Tijuana Luego de cuatro días de estar secuestrado, Carlos finalmente venció el miedo de ser sorprendido por sus plagiarios y sacó un teléfono celular.

#Sentenciados Su sueño americano lo llevó a una pesadilla en Tijuana

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Por Luis Gerardo Andrade

#Sentenciados Su sueño americano lo llevó a  una pesadilla en Tijuana

#Sentenciados Su sueño americano lo llevó a una pesadilla en Tijuana

Luego de cuatro días de estar secuestrado, Carlos finalmente venció el miedo de ser sorprendido por sus plagiarios y sacó un teléfono celular que se había escondido, con el que le mandó su ubicación a su esposa utilizando el WhatsApp.

Debido a la cantidad de personas que testificaron en el juicio oral, duró un total de seis días; a él también acudieron las víctimas para realizar sus declaraciones ante la jueza y de frente a sus secuestradores.

Carlos testificó que en enero del 2016 llegó a Tijuana, en compañía de su esposa Laura, con la intención de cruzar a Estados Unidos y buscar el “sueño americano”, ya que en Guerrero, su Estado natal, hay pocas oportunidades.

Agregó que llegaron a vivir en la casa de Carmen, la prima de su esposa, en la colonia Mariano Matamoros; al poco tiempo, él y Laura comenzaron a trabajar en una maquiladora y fue allí donde se hizo amigo de Óscar, quien también quería cruzar a Estados Unidos.

Carlos y Óscar comenzaron a convivir afuera de trabajo, al grado que Óscar se hizo novio de Carmen; ambos hombres se pasaban horas anhelando llegar al vecino país, estaban seguros que así mejorarían sus vidas.

Un fin de semana Carmen organizó una carne asada en su casa, a la cual invitó a unos conocidos, entre ellos un hombre llamado Miguel, al que todos conocían como “El Borrachales”, y quien comenzó a platicar con Carlos.

Miguel le dijo a Carlos que se dedicaba a cruzar personas de manera ilegal a los Estados Unidos, que cobraba 5 mil dólares por persona, entonces Carlos lo interrumpió, le preguntó si no había posibilidad de que le cobrara menos.

“El Borrachales” le dijo que la única manera era que consiguiera más personas que estuvieran dispuestas a cruzar, entonces podría hacerle una rebaja, Carlos terminó pidiéndole su teléfono celular para mantenerse en contacto.

Al día siguiente, al llegar a su trabajo, Carlos le contó a Óscar que había conocido a un “pollero” y que le había ofrecido cruzarlo a Estados Unidos por 5 mil dólares, Óscar le dijo que era un buen precio porque a él le querían cobrar 7 mil dólares.

Óscar le dijo que se estaba quedando con él Juan, un paisano de su pueblo, quien también tenía como objetivo cruzar a Estados Unidos para trabajar, por lo que no tardaron mucho tiempo para comunicarse con “El Borrachales”.

El 23 de septiembre, Carlos le explicó al “Borrachales” que sus dos amigos tenían 4 mil dólares cada uno, él solamente contaba con 2 mil, los cuales se los prestó su hermano que vive en Estados Unidos, así que entre los tres tenían 10 mil dólares.

“El Borrachales” le dijo a Carlos que tenía que hablar con su patrón para ver si aceptaba la oferta, a los minutos le regresó la llamada, le dijo que se “alistaran” porque esa misma noche cruzarían a los Estados Unidos.

El acuerdo había sido que alrededor de las 10 de la noche un taxi libre iba a pasar por ellos, frente a una lavandería, al llegar el vehículo Carlos le informó a su esposa que el número económico de la unidad era el 7600.

Carlos señaló que en el taxi libre había dos hombres al frente, quienes dijeron que iban por parte de Miguel y que los llevarían a una casa de donde partirían a pie con rumbo a los Estados Unidos.

Carlos detalló que desconocía la Ciudad, ya que solamente iba a trabajar y se regresaba a la casa, sin embargo, reconoció que circulaban por el Corredor 2000, que se dirigieron a las últimas casas de Tijuana, cercanas a un cerro.

Al llegar a la casa fueron recibidos por un hombre de aproximadamente 50 años, moreno, de baja estatura, al parecer con vitíligo, quien les indicó a los cinco hombres que se metieran rápido a la casa.

Carlos señaló que adentro ya estaban Elvis y Osvaldo, los hombres entonces les pidieron a las víctimas que les entregaran todas sus pertenencias, como una manera de seguridad y saber a qué tipo de personas cruzaría a Estados Unidos.

Fue en ese momento que Carlos presintió que algo malo estaba ocurriendo, así que escondió su segundo celular en su ropa interior, el cual nunca se lo encontraron, y les entregó el celular que llevaba en su mano.

Al pasar unas horas, Carlos le preguntó al hombre de 50 años a qué horas iban a salir, este le dijo que ya no se podía, pero que lo harían hasta el próximo día, por lo que les pidió que estuvieran tranquilos.

Alrededor de las 10 horas del 24 de septiembre, llegó un hombre alto, con gorra negra, con la cara cubierta, y de manera altanera les indicó que se encontraban secuestrados y les exigió que les entregaran los números telefónicos de sus familiares.

Al notar que los secuestrados no cooperaban, el hombre encapuchado golpeó a Carlos, incluso también lo hizo con un arma que llevaba fajada a la cintura, mientras que los ahora sentenciados los amagaban con un rifle y un machete.

Por temor a que lo mataran les entregó el número telefónico de su hermano, así que inmediatamente se comunicaron con él para indicarle que Carlos ya se encontraba en San Diego y por eso necesitaban depositarles mil dólares.

En ese momento Carlos gritó que no era cierto, que estaba secuestrado y le pidió a su hermano que no depositara, fue entonces que el hombre encapuchado colgó para continuar golpeándolo salvajemente.

A los minutos el hombre encapuchado le marcó al hermano de Carlos, le confirmó que se trataba de un secuestro, que debían depositar mil dólares, y si no matarían a su hermano; en el fondo se escuchaba al secuestrador gritar de dolor por la golpiza.

Fue en ese momento que Carlos se detuvo por un momento en la audiencia, no podía continuar declarando por el llanto que lo invadió, pues indicó que le dolió saber que a raíz de eso su hermano se enfermó, al grado que su cuñada tuvo que hacerse caso las negociaciones.

*Esta es una historia real, sin embargo algunos nombres y lugares pueden haber sido cambiados para proteger la identidad de los protagonistas reales.



Mañana:
Un mensaje lleva a 65 años de cárcel a los criminales.
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