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¿Qué estás esperando?

Es interesante hacer un paralelismo con nuestras vidas. Vivimos esperando que la realidad cambie.

¿Qué estás esperando?

Historias demasiado humanas


-”Tengo una noticia buena y una mala”.

-”Cuéntame la mala primero”.

-”Suspendieron la búsqueda, nos dan por muertos. Recién vendrán a buscar nuestros cadáveres dentro de tres meses, cuando el clima lo permita”.

-”¡Nooo! ¿Y cuál es la buena noticia, infeliz?”.

-”Que de ahora en más, todo depende de nosotros”.

Este diálogo ocurrió 10 días después que el avión que llevaba a un equipo de rugby de un club uruguayo se estrellara a 3,570 metros de altura en la cordillera de los Andes. De las 45 personas que viajaban, 17 murieron por el impacto o en las horas siguientes, y doce más, en los días posteriores.

Carlitos Páez era el más joven del grupo, y fue quien se enojó con Gustavo Nicolich, cuando éste le contó que habían suspendido la búsqueda y que eso era una buena noticia.

Con 18 años y siendo un adolescente malcriado -hijo del famoso pintor Carlos Páez Vilaró-, Carlitos cuenta que se cayó como un piano. ¿Y Nicolich se había vuelto loco? ¿O saber que todo depende de nosotros puede ser una buena noticia?

Es interesante hacer un paralelismo con nuestras vidas. Vivimos esperando que la realidad cambie. Que nuestros problemas se resuelvan. Que el País mejore. Que nuestra pareja nos deje, así podemos irnos en paz con nuestro amante. Que el trabajo mejore, que cambien a nuestro jefe, que las ventas aumenten. Que la enfermedad que tenemos desaparezca. Cuando todo eso pase, recién ahí seremos felices.

Sin embargo, las cosas no funcionan así. O aprendemos a ser felices con la realidad tal como es, o no lo seremos nunca.

¿Todo depende de nosotros?

Tampoco. No somos dioses.

Pero nuestra parte debe ser hecha. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?

Por lo general, y al igual que los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, no tenemos ni idea de las verdaderas fuerzas que tenemos, hasta que la vida nos pone a prueba y nos empuja al ruedo. Aunque no nos guste, nos tira al lago frío y no queda más remedio que nadar… y sobrevivir.

Carlitos Paez cuenta que hasta que Nicolich le dio la noticia, todos estaban en una actitud pasiva, tranquilos, confiados. Esperando un rescate que no iba a ocurrir. Ahí no les quedó más remedio que hacerse cargo de sus vidas, dejar sus zonas de confort, empezar a pensar cómo iban a hacer para salir vivos de ese lugar.

En Oriente hay un refrán que dice: “Es del hombre sembrar, pero siempre es de Dios hacer crecer”. Sólo con nuestras fuerzas no alcanza. Si la semilla es estéril, por más que la reguemos, le pongamos fertilizante, la cuidemos del frío y del viento, no pasará nada. Pero por lo general, realizar todo eso hace una enorme diferencia. Solemos pedirle a Dios que nos ayude, nos saque de los problemas, nos libere de nuestros temas, minimizando nuestra responsabilidad.

Los sobrevivientes de la tragedia de los Andes soportaron el accidente, no tener alimentos ni bebidas, no contar con abrigos ni equipamiento para esos fríos polares, aludes, y hasta tener que comerse a sus compañeros muertos. Después de 60 días bajo esas condiciones extremas, los dos que estaban mejor tuvieron que caminar 10 días más y atravesar buena parte de la cordillera para recién encontrar un arriero al que pedirle ayuda. Cuando ocurrió el accidente, nadie imaginaba lo que les esperaba, y mucho menos, que tendrían la fortaleza para soportarlo. Sin embargo, día a día pudieron hacerlo.

Y tú, ¿cómo estás con tu vida? ¿Hasta cuándo vas a seguir esperando para ponerte en marcha? ¿Sigues deseando que la vida te libere, y que haga la tarea que tú tienes que hacer por ti mismo?

Juan Tonelli. Autor de “Un elefante en la habitación, historias sobre lo que sentimos y no nos animamos a hablar”. Conferencista.

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