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Tijuana A pesar de la ampliación del polígono de protección de la vaquita marina donde también se encuentra la totoaba y la extrema vigilancia

Totoaba, el inicio y decadencia de San Felipe

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Por Saul D.Martinez

Totoaba, el inicio y decadencia de San Felipe

Totoaba, el inicio y decadencia de San Felipe

“Fue la principal causante de que se formara el puerto de San Felipe, en sus inicios, fue un gran atractivo turístico para el pescador deportivo y comercial, en sus buenos tiempos, era muy común comer en los restaurantes chinos, sopa de buche de totoaba y los filetes de totoaba”, dice Ernesto Sosa Rocha.

El historiador mexicalense afirma que pocos peces superan en sabor y textura a la carne de totoaba, probablemente el pez más sabroso del Mar de Cortés. “Una pesca deportiva regulada podría salvar a San Felipe”, afirma con seguridad.

Lo cierto detrás de esta afirmación, es que actualmente podrían existir condiciones para su aprovechamiento, asegura David Conal True, responsable de la Unidad de Biotecnología en Piscicultura de la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC.

Como responsable del programa de reproducción de esta especie en Ensenada, asegura que hay datos que podrían sustentar un programa de pesca deportiva en el Mar de Cortés, y con ello, impulsar el desarrollo de San Felipe.

Su pesca, hasta ahora ilegal, sigue sin contenerse. Apenas el pasado 5 de mayo, un hombre en Mexicali fue detenido en poder de 229 buches de totoaba. Los llevaba en una hielera dentro de un vehículo, en el fraccionamiento Misión del Ángel.

Mientras tanto, los ambientalistas continúan retirando redes agalleras de pesca ilegal de esta especie del polígono de protección de la vaquita, que hasta el mes de marzo, habían contabilizado más de 428 redes retiradas.

La totoaba, una especie que detonó la fundación y el desarrollo de San Felipe, podría ser la que pueda sacar adelante a este poblado, deprimido económicamente por una veda que acaba de cumplir tres años.

VAIVÉN

Durante la década de 1920, la pesca de la totoaba se encontraba en su auge en el Alto Golfo de California, “Era tanta totoaba que a veces se varaba en las playas de San Felipe, y les quitaban el buche ya en la orilla”, recuerda Ernesto Sosa Rocha.

“Mencionan los antiguos pescadores que con la propela de los barcos las mataban de tanto que había”, asegura el historiador, mientras muestra fotografías en blanco y negro de largos ejemplares de más de un metro de largo aleteando a la orilla de la playa.

Pero la prosperidad no era para siempre. Desde 1940 y hasta 1955, la sobrepesca de esta especie comenzó a reducir la cantidad de totoaba y comienzan los estudios para determinar una zona de reserva.

Ese “Oro Marino”, como le llama Sosa Rocha, dio origen a San Felipe, pues fue durante la primera mitad del siglo XX, una de las especies de mayor importancia comercial y deportiva en la producción pesquera del Alto Golfo de California.

“Antes de 1925, San Felipe solamente era visitado ocasionalmente por pescadores interesados en la pesca de la totoaba y en forma secundaria por otras especies marinas”, dice. “Era muy común comer en los restaurantes chinos sopa de buche de totoaba y los filetes de totoaba” Desde su perspectiva, la pesca deportiva regulada podría salvar no sólo a San Felipe, sino a la misma especie.

NADA PARA SIEMPRE

La sobrepesca de la totoaba a mitad del siglo pasado fue derivando en medidas para su protección. Para 1975 se estableció la veda permanente, un año después se inscribió en el catálogo de especies en riesgo de la Cites. En 1991 se le declaró como especie en peligro de extinción y en 1992 se prohibió el uso de redes agalleras.

Aunque la especie se encuentra en veda permanente hasta hoy, en la década de los noventas se permitió por algunos años la pesca deportiva. Un año después, en 1993, la Universidad Autónoma de Baja California comenzaría con los primeros intentos de cultivo de este pez endémico del Mar de Cortés, conocido como uno de los peces más grandes de esta zona del golfo.

Además de la sobrepesca que sufrió décadas atrás, la supervivencia de la totoaba enfrenta otros obstáculos, algunos todavía sin abordar por completo.

¿Y EL RÍO?

Un debate científico aún se concentra en determinar la importancia del flujo del Río Colorado para la biodiversidad en el Mar de Cortés, ya que mientras que algunos estudios demuestran su influencia para la reproducción de la totoaba, otros señalan que la especie es adaptable y se reproduce en agua salada.

Hace cerca de 100 años, antes de la construcción de las presas en Estados Unidos, todo el flujo del Río Co- lorado llegaba al Delta y Alto Golfo, mientras que el Valle Imperial y el Valle de Mexicali eran un bosque ripario, señala Osvel Hinojosa Huerta, investigador de Pronatura Noroeste.

De acuerdo a estudios para recrear las condiciones de aquel tiempo por parte de la Universidad de Arizona, se estima que la influencia del río era de más de 60 kilómetros mar adentro y generaba un importante estuario, donde se mezcla el agua dulce y salada.

Investigadores como Karl Flessa, Phil Hastings o Saúl Álvarez Borrego han abordado el tema de la reducción del flujo pero no hay una respuesta contundente, pues existen otros factores involucrados, como el desarrollo industrial, minero y pesquero en la región que deben ser tomados en cuenta.

Es precisamente un estudio de Flessa y otros investigadores, publicado en el 2005, que señala que la reducción del flujo del río Colorado al Alto Golfo ha reducido el área de reproducción de la curvina y de acuerdo a sus resultados, esto es “parcialmente” atribuible a la construcción de las presas en Estados Unidos.

“Sobre la totoaba y la curvina sí hay estudios pero otros dicen que son facultativos y pueden vivir en zonas sin agua dulce, así que es un poco complicado, el nivel de los alcances no son comprendidos aún y una de las razones es que los cambios se dieron cuando no había investigación científica en la zona”, agregó.

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