La forzada renuncia de Alejandro Gertz
Tempestad en un vaso de agua turbia fue la forzada renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República.

De política y cosas peores
“Anoche tuve en mis brazos a una mujer casada”. Esa declaración, que en labios de cualquier hombre habría causado revuelo, sacudió tremendamente a quienes la escucharon, pues tales palabras las dijo nada menos que el Obispo de la diócesis de San Guirlando. ¿Cómo las dijo, dónde y cuándo? Responderé a esas preguntas, aunque no sea en ese orden. El jerarca pronunció esas palabras el domingo último, en la misa de 12:00, desde el púlpito de la catedral. Habló así: “Hermanas y hermanos míos. Quiero decirles que anoche tuve en mis brazos a una mujer casada”. Un alarmado murmullo de estupefacción cundió por el templo. Tras una pausa continuó Su Excelencia: “¿Saben quién es esa mujer? Les diré la respuesta, amados hermanos y hermanas mías. ¡Es mi mamá, a la que abracé con cariño filial!”. Los feligreses rieron con alivio, y aun algunos aplaudieron la episcopal travesura. Al párroco del templo le pareció simpática la broma, y se propuso hacerla a sus parroquianos. En efecto, en la siguiente misa dijo a los fieles a la hora del sermón: “Hermanas y hermanos míos. Quiero decirles que anoche tuve en mis brazos a una mujer casada”. Profundo asombro causó su declaración. Tras una pausa continuó el cura: “¿Saben quién es esa mujer? Les diré la respuesta, amados hermanos y hermanas mías. ¡Es la mamá del señor Obispo!”. Tempestad en un vaso de agua turbia fue la forzada renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República. Se aferró a ella con uñas de pies y manos, y con todo lo demás con que pudo aferrarse, pero al final hubo de salir del cargo sin más compensación -al menos pública- que la de un cargo diplomático meramente simbólico que le permitirá seguir disfrutando del discreto encanto de la nómina. Algunos opinantes consideran que esa renuncia es indicio de independencia del actual sexenio en relación con el anterior. Tienen razón, pero no mucha, y la poca que tienen vale nada. Uso ese circunloquio para decir que quienes así opinan quizá se equivocan. Sigo pensando, pues así me lo muestran sobradas evidencias, que en el árbol de la 4T no se mueve una hoja sin la voluntad del jefe máximo. Reacomodo por conveniencia mutua, tanto del primer piso como del segundo, es éste. No traerá consecuencia alguna para los protegidos del caudillo. Las cosas seguirán igual, pero peor. Terminó el pasional trance erótico en la habitación número 210 del Motel Kamawa, y la pareja del labioso galán se echó a llorar desconsoladamente. Con acento desgarrador manifestó la joven entre lágrimas: “¡No supe lo que hacía!”. Replicó el salaz individuo: “Pues para no saber lo que hacías lo hiciste bastante bien”. El borrego semental cumplió su natural función con la borreguita, que por primera vez recibió al macho. Acabado el cubrimiento la borreguita, preocupada, le preguntó al animal: “¿Significa esto, Ovinio, que ya no podré dar lana virgen?”. “Acúsome, padre, de que me acosté con Venerino Pitorraudo, y soy soltera”. “De penitencia reza un Avemaría y deja 50 pesos de limosna”. Poco después: “Acúsome, padre, de que me acosté con Venerino Pitorraudo, y soy casada”. “De penitencia reza un Padrenuestro y deja 50 pesos de limosna”. Y luego: “Acúsome, padre, de que me acosté con Venerino Pitorraudo, y soy viuda”. “De penitencia reza un Credo y deja 50 pesos de limosna”. Poco después: “Ya sé. Te acostaste con Venerino Pitorraudo, ¿verdad?”. “No, padre. Yo soy Venerino Pitorraudo. Y quiero decirle que si no se mocha con la mitad de las limosnas me iré con el negocio a otra parroquia”. FIN.
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