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Paradojas de una transformación

Ante escasez de hombres de Estado y miseria de la vida parlamentaria, habrá que desde la sociedad participar,

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”, reflexiona el personaje de “Gatopardo”, la gran obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En la oferta de transformación de lo público en México encontramos con tristeza que la promesa quedó reducida a propaganda por quienes en realidad, a juzgar por sus actos, su intencionalidad era hacerse del poder en busca de regresar a los tiempos de hegemonía de un solo partido.

En su búsqueda de reinterpretar y construir el pasado se dilapidó la gran oportunidad de auténticamente transformar la función pública, dignificar la política y mostrar que quienes gobiernan buscan ofrecer a todos los ciudadanos un mejor futuro. La obligación primigenia del Estado de brindar seguridad, olvidada. Víctima de una confusa, errática, aberrante y oligofrénica estrategia. El fracaso, quizás intencional, centrado en militarizar, ha transformado la vida cotidiana de todos. La tan anhelada y preciada libertad de vivir sin miedo, no existe en México. A las cifras que el Gobierno propala sobre crímenes de alto impacto, hay que sumarle aquellos “pequeños” crímenes que impactan día a día. Las cifras negras de delitos impunes perviven, sumando en estos años la proliferación de “cobros de piso” que afectan a todos, emprendedores y consumidores.

El negar desde el púlpito la magnitud del problema de seguridad, la negativa a reconocer que hay que cambiar de estrategia, así como la constante búsqueda de vía propaganda difundir una narrativa de imaginarios logros, será una pesada lápida ante el inevitable juicio histórico. No mentir, no robar, no traicionar. Tres sencillos y atractivos principios de conducta.

Este fin de semana Alfonso Durazo fue el anfitrión en la gira del Presidente y Sheinbaum. En su visita a la instalación fotovoltaica de Puerto Peñasco afirmaron que se trata de la “planta solar más grande de América Latina”. No lo es. Ni de América Latina ni de México. Incomprensible que en algo tan sencillo de verificar, mientan. No sorprende que el Presidente mienta, como no sorprendió que la entonces candidata Sheinbaum en campaña mintiera con regularidad. Sobre el primero a estas alturas ya podemos afirmar que es su naturaleza, quizás ya no logre discernir entre fantasía y realidad después de presentarse diariamente en el “vaudeville” palaciego a mentir impunemente. Sobre la segunda visita ya como virtual Presidenta electa, sería importante acelere su metamorfosis de candidata a gobernante, el no mentir cobra especial relevancia y sobre todo no ignorar la realidad, esa dura realidad a la que se tendrá que enfrentar.

La promesa de “primero los pobres” en su imaginario se lograría cumplir dado a que ahora sí alcanzaría el presupuesto en base a ahorros en gasto por medio billón de pesos. Una variante de “administrar la abundancia” de López Portillo, con la diferencia que ahora se lograría “sin endeudarse”. La deuda pública creció. Educación y crecimiento económico son indispensables en el combate a la pobreza. Ante realidad fiscal, obligación constitucional e impacto positivo en deciles de ingresos más bajos, la próxima administración al continuar programas de transferencia deberían establecer reglas claras, padrones confiables, focalizarlos y alejarlos del clientelismo.

No deja de sorprender que al designar responsables de educación y economía, Sheinbaum se haya inclinado por perfiles políticos, más cercanos a la grilla que a las actividades y complejidades de las secretarías asignadas. Urgente atender la crisis del sector educativo que aún no supera las consecuencias de la pandemia. En 2020 la escolaridad promedio era de 9.7 años, se estima que incrementar un año de escolaridad promedio requiere poco más de una década. Sólo con una población educada se podrán capturar en beneficio de todos las oportunidades globales de crecimiento económico.

A debate de nuevo la propuesta de Morena sobre el modelo de desarrollo económico. Que en discurso denuesta un neoliberalismo inexistente y abraza el capitalismo de compadres; que dice respetar el desarrollo de la libre empresa e impulsa estatismo en sectores estratégicos para sus intereses; que dice ofrecer legalidad y certidumbre a inversionistas para posteriormente cambiar reglas; que dice actuar en base a la ciencia para posteriormente defender mitos.

Ante la búsqueda presidencial de eliminar contrapesos institucionales, allanándole el camino a Sheinbaum, de captura de todos los poderes constitucionales, de desaparecer organismos autónomos, regresar a la época de la opacidad justificando reservas bajo seguridad nacional, coqueteando con un maximato, sería deseable que existieran partidos políticos de oposición responsables, no los hay. Antonio Gramsci escribía: “Las clases expresan a los partidos, los partidos elaboran a los hombres de Estado y de Gobierno, los dirigentes de la sociedad civil y de la sociedad política. No puede haber elaboración de dirigentes donde falta la actividad teórica, doctrinaria de los partidos, donde no se buscan y estudian sistemáticamente las razones de ser y de desarrollo de la clase representada. De ahí la escasez de hombres de Estado, de Gobierno, miseria de la vida parlamentaria, facilidad de disgregar a los partidos, corrompiéndolos, absorbiendo a sus pocos hombre indispensables”.

Ante escasez de hombres de Estado y miseria de la vida parlamentaria, habrá que desde la sociedad participar, ir más allá de los partidos y aportar para construir un futuro diferente al que nos ofrecen los gobernantes incapaces de cumplir con sus tres simples promesas.

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