Columnas Termómetro mental

Todos somos ‘cookies’

Los poderosos saben qué gustos tenemos, así como la conducta de consumidor a partir de nuestra navegación en la red

Por Ricardo Menéndez

Los poderosos saben qué gustos tenemos, así como la conducta de consumidor a partir de nuestra navegación en la red. El que tengan una buena aproximación a nuestros gustos personales ya es una herramienta mayúscula. Conforme avance la velocidad en la red más sabrán y hasta controlaran gran parte del pensamiento.

Esta visión que parece paranoide es ominosamente real. Entre otros objetivos, tienen algoritmos que identifican a qué grupo de personalidad pertenecemos, esa personalidad que viene genéticamente determinada. En una sola consulta psiquiátrica podemos escuchar los rasgos dominantes de personalidad y hasta sus trastornos, los dueños de la red lo saben, y más, apretando un botón.

Lo paranoide está en saberse observado y hasta dominado. No me sorprendería que en un futuro existieran colectivos anti Internet, lo usarán para lo elemental y evitarán contacto con el mundo de la red. La idea de referencia no es un síntoma psicótico colectivo, realmente hay otro que sabe sobre uno más de lo que imaginamos. Un otro desconocido, un corporativo al que le interesas tanto como consumidor, como ideológicamente.

Por medio de las decisiones en el menú de la pantalla a lo largo de nuestra historia nos identifican los rasgos de la personalidad y mucho de la conducta. Eso estaría bien si solo se limitara a intervenciones legales ante un posible crimen, un claro ejemplo serían los terroristas.

El que sepan tus gustos les muestra un esquema de quién eres. Si lo que abunda son teorías conspiracioncitas o un fanatismo religioso las personalidades esquizoides serán un paradigma de este grupo. Los cerebros adictivos son fácilmente identificados y atrapados. Hasta los obsesivos son reconocidos.

La personalidad límite o borderline destaca con su ávida búsqueda de temas paradigmáticos, como “cutting”, temas oscuros, asuntos de la conducta alimentaria e imagen corporal, suicidio, vacío y otros. El protagonismo indicará los rasgos narcisistas. El tipo de pornografía identifica al individuo en el menú contemporáneo de la diversidad sexual, con gran precisión.

La personalidad es la forma de ser y de pensar que domina a lo largo de su vida a un individuo. Las grandes compañías son el principal vigilante y dominador. Nuestra red de contactos da otro indicador. No hay donde esconderse, no hay donde cubrirse. Es una inevitable pérdida del pudor.

El Internet mismo genera nuevos rasgos conductuales que moldean la personalidad, como el apetito de contacto o la revisión compulsiva de las novedades en tu red social, ansiedad cuando permanecen unos minutos desconectado, efectos del ciberbullying, búsquedas hipocondriacas sobre enfermedades, efectos de la sobrexposición a imágenes virtuales y otros. Una disminución de la lectura a unas pocas líneas, una forma de vivir bajo el fatal influjo mental del apetito de lo inmediato.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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