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Sí, Josefas(os)

Andrés Manuel, ganaste. El electorado mayoritario se volcó a favor de la continuidad y eso hay que reconocerlo y entenderlo.

Denise Dresser

Andrés Manuel, ganaste. El electorado mayoritario se volcó a favor de la continuidad y eso hay que reconocerlo y entenderlo. La 4T sí es una fuerza social redistributiva que yo seguramente subestimé. Edificaste una nueva hegemonía política cuya legitimidad ha encontrado validación en las urnas. Lo que resulta difícil de comprender es por qué -ante la contundencia de los resultados- persistes en satanizar a tus críticos, desmantelar los pocos contrapesos que quedan, y colocar al País a merced de tu voluntad, o de las pulsiones peligrosas de los mercados. El poder sin contenciones se vuelve poder abusivo y el tuyo lo ha sido. Hoy la paradoja del País es que el abuso cuenta con apoyo popular. Se votó democráticamente para acabar con la aspiración democrática.

La oposición perdió por su asociación con un pasado que no combatió la corrupción, y no encaró la desigualdad. Perdió por una alternancia electoral que muchas veces sólo significó la rotación de élites impunes. Perdió por el clasismo, el racismo y el elitismo de quienes no han sabido procesar su derrota. Pero tú nos colocaste ante una falsa disyuntiva: Sacrificar democracia a cambio de derechos sociales; sacrificar derechos a cambio de contar con una nueva versión militarizada del Ogro Filantrópico; sacrificar la capacidad de usar el voto de castigo con Morena a futuro porque estás cambiando las reglas del juego para que tu partido controle todo, para siempre. La Presidencia, el Congreso, la Suprema Corte, el Poder Judicial, el INE.

Lamentablemente esos son los argumentos del viejo PRI sobre la excepcionalidad de la “democracia a la mexicana”; son los argumentos echeverristas de “volver a subir a los pobres al carro de la Revolución”; son los argumentos contra los cuales luchamos miles de mexicanos a partir de 1968. La lucha entonces era contra una hegemonía que no veía ni escuchaba a sus opositores, que actuaba de manera autoritaria y gobernaba mal por no contar con contrapesos o autocontención. Por ello exigimos el fin del poder concentrado y el inicio del poder compartido. El fin del sistema hegemónico y el inicio de un sistema multipartidista. Por eso construimos autoridades electorales autónomas del Gobierno. La democracia no es sólo la voluntad de las mayorías; también es el respeto a las minorías y tú, el PRD y Morena alguna vez lo fueron.

Tú formaste parte de una pelea democrática, que ahora desconoces. Tú denunciaste la Presidencia imperial, el atropello a las reglas por parte del priismo avasallador, la sobrerrepresentación legislativa del partido mayoritario. Y ahora has reconstruido eso, con 35 millones de votos. En tu Presidencia el daño del poder abusivo está documentado en cada ocasión que agrediste a un periodista, descalificaste a una madre buscadora, difamaste a un activista, te negaste a recibir a los padres de Ayotzinapa, tomaste decisiones sin deliberación y debate, avalaste que Morena violara el proceso legislativo encadenándose en un recinto alterno al cual no pudo entrar la oposición, militarizaste al País en traición a tu promesa de campaña y desconociste la legitimidad de disentir.

Te burlas de mí por señalar el resurgimiento de las viejas cadenas hegemónicas. Me bautizas como “la Josefa Ortiz de Domínguez” por recordar el papel histórico de una sociedad que logró quitárselas parcialmente durante la transición. Pues asumo el papel, y ojalá que muchos lo hagan suyo. Hoy quizás la defensa de la aspiración democrática y antihegemónica es un argumento extemporáneo. Pero sigo creyendo que es el argumento correcto, y el único que puede asegurar prosperidad compartida en un país plural.

A las Josefas y los Josefos nos tocará evaluar y corregir al Gobierno hegemónico de Claudia Sheinbaum en función de lo que promete hacer y le falta cumplir: No sólo redistribuir mejor el pastel, también hacerlo crecer. Cimentar un Estado del bienestar más allá de las transferencias y el salario mínimo. Encarar la brutal concentración de la riqueza producto del capitalismo de cuates. Defender al País de la depredación ambiental, y de la hegemonía criminal y militar. Coexistir con la realidad que los votos no desmienten. Asegurar justicia y no sólo venganza. Esta señora orgullosamente mexicana, orgullosamente ciudadana, orgullosamente pueblo, estará golpeando la pared, desde la izquierda democrática, por un país con cabida para todos.