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Heroico

Antes el Ejército le era leal al marco institucional y constitucional. Ahora le es leal a un hombre, y a un Gobierno. 

AMLO ha subcontratado gajos cada vez más grandes de su Gobierno a las fuerzas armadas, y la “izquierda” guarda silencio. La Sedena espía a ciudadanos, niega información sobre Ayotzinapa, viola derechos humanos, y los nuevos cómplices callan. Guacamaya Leaks exhibe a un Ejército al tanto de funcionarios vinculados a narcotraficantes, y los “transformadores” denuncian el golpe a Salvador Allende, pero ignoran el autogolpe ocurriendo en nuestro País. Pocos parecen darse cuenta de la contradicción entre democracia constitucional y militarismo. Pocos señalan la discordancia entre un Gobierno constreñido por leyes y otro parapetado detrás de generales. Todos los días la “4T” le da más obras, más dinero, y más poder a una fuerza fáctica que históricamente ha sido una amenaza para las libertades. Lo fue en Chile en 1973, lo es en México ahora y en la elección de 2024.

Se agradece entonces la valentía de quienes colocan al Ejército en el centro del debate público. Como David Zonana con su película “Heroico”, un esfuerzo por abrir la caja negra de quienes hoy cogobiernan sin que nadie los haya elegido. La cinta hurga en el hermetismo para contar -como buen “thriller” político- la vida de los cadetes que después saldrán a las calles a encargarse de nuestra seguridad. En el Heroico Colegio Militar aprenderán lo necesario para ser “el pueblo uniformado”, que AMLO presume. Ahí estudiarán las virtudes que le gustan al Presidente: Lealtad, disciplina, obediencia. Pero también harán suyos los vicios que padecen quienes acaban pisoteados por una bota o torturados con un tolete. La crueldad. La violencia. La corrupción de los supuestamente incorruptibles. A base de golpes y violencia, aprenderán a ser violentos. Luego de ser abusados, aprenderán a abusar. Se volverán “unos cab…; unos hijos de la chin…”. Ellos son los que ahora patrullan las calles, detienen sospechosos, disparan a matar. Ellos son los que se benefician de incrementos en el presupuesto, la administración de aduanas y megaobras, el control del espacio aéreo, una nueva aerolínea subsidiada con los impuestos de todos. Una larga lista de actividades y negocios sin controles democráticos, como argumenta el reportaje reciente de The Washington Office on Latin America (WOLA). Una “transformación militarizada” sin criterios de excepcionalidad o subordinación a las autoridades civiles. Una transformación pintada de verde, con implicaciones políticas que ni el Presidente ni su partido ni sus propagandistas parecen tomar con seriedad. Porque el militarismo no ha disminuido la violencia, ni contenido la criminalidad, ni encarado la inseguridad. Las cifras tercamente niegan lo que el Gobierno asevera. Según un estudio de AC Consultores publicado en El Universal, el crimen organizado cubre 81% del territorio nacional, el Cártel Jalisco Nueva Generación opera en 28 estados, y el Cártel de Sinaloaen 24. La militarización multiusos no ha frenado su avance.

La fortificación de las fuerzas armadas no es un proyecto de pacificación del País, sino una estrategia política. AMLO no busca colocar al Ejército al servicio del pueblo sino de sus ambiciones políticas y partidistas, como argumentan Ryan Berg y Emiliano Polo en un artículo publicado por CSIS. El militarismo implica un viraje en la lealtad; implica borrar las líneas entre responsabilidades de Estado, de Gobierno, y de partido; implica transformar a las fuerzas armadas en un actor poco predecible, sujeto a incentivos económicos y presiones que no deben formar parte de su papel.

Antes el Ejército le era leal al marco institucional y constitucional. Ahora le es leal a un hombre, y a un Gobierno. Antes el Ejército no apoyaba públicamente a un partido. Ahora lo hace. Antes el Ejército no hacía negocios lucrativos con el presupuesto público. Ahora se ha convertido en Sedena S.A. de C.V., constituida al margen del escrutinio público por razones de “seguridad nacional”. La película “Heroico” revela cómo la militarización se traduce en deshumanización, en denigración. Es una señal de alerta sobre cómo los ideales se van corrompiendo, conforme el Ejército se aleja de la Constitución y se acerca al dinero y al poder. Tanto Xóchitl Gálvez, como Claudia Sheinbaum, como cualquier candidato tendrán que enfrentar al monstruo militarista que AMLO ha engendrado. Y deberán decirnos si piensan encadenarlo o seguirlo alimentando.

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