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Tijuana Como miles de jóvenes, a los 15 años se hizo su primer tatuaje: En la mano derecha se “rayó” las iniciales de la pandilla de Los Ángeles, California.

Ayudan a borrar 'huellas' del pasado

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Por Khennia Reyes

Ayudan a  borrar 'huellas' del pasado

Ayudan a borrar 'huellas' del pasado

Como miles de jóvenes, a los 15 años se hizo su primer tatuaje: En la mano derecha se “rayó” las iniciales de la pandilla de Los Ángeles, California, para firmar su compromiso y lealtad a su reciente familia y sentir orgullo.

De este tatuaje siguieron más: Uno en toda la cabeza, otro en la cara, en los antebrazos y en partes no visibles de su cuerpo, todos de distintos tamaños y diferentes tintas.

“Se vuelven vicio, uno quiere más y más tatuajes. Si uno anda con gente tatuada, la meta es superarlo, ser el mejor”, platicó Juan Gabriel Cornelio Chávez, quien actualmente tiene 40 años.

Pero todo ese orgullo terminó para él, quien a sus 37 años fue expulsado de Estados Unidos a Tijuana, en donde sus tatuajes cobraron otro sentido: Discriminación, miedo y rivalidades entre las pandillas locales.

Como Juan Gabriel hay miles de deportados que, confundidos con criminales, no son contratados por empresas formales por su apariencia física, a pesar de tener formación académica y hablar inglés y español.

“Cuando llegué a Tijuana empecé a arrepentirme; en Estados Unidos no hay tanto problema, pero aquí sí discriminan mucho. De los trabajos me rechazaron, en los hospitales no me atendían bien, porque pensaban que me iba a robar algo”, recordó.

Una mano de ayuda
Esta situación motivó a José Luis Burgos Regil, profesor en las escuelas de medicina de las universidades UABC y San Diego, y encargado de los programas médicos de la asociación civil HFiT (Health Frontiers in Tijuana).

“El reto fue que para cada tipo de color en los tatuajes existe un aparato distinto. Por eso solo empezamos a remover los tatuajes color negro”, explicó, quien estima que eliminar tatuajes tiene un costo aproximado de más de 500 dólares por sesión.

Así, Juan Gabriel comenzó a removerse sus primeros tatuajes y con ello de ser telefonista pasó a convertirse en supervisor de un call center.

“Si hubiera seguido igual no me promueven. Todavía seguirían diciéndome ‘el tatuado’ que contesta el teléfono”, expresó.

Tome nota
Para mayor información llamar al 6855111 o acudir a las oficinas ubicadas en la avenida Mutualismo entre Primera y Segunda.
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