Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna México

¿Nueva Claudia?

Ahora, con bombo y platillo, anuncian la llegada de la "nueva Claudia". Una versión corregida y aumentada.

Ahora, con bombo y platillo, anuncian la llegada de la "nueva Claudia". Una versión corregida y aumentada. Una encarnación más pragmática y menos pugilista. Claudia Sheinbaum 5.0. La que tiende la mano en lugar de empuñar el puño. La que habla de puertas abiertas a todas las clases sociales y libre pensadores. Sus múltiples propagandistas auguran el arribo de la verdadera estadista, capaz de cambiar el tono pendenciero que el presidente López Obrador ha asumido a lo largo del sexenio. En su nueva variante, dicen, Claudia encabezará cambios positivos. Después de haber sido liberada por el dedazo disfrazado, la Claudia que fue copia y calca de AMLO, finalmente podrá ser racional y científica. El "segundo piso de la transformación" sí escuchará a los técnicos, sí mostrará otra faceta, sí promoverá el pragmatismo por encima del voluntarismo. Y si mi abuelita tuviera ruedas sería bicicleta.

Escuchar las predicciones sobre el surgimiento de la Claudia conciliadora, que apela a la unidad, y convoca a todos los mexicanos más allá de Morena produce un incómodo déjà vu. Un sentimiento de haber ver vivido lo mismo antes, años atrás. Ese cuento del político que tiende puentes en lugar de dinamitarlos ya lo contaron. Esa narrativa del Tlatoani Terso ya la promovieron los voceros de AMLO en la campaña de 2018. Cuántas veces no oímos a Tatiana Clouthier, a Gerardo Esquivel, a Alfonso Romo, y a tantos más argumentar que López Obrador había dejado atrás el radicalismo y la polarización. Que había aprendido las lecciones de elecciones pasadas en las que restó en vez de sumar, alienó en vez de amplificar, dividió en vez de unir. El tsunami electoral que lo llevó al poder fue producto del rechazo al Prian, pero también de la promesa progresista. Pero AMLO fue uno en la campaña y otro en el poder. Se quitó la máscara de unificador y se volvió un político cualquiera.

Por ello tendríamos que cuestionar la metamorfosis magnificente de Sheinbaum. No por cinismo o "conservadurismo", sino por experiencia. Por haber aprendido la lección que el lopezobradorismo penosamente enseñó. La "4T" no puede ganar las elecciones si se radicaliza. Esperará a hacerlo hasta que abra de nuevo el picaporte de Palacio Nacional, tal y como lo hizo AMLO militarizando a México, desmantelando contrapesos, embistiendo al INE, amagando a la Suprema Corte. Tomando decisiones que jamás anunció en campaña, porque de haberlo hecho, no hubiera logrado armar la coalición amplia, multiclasista, ideológicamente fluida con la que ganó. AMLO se disfrazó de conciliador sonriente, y Claudia intentará hacer lo mismo.

Pero el "Proyecto de Nación 2024-2030" que le han preparado contradice su supuesta reinvención como reina de la izquierda racional.

Ahí no se plantea corregir sino profundizar. Ahí se procura destruir a la Suprema Corte como defensora de la Constitución, sometiéndola al "mandato del pueblo". Ahí se propone la construcción de una nueva refinería, que contradice las credenciales ecologistas de la doctora Sheinbaum. Y luego, la extinción, readecuación o relocalización constitucional de órganos autónomos o desconcentrados. La eliminación de los transgénicos. La construcción de una segunda etapa del AIFA. La eliminación de todas las referencias a la "excelencia educativa" en la Ley General de Educación. La consolidación de la Guardia Nacional y modificaciones constitucionales que entrañarían profundizar la militarización de la seguridad pública. La creación de una institución pública de verificación para combatir la infodemia, junto con adecuaciones legales necesarias para "evitar que las redes sociales impongan una narrativa única en la discusión pública". La institucionalización de la mañanera, divisoria y polarizadora.

Hay mucho más en lo que Sheinbaum ha llamado un "borrador". Pero gran parte del contenido es alarmante y no abona a la construcción de la "nueva" Claudia. Reafirma su vieja manera de ver al País: Tan atávica, tan controladora, tan polarizante, tan antidemocrática, y tan desmodernizadora como la de AMLO. Y tan lejana a la innovación, y a la agenda de reivindicaciones progresistas que la izquierda debería impulsar. Hoy intentan vendernos una quimera que deberíamos ver con escepticismo. La 4T ya engañó una vez y podría volverlo a hacer, dibujando a una Claudia que promete edificar el segundo piso, pero planea el regreso a las catacumbas.

En esta nota