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Columnas

2021: Sin Ahorros

Y no, no fue la pandemia porque la mitad de ese fondo ya se había esfumado para cuando terminó el 2019 y no imaginábamos lo que se nos venía encima.

Por María Amparo Casar

Si en algo no se distingue este Gobierno de los anteriores es en la manipulación de las cifras. Aún las oficiales. Quizá sea peor porque, en más de una ocasión, las ha descalificado públicamente con la famosa frase de tengo otros datos. Cuando se le dice que esos otros datos son de su propio Gobierno recurre a desautorizar al secretario del ramo o a la institución que las publica.

A las muchas falsedades develadas por el periodismo de investigación o por los estudiosos de los fenómenos nacionales, ahora se agrega otra.

Desde mediados del año pasado, el Presidente ha presumido un alza en la recaudación. Esto se ha atribuido -según lo requiere el momento- a que los contribuyentes pagan porque ahora saben que el Gobierno no se roba los impuestos, a que se generaron miles de millones de pesos por la austeridad y el combate a la corrupción, a la desaparición de las condonaciones fiscales o a la eficacia del SAT. En los últimos días hemos leído un nuevo motivo: Los más de 180 mil millones de pesos que el Gobierno dejó de recaudar por la caída en la venta de hidrocarburos y electricidad tuvieron un impacto menor en la economía gracias a que el Congreso avaló la reforma que equipara el fraude fiscal con la delincuencia organizada.

Esto no fue exactamente así.

En un estudio de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad que Leonardo Núñez bien intitula “AMLO y el gasto final de 2020: Primero yo, después los pobres”, (https://contralacorrupcion.mx/amlo-y-el-gasto-final-de-2020-primero-yo-despues-los-pobres) se muestra con claridad que no hubo mayor recaudación, que los ingresos totales de 2020 fueron menores (-4.3%) que en 2019 y que los ingresos tributarios (en particular el IVA e ISR) disminuyeron con respecto a lo que se esperaba recaudar.

Lo que “salvó” al Gobierno -según el estudio- es algo que no nos dicen: No fue ni el buen comportamiento del ciudadano, ni la desaparición de los créditos fiscales ni la equiparación del fraude fiscal con el crimen organizado. Una parte se debió a la desaparición de los fideicomisos, a la apropiación de capital de diversas entidades paraestatales y a la colocación de deuda. Pero la mayor parte fue debido a que el actual Gobierno se comió los ahorros presupuestales que los horribles gobiernos neoliberales acumularon durante los últimos 9 años, que llegaron a ser de 317 mil millones de pesos y que estaban en el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP).

Pues bien, el Gobierno acabó con el FEIP que debía guardarse para “… aminorar el efecto sobre las finanzas públicas y la economía nacional cuando ocurran disminuciones de los ingresos del Gobierno federal, con respecto a los estimados …, (y) para propiciar condiciones que permitan cubrir el gasto previsto en el presupuesto”.

Y no, no fue la pandemia porque la mitad de ese fondo ya se había esfumado para cuando terminó el 2019 y no imaginábamos lo que se nos venía encima. Y sí, casi el resto del sobrante del mismo (todo menos 9 mil millones) se lo gastó el Gobierno en el 2020.

¿Y, realmente se lo gastó para contener la indudable crisis en la que nos metió la pandemia y como instrumento contracíclico, como dice la ley? Los datos oficiales del cuarto trimestre de la Secretaría de Hacienda dan la respuesta: No.

Según el estudio citado, “13 de los 21 programas principales de la Secretaría de Salud tuvieron un recorte con respecto a lo que se les había aprobado” y “18 de ellos terminaron gastando menos … con casos llamativos, como el programa de Protección contra Riesgos Sanitarios, que gastó 17.8% menos de lo esperado, o el Programa de Vacunación, que tuvo un subejercicio de 25.1%”.

Podría pensarse que, entonces, el uso de los recursos del fondo fue a parar a los programas sociales. Pero, tampoco. Salvo las Becas de Educación Media Superior y las Universidades para el Bienestar todos los demás programas sufrieron recortes presupuestales. Particularmente la Pensión para Personas con Discapacidad, los Precios de Garantía y el Programa de Apoyo para las Madres Trabajadoras. Además, “todos y cada uno de los programas sociales tuvieron un subejercicio”.

 Y en qué sí se gastó más. Pues en los proyectos consentidos del Gobierno: Los muy cuestionados “proyectos de infraestructura gubernamental de seguridad nacional” de la Sedena, el Tren Maya y el Programa para la Operación de la Guardia Nacional.

¿Qué significa esto? Pues ni más ni menos que, como dice Leonardo Núñez, eso de Primero los Pobres no es más que propaganda y que, “la situación presupuestal de 2021 será todavía más frágil” porque “en lugar de obtener ahorros adicionales, los quemamos todos”. 

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