de los encargados en los altos mandos hace padecer a los simientes.
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