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Se afilan estrategias rumbo a la elección presidencial

La elección presidencial está a ocho meses exactos de distancia. Si fuera hoy, las últimas encuestas de Parametría y Demotecnia registran que Claudia Sheinbaum arrasaría con más de 50 puntos de ventaja.

La elección presidencial está a ocho meses exactos de distancia. Si fuera hoy, las últimas encuestas de Parametría y Demotecnia registran que Claudia Sheinbaum arrasaría con más de 50 puntos de ventaja, aunque El Financiero, Reforma o Enkoll presentan números más conservadores (15 a 25 puntos). Sea como fuere, hoy hay favorita indiscutible identificada con un Presidente popular que goza 69% de aprobación (poll of polls de Oráculus). Depositar la fe en otros datos e intentar negar esta realidad sería deshonesto.

Partir de la cómoda delantera de Morena permite examinar las estrategias partidistas con mayor apego a sus condiciones de posibilidad. Como ancla de origen consideremos que en la elección del 2018 Anaya (PAN) y Meade (PRI) juntaron 39% de los votos, entonces acompañados por MC y el Partido Verde; raro sería que Xóchitl Gálvez (PRI-PAN) lograra un mayor porcentaje sin ellos y bajo un ambiente económico sano favorable a la estabilidad de preferencias.

La puntera Sheinbaum optó por una estrategia de ampliación de ventaja y afianzamiento de liderazgo. Sabe que allende el triunfo está la disputa legislativa y la gobernabilidad, y adopta tácticas electorales consecuentes. Primero, el bastón de mando envió la señal de centralidad administrativa. Después, la gira nacional por la unidad buscó apaciguar ánimos encendidos (o incendiarios) entre marcelistas y reforzó presencia territorial. En últimas fechas, Sheinbaum hizo lo que en su momento AMLO: Abrir el partido a sumas -con los riesgos que conlleva- para 1) ampliar su aceptación externa, 2) incorporar liderazgos regionales y 3) en un juego convencional de señales, demostrar que ella es quien capta tránsfugas por su probabilidad de triunfo, no al revés.

Xóchitl Gálvez padece pérdida de momento y galopante desinterés. Carlos Loret (El Universal) fue contundente: “Está estancada”. Si eso dice un antiobradorista recalcitrante, el PRI-PAN tendrá luego activado el modo pánico ante el peor de los mundos para Gálvez: Creciente conocimiento de nombre (ya entorno al 50%) desacoplado de mayor intención de voto. Después de los escándalos de la Casa Chueca y el plagio de su informe de titulación, Xóchitl respondió nombrando voceros panistas y viajando a California (EU), acaso para sofocar los decibelios. Su estrategia futura es previsible: Por un lado, pretenderá minimizar las posibilidades de MC para evitar una aún improbable caída al tercer lugar; por otro, buscará diluir las desgastadas marcas partidistas que representa, aunque la tiene difícil.

Movimiento Ciudadano aún navega un mar de incertidumbre. La dirigencia nacional estableció el sábado el piso de 500 mil firmas antes del 3 de noviembre como requisito para la candidatura presidencial, lo que reduciría a dos las posibilidades: Marcelo Ebrard y Samuel García, con el segundo advirtiendo inminente división si queda el primero. MC no sólo se juega el liderato opositor, sino su cohesión interna y el relato futuro. Como bien afirma Jorge Zepeda Patterson (SinEmbargo), “hasta ahora MC ha sido un partido de ideología ambigua y una agenda política dictada por la mera coyuntura; una supuesta tercera vía que en papel resulta atractiva como contenedor, pero con poco contenido dentro de ella”. Como requisito indispensable, MC deberá demostrar que es más que una mera agencia de colocación y un semillero de juniors.

Eduardo Verástegui continúa con la recolección de firmas para lograr una candidatura independiente. Lejos de ayudarle, registró una modesta respuesta en las primeras dos semanas: 1.4% del total requerido. Cualquier crecimiento suyo será inversamente proporcional a las posibilidades de triunfo de Gálvez. En esta primera etapa dirigirá mensaje a los panistas desilusionados, más proclives a su retórica ultramontana.

Entramos así a una etapa de mayor apertura partidista en busca de aliados. Irán aclarándose las definiciones de cuadros visibles y vocerías. Esos rostros tangibles darán color del estilo y los propósitos de los candidatos. Ante las estrategias coyunturales, el elector mexicano -tradicionalmente tolerante con las incongruencias curriculares y la improvisación programática-discursiva- deberá mantener la guardia en alto durante un ciclo electoral prometedor.

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