Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna México

Más sobre el Tercer Mundo

Hemos perdido candidaturas, y se nos ha dificultado lograr la aprobación de proyectos de resolución en distintos foros internacionales, sobre todo en la Asamblea General de la ONU.

He escuchado o leído varias opiniones diferentes a las que expuse en mi nota sobre el Grupo de los 77 y nuestro inminente reingreso. Asimismo, he escuchado algunos argumentos que fortalecen mi tesis de que se trata de un grave retroceso en la idea de México que debemos tener de nosotros, y de nuestra ubicación en el mundo. Trataré de refutar las primeras, y de compartir los segundos.

Unos alegan que a Colombia, Chile y Costa Rica -países de ingreso relativamente reciente a la OCDE- no se les exigió que se retiraran del G-77. En efecto, pero a México sí, porque fuimos el primer país “no rico” que entraba. Ya con México y Turquía adentro, parece que se decidió no insistir. Además, los 77 ya no son lo que eran: Para tener que reunirse en La Habana, se ve que no cuentan mucho.

Otros sostienen que a México le ha costado su ausencia. Hemos perdido candidaturas, y se nos ha dificultado lograr la aprobación de proyectos de resolución en distintos foros internacionales, sobre todo en la Asamblea General de la ONU, por no ser miembros del club de los pobres (que ahora, al asociarse con China, ya no son tan pobres). Lo primero parece ser falso. Ganamos una candidatura, la de Gurría en la OCDE, justamente por no ser miembros de los 77. Perdimos dos veces en la OMS -con Herminio Blanco y Jesús Seade- por otras razones -inviabilidad de uno, cambio de posición de la Unión Europea, por otro- no por el Tercer Mundo. Y las otras derrotas -la OMS dos veces, la OPS dos veces, y ahora el BID- fue, en todos los casos, por los cubanos. Primero se querían vengar de Fox por ya no ser su amiguito y luego perdimos por ser demasiado sus amiguitos. En cuanto a las resoluciones, no es imposible que la no pertenencia al Tercer Mundo nos cueste, pero también es posible que las resoluciones que hubiéramos presentado, de ser miembros del G77, se habrían aprobado si y sólo si eran… tercermundistas.

Pero hay una tesis adicional, muy potente, a favor de no querer ser parte de los clubes del Sur global. Es el aspiracionismo mexicano. Ya lo he comentado en varias ocasiones en este espacio. La mexicana es, de acuerdo con todas las encuestas de valores, una sociedad profundamente aspiracionista. Como todos los países aspiracionistas, es un país de emigración. En esto López Obrador desentona con los mexicanos, y Xóchitl puede conectar con ellos si se lo propone como hilo conductor de su campaña.

Salinas entendió que al proponerle a la sociedad mexicana el ingreso a la modernidad, al Primer Mundo, a pasos acelerados, le mentía, pero le transmitía algo que esa sociedad deseaba escuchar y saber. Con el tiempo, una parte de la promesa se cumplió, otras muchas partes no. En México hoy, una mitad -poco más, poco menos- de la población sigue en la pobreza, una mitad de la economía sigue en la informalidad, una mitad de la geografía permanece en el subdesarrollo, pero el anhelo sigue vivo. El echeverrismo -somos pobres, y a mucha honra, y nos queremos juntar con los pobres- nunca caló en México salvo en algunos círculos intelectuales. La idea de ser parte del mundo moderno, a pesar del carácter en ocasiones irreal o iluso del deseo, toca una fibra mexicana.

Para concluir, conviene que los partidarios del regreso al pasado debieran considerar una consecuencia inevitable del retorno al Tercer Mundo. Si entramos ahora, va a ser muy difícil volver a salirnos. Ojalá López Obrador, que nunca ha coqueteado con los chinos, lo piense bien. Le está endilgando a su sucesora -una u otra- una localización geopolítica temeraria. Ser parte del Grupo de los 77 + China.

En esta nota