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Ana María Salazar

2022-Definiciones presidenciales

El Presidente continúa pensando que la polarización es la forma más efectiva de gobernar en los tres años que le quedan de su sexenio

Por Ana María Salazar

(parte uno)

En años anteriores, en diciembre, he dedicado varios espacios a tratar de descifrar cómo podría desarrollarse los siguientes 12 meses. Es un ejercicio frustrante porque, aunque tenemos la mayoría de las piezas del rompecabezas, con frecuencia la interpretación de la fotografía es equivocada por la simple razón que los humanos tendemos ser optimista -sin importar la información que tenemos que nos indique lo contrario.

En años anteriores, en este mismo espacio, he señalado que hay estudios que señalan que genéticamente los humanos somos optimistas y nos convencemos a diario que las “cosas saldrán bien.” Optimismo parece ser una de las características que permitió que nuestros ancestros decidieran enfrentar los riesgos diarios de salir de la cueva a buscar alimento para su supervivencia como especie.

Optimismo es el ingrediente que también permite a todos los mexicanos, ya sea que apoyen o no a Andrés Manuel López Obrador, aspirar que el 2022 será mejor que los últimos tres años de la Cuarta Transformación.

Y es entendible porque queremos creer que el 2022 será mejor, a pesar de que las piezas del rompecabezas indiquen lo contrario. Una vez más quiero advertirles que dejen de leer este espacio a los lectores que tienen problemas cardiacos, que creen que hay unicornios en el Popocatépetl o que los dinosaurios políticos se extinguieron en este sexenio. Por más optimista, y aunque se le dé el beneficio de la duda al presidente López Obrador, del 2022 al 2024, todos debemos de esperar varios años muy difíciles para el País.

Y en parte la catástrofe tendrá que ver con el Covid-19. Pero en gran parte la responsabilidad será del presidente Andrés Manuel López Obrador y su estilo de liderazgo. Y aunque seré repetitiva, el Presidente perdió una oportunidad de oro en buscar aprovechar la pandemia para unificar al País ante la crisis más importante que ha enfrentado México y el mundo.

El Presidente continúa pensando que la polarización es la forma más efectiva de gobernar en los tres años que le quedan de su sexenio. Esto es un error porque la polarización no sólo divide a la población, pero está dividiendo a su partido y eventualmente a sus seguidores.

Y yo me sumo a lo que han dicho otros analistas: El legado de López Obrador no depende de la capacidad de la oposición, sino el poder que tiene el Presidente de controlar la dinámica de seleccionar quién será su reemplazo en el 2024. Todo, pero absolutamente todo lo que hace el Presidente de ahora en adelante, es asegurar que su delfín gane en el 2024.

Y rápidamente, se le sale de las manos el control sobre quién será el candidato presidencial de Morena. Y no podrá controlar las guerras intestinas dentro de su partido.

Por eso, cuando analicemos lo que podría suceder en el 2022, un factor fundamental será el futuro de Marcelo Ebrard, quien ha demostrado ser un extraordinario operador político desde la Cancillería, un puesto que representa grandes retos para hacer campaña ante una eventual encuesta para seleccionar al Presidente -perdón el candidato- de Morena.

También importante observar cuanto esfuerzo tendrá que invertir el presidente López Obrador en promover a Claudia Sheinbaum, quién más allá de los retos de justificar eventos de campaña que le proporcionen presencia nacional, tiene que asegurar que la problemática Ciudad de México no se le salga de las manos. En las elecciones intermedias de este año, políticamente ella perdió la mitad de la Ciudad de México. Esto no abona a sus posibilidades de ser la candidata presidencial en el 2024, especialmente ante la posibilidad de que incremente el desgobierno en la Ciudad de México por la imposibilidad de controlar la violencia generada por el crimen organizado gracias a la estrategia de abrazos y no balazos promovidos por el presidente López Obrador.

¿Será el 2022 donde tendremos algunas definiciones de quien NO será el candidato para el 2024? Yo creo que sí, ya que es claro que la prioridad de la política exterior de México tiene que verse en la óptica de la prioridad de buscar la candidatura de Marcelo Ebrard. En cambio, la prioridad de Claudia Sheinbaum es apoyar, para bien o para mal, las decisiones del Presidente- aún aquellas políticas que claramente podrían afectar su popularidad y capacidad de gobernar la Ciudad de México.

Si Ebrard sobrevive el 2022, aumenta dramáticamente la posibilidad que sea el candidato de López Obrador. Pero también el año próximo podrían surgir los caballos negros del Presidente, que enfrentarán las ambiciones del canciller.

En las entregas siguientes analizaremos la economía, seguridad, militarización, la vecindad y gobernabilidad en el 2022.

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