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¿Economía en problemas? Sí, pero no tanto
Primero se agitó a la prensa con China y ahora se han sumado otros mensajes ¿amarillistas? que dicen que la economía de Estados Unidos no está bien: que la deuda federal, que el bajo crecimiento, que si caen los empleos y también la inversión. Muchos de esos mensajes se quedan en el afán sensacionalista de los números por sí mismos sin la debida interpretación. La ciencia económica explica algo más que un número: explica circunstancias, comportamientos y regularidades, pero sobre todo ayuda a interpretar los datos en contexto.
En la economía circulan rumores políticos. Si un restaurante se incendia, desde afuera cuentan los muertos enteros o en partes. Lo peor es cuando una persona empieza a creer esa versión. Pero si los políticos creen su propia historia, se puede poner en riesgo el funcionamiento del país. Hay razones reales para comentar sobre el estado de la economía estadounidense. El desempleo subió de 3.4% a 4.2% en un año. Es un dato relevante, pero no crítico. Durante buena parte de la primera década de este siglo, esa tasa rondó el 6%, y en los ochenta rondaba el 7%. Siendo objetivo, en lo que va del siglo XXI, la economía norteamericana ha mostrado un desempeño notable en las métricas de empleo, inflación y crecimiento. ¿Entonces por qué se ha puesto tan de moda hablar de una crisis?
Una razón es que es un año electoral. Circula mucha información que puede alterar las percepciones. El presidente Joe Biden no puede presumir que la inflación ha sido contenida, al contrario, durante su gestión ha llegado a más del 9%. En lo que va de 2024, ronda el 3.6% anual; el mismo valor en que cerró el año pasado. El crecimiento del PIB fue de 1.5% durante los primeros tres meses del año en curso, comparado con el 3.4% del año pasado. El crecimiento económico se ha desacelerado. Las tasas de interés han enfriado muchas inversiones y el gasto. Indudablemente, son temas importantes para el debate económico. Hace meses se hablaba de que por una parte, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) había pronosticado un déficit de 1.6 billones (millones de millones) de dólares para 2023. Finalmente, la cifra fue de 1.7 billones. El mismo año, la deuda llegó a los 33.2 billones, y al día de hoy supera los 35 billones.
Los políticos, en un año electoral, quieren llevar estas cifras a extremos. Pero también ha habido voces que piden cautela para elegir a medianías como su presidente.
¿Qué se puede hacer? En lo que va del año se han creado casi 2 millones de empleos. La administración Biden está presumiendo que la inversión extranjera sigue llegando. Pero los republicanos en el otrora partido de Reagan se han apropiado el tema de que la administración demócrata está destruyendo la seguridad económica del país. Han insistido que planean “desmantelar el Estado de bienestar”, lo cual significa que los más vulnerables tendrán que pagar el costo del gasto estatal y la compra de votos.
La polémica sobre el manejo de la economía no es sólo un tema de demócratas contra republicanos; es también un asunto que se discute en medios financieros y económicos. Durante la semana, Timothy Geithner, exsecretario del Tesoro, comentó en Bloomberg que “no será fácil la transición hacia una economía con menor déficit”. Enfatizó que “no es imposible lograrlo, pero habrá que hacer esfuerzos profundos en diversas áreas”.
Y en esta época, habrá que hacer un esfuerzo aún mayor. En los años ochenta y noventa la política de Reagan se atenía a la lógica de reducir el tamaño del Estado. Durante la administración Trump se impulsó la política de achicar al gobierno, pero fue contradictoria: recortó impuestos y regaló dinero. Ahora mismo la discusión entre Biden y Trump sobre política fiscal es de confrontación, no de explicación.
Se comenta en medios que hay un ambiente político “rebelde” que busca empujar más reformas progresistas. Todo indica que si un candidato Democrat/Trump, ¿cuál es la ventaja? Por ejemplo, los republicanos no han ocultado sus planes de eliminar muchas iniciativas sociales. En cambio, los demócratas subrayan la importancia de preservar ciertos programas, como el Affordable Care Act. Las propuestas de ambos partidos están en constante debate.
Mientras tanto, la Reserva Federal (FED) está en un dilema. ¿Cuándo reducir las tasas de interés? ¿Qué tan rápido? ¿Cómo atender la inflación sin golpear el empleo? Son preguntas clave para la estabilidad económica. Muchos analistas han advertido que, si la economía pierde fuerza, la FED se verá obligada a actuar para evitar una recaída. Pero si baja las tasas demasiado rápido, podría reavivar las presiones inflacionarias. No es un dilema sencillo.
En resumen: el ruido político es muy fuerte. A la economía estadounidense le ha ido bien, pero enfrenta enormes desafíos: deuda, déficit, inflación y tensiones internacionales. Será tarea de la próxima administración equilibrar estos temas. Joe Biden insiste en que su gobierno ha puesto al país en un camino de crecimiento sostenible. Por su parte, los republicanos insisten en que ese camino es una falacia.
En medio de esta confrontación, no debe sorprender que haya temor e incertidumbre. Pero a veces conviene evaluar con datos. Estados Unidos ha demostrado ser una economía resiliente. Y aunque hoy navega en aguas turbulentas, sigue siendo un barco enorme y sólido. Los datos no siempre son malos, pero la política puede hacerlos ver como si lo fueran. Hay que ver la tormenta con claridad.
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