Policiaca Por temor a que los secuestrados cumplieran con su amenaza, la cuñada de Carlos le pidió a un amigo que depositara los mil dólares que pedían.

#Sentenciados WhatsApp los salva

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Por Luis Gerardo Andrade

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Segunda Parte

Por temor a que los secuestrados cumplieran con su amenaza, la cuñada de Carlos le pidió a un amigo que depositara los mil dólares que pedían, lo cual hizo por medio de una cuenta Elektra, a nombre de un hombre de Tijuana.

Los días pasaron mientras, Carlos y sus acompañantes eran constantemente maltratados dentro del cuarto en el que se encontraban privados de la libertad, al día solamente les daban de comer tres tacos de carne al pastor y debían orinar en una cubeta que sus captores colocaron para ello.

Debían tomar agua de la llave y si necesitaban ir al baño, los secuestradores los vigilaban mientras se sentaban en la taza, incluso uno de ellos les apuntaba en la cabeza con un rifle que tenían dentro de la casa.

Laura, esposa de Carlos, declaró que por medio de su cuñada se enteró de que su marido y dos amigos se encontraban secuestrados, después su prima fue contactada por los mismos secuestradores.

Le exigieron el pago del rescate para no matar a su novio Óscar; temerosa por lo que pudiera ocurrir, indicó que solamente podía depositar 5 mil pesos, don lo que las personas estuvieron de acuerdo.

Carmen depositó el dinero a nombre de una mujer, quien se encuentra en Guasave, Sinaloa, pero a los minutos los secuestradores le pidieron que depositara mil dólares o no había trato.

Fue después de eso que Laura, desesperada y atemorizada, decidió denunciar los hechos, así que acudió las instalaciones de la Unidad Estatal de Atención al Delito de Secuestro ubicadas a un costado de la delegación de Playas de Tijuana.

Los oficiales en turno tomaron la declaración de Laura y su prima Carmen, quienes además presentaron las copias de los depósitos hechos, y comenzaron a realizar las investigaciones necesarias.

Por la noche del 27 de septiembre, Carlos finalmente les confesó a sus compañeros que se había escondido en la ropa interior un teléfono celular Locatel, pero que no lo podía utilizar porque no tenía chip.

En ese momento Óscar le dijo que tenía entre su ropa un chip, el cual le entregó inmediatamente, pero Carlos y sus compañeros dudaron en utilizarlo por temor a que se dieran cuenta los secuestradores y los mataran.

Pero al pasar los minutos, luego de armarse de valor, Carlos se tapó con una de las cobijas, mientras le pidió a Óscar y Juan que hicieran ruido con unas botellas de plástico, porque tal vez el celular haría ruido al encenderse.

Afortunadamente para Carlos el teléfono tenía carga, rápidamente le mandó un mensaje a Laura, describiendo que se encontraba bien, pero su esposa no le creyó que era él, así que lo ignoró.

Carlos insistió, ya por la mañana del 28 de septiembre, Laura le pidió una prueba y entonces su esposo le dio datos personales, los cuales solamente ellos conocían, fue entonces que la mujer se convenció de que sí era él.

Laura le dijo que le enviara su ubicación por medio del WhastApp, pero Carlos le dijo que no sabía cómo, entonces le explicó paso a paso, así que en minutos finalmente supo dónde estaba su esposo y los otros dos secuestrados.

Agregó que en una oportunidad, por medio de una ventana, alcanzó a ver un camión blanco viejo estacionado, que enfrente había una casa de dos pisos color café y amarillo, además que había un árbol.

En ese mismo instante se comunicó Laura con el agente ministerial de la Unidad Estatal de Atención al Delito de Secuestro, quien se encontraba al frente de la investigación para localizar a los secuestrados.

Durante el juicio, el agente ministerial testificó que alrededor del mediodía del 27 de septiembre le mandaron la localización por medio del WhastApp, al analizar la ubicación se logró establecer que se ubicaba en la colonia Vista del Valle.

Alrededor de las 13:15 horas, agentes ministeriales y federales, realizaron un operativo de búsqueda por la zona, sin embargo, no pudieron encontrar la casa debido a que son calles de terracería y hay pocos puntos de referencia.

Carlos detalló que en ese momento el hombre de 50 años salió de la casa para ver qué sucedía, ya que al parecer se notó la presencia de las patrullas a lo lejos, y después de allí ya no lo volvieron al ver.

Los oficiales se reagruparon y decidieron recorrer las calles a pie y para no levantar sospechas se dividieron en parejas, un agente ministerial y un federal por cada unidad.

En ese momento Laura le volvió a mandar otro mensaje de su esposo al oficial ministerial, con más detalles, al caminar un poco más, sobre la calle Valle Bonito, localizó una vivienda que reunía todas las características.

Fue entonces que el agente estatal y el oficial federal gritaron “Policía Ministerial… Policía Federal”, y a los segundos, desde adentro de la casa se escucharon los gritos de auxilio.

Incluso los secuestrados advirtieron a las autoridades que las personas se encontraban armadas, para que tuvieran cuidado, por lo que los oficiales no esperaron refuerzos e ingresaron a la casa para rescatar a las personas.

Utilizando sus conocimientos, el agente ministerial y federal entraron a las casa, siguieron las voces de auxilio y entonces se percataron que Elvis “N” y Osvaldo “N” intentaban darse a la fuga por lo que fueron detenidos.

El agente ministerial realizó una inspección en toda la casa para intentar localizar a más cómplices, pero ya no había nadie, y lograron decomisar el rifle y machete con los que amenazaban a las personas.

El agente ministerial señaló que primero sacaron de la vivienda a los detenidos y atrás de ellos a las víctimas, y estos los señalaron como quienes los tenían privados de la libertad y los maltrataban.

Pero también en las audiencias, frente a la presencia de la jueza de control, Carlos, Laura, Juan y los oficiales aprehensores identificaron plenamente a Elvis “N” y Osvaldo “N” como los responsables de haber participado en el secuestro.

Ante las pruebas presentadas, los testimonios, la jueza de control declaró a los hombres culpables del delito de secuestro y los sentenció a 65 años de prisión.

Carlos y Laura salieron satisfechos de la sala de audiencia, pues se había hecho justicia para ellos, aunque singuen prófugos cinco cómplices, ya no viven en Tijuana y esperan que con el tiempo esta pesadilla quede atrás.

* Por seguridad de las víctimas las identidades han sido modificadas.

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