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Columnas Postigo

Temibles y empistolados

Enclavado entre cerros ocupados por bosques madereros, tierras de labranza, praderas ganaderas, minerales y otros tesoros rociados por un generoso clima... 

Por Antonio Medina de Anda

Enclavado entre cerros ocupados por bosques madereros, tierras de labranza, praderas ganaderas, minerales y otros tesoros rociados por un generoso clima; el pueblo de Cherán, Michoacán, es el centro de un municipio cuyos poseedores albergan a una importante comunidad indígena, dueña, consecuentemente, de una riqueza atractiva para ser explotada de parte de caciques o empresarios dispuestos a depredar, por las buenas o malas, cualquier valor rendidor de ganancias que, en el caso de Cherán los roba vacas, tala montes, abarroteros, renteros de tierras y proveedores de todo tipo de combustibles, acreditados por funcionarios de los tres niveles de gobierno, sometían a la población silenciándola a través de la policía, expulsiones o cárcel, favoreciendo, por esos medios, el allanamiento del crimen organizado con los resultados harto conocidos.

Degradada durante años la comunidad a fuerza del saqueo, violencia, drogadicción y divisiones internas socorridas por corruptores públicos y privados; un día el pueblo se levantó en armas, aprehendió a sus represores e impuso su poder mediante la participación democrática y acción política, social y económica resguardadas a través de sus propias autoridades, asambleas de barrio, acuerdos colectivos y, particularmente, bajo el amparo de su propia policía y activos pertrechados los que constituidos en una guardia comunitaria diez años atrás expulsaron de su territorio a la “invencible familia michoacana” y grupos de igual o peor fama criminal.

Sirva el previo y resumido repaso para recordar el décimo aniversario (2011-2021) celebrado por una comunidad indígena que escribió y escribe, una heroica página de lucha por su dignidad y bienestar, entre otros, combatir hasta desterrar de su ámbito municipal al narcotráfico, la corrupción que lo guía y la distintiva brutalidad de sus acciones donde,  aparte de los efectos sangrientos, se asentó la compra de autoridades que antes del alzamiento de la comuna era feroz e impunemente recreadas contra cualquier inconformidad individual o colectiva.

Es justo anotar que por esos tiempos en otras zonas michoacanas se conformaron, al parejo de sus vecinos guerrerenses, autodefensas armadas para salvaguardarse del narco orillando, gobierno de Peña Nieto, a movilizar centenares de soldados y policías con el fin de contener, no a los criminales, sino para inmovilizar y desarmar a las defensas civiles.

Hoy, sin embargo, el teñir de sangre continúa ascendente al encontrarse México dentro de los 50 países más violentos del mundo destacando, entre las primeras diez ciudades mayormente peligrosas, siete ubicadas en nuestro país, entre ellas, Tijuana y Ensenada.

En el caso de Baja California, para no perdernos en la maraña nacional, las tétricas credenciales perdidas en la solapa de gobiernos impostores, del pasado al presente, un cínico e impávido silencio  domina o, a lo mucho, de nueva cuenta dan vuelta al cilindro ofreciendo cantinflescas justificaciones, echándose la bolita unos a otros o encogiéndose de hombros mediante el valemadrismo de siempre: una mueca que los candidatos y candidatas de los diversos partidos, con cierta salvedad, en sincronizado coro gangoso, opaco y pernicioso repiten en pareja cosa las ocurrencias o boberías de siempre…

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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