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Primera ruptura

Las escisiones en los partidos políticos fuertes adquieren, décadas después, el prestigio de ser históricas justo por su importancia en los efectos orgánicos e institucionales ante la militancia y en los procesos electorales.

La decisión del ex canciller Marcelo Ebrard de promover ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación una demanda que ordene la nulidad y posteriormente la reposición del proceso interno de Morena para la elección de la coordinación de la defensa de la transformación, bajo el argumento de que se han violado sus derechos político electorales a causa, según el periódico El País, de la no respuesta de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia durante los cinco días del periodo legal, tiene significado porque independientemente de la resolución final, aquí empieza (o ya había iniciado) la primera ruptura que años más adelante será muy importante para comprender los orígenes de esa organización política.

Las escisiones en los partidos políticos fuertes adquieren, décadas después, el prestigio de ser históricas justo por su importancia en los efectos orgánicos e institucionales ante la militancia y en los procesos electorales. Sin embargo, este tipo de situaciones son no son atípicas ni asuntos novedosos, tampoco significan la derrota interna de un partido político, se trata de procesos que están ligados a la vida política competitividad interna y externa, y al papel que juega en ese momento el partido en cuestión. Así lo dice la evidencia.

Por ironías de la vida, un ex funcionario en los gobiernos del PAN, escribía en su etapa de investigador, quizá una de las mejores descripciones de las escisiones que el PRI tuvo en el pasado de su longeva historia. El ya fallecido Juan Molinar Horcasitas, en 1989 defendió en El Colegio de México la tesis de grado: Elecciones, autoritarismo y democracia en México, publicado y vendido exitosamente después por una editorial comercial (aprovecho para recordar al político local que sabe que desde hace años me debe este libro, favor de regresármelo). En ese trabajo, Molinar, de forma aguda, analiza los rompimientos que sucedieron en ese partido desde su origen hasta la elección presidencial de 1988. Padilla, Almazán, Cárdenas, Muñoz Ledo, por citar arbitrariamente algunos actores importantes del pasado que rompieron con ese partido.

En otro caso, quizá también uno de los mejores análisis de las rupturas en el PAN las estudió, curiosamente, en otra tesis de grado defendida también en El Colegio de México, el profesor Víctor Reynoso que en la década de los ochenta trabajó en El Colegio de Sonora y ahora radica en Puebla. El autor reflexiona sobre los cuatro momentos particularmente importantes en la historia de ese partido político: La fundación del partido en 1939 y tres escisiones (1963,1978 y 1992). Rupturas en el vértice, el PAN a través de sus escisiones históricas tituló a su trabajo.

Las dos investigaciones, cuando hubo oportunidad de leerlas en mi etapa de formación en mis estudios de posgrado en ciencia política, orientaron mi pensamiento sobre la importancia de los periodos de tiempo (ciclos) que deben transcurrir para que una organización política logre nacer y después enfrentar varias coyunturas para madurar; después hacer lo que le corresponde para finalmente tender a erosionarse. Gabriel Zaid sentenciaba en la revista Vuelta en 1985 “sería muy extraño que el PRI fuera eterno”; de igual manera Carlos Castillo Peraza dejó por escrito, principalmente a uno de sus estudiantes que al paso del tiempo logró ser Presidente de México, sus desacuerdos en la forma en que se dirigía (o dirige) al PAN.

El asunto de hoy es que, en el caso de Morena, su construcción organizacional enfrenta sus primeros retos, por ello es necesario volver a la historia de lo que ha sido el sistema de partidos. Nadie puede sentenciar, todavía, nada.

Juan Poom Medina.

Investigador de El Colegio de Sonora, en año sabático.

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