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¿Salud, economía, ambas, ninguna?

¿Para qué sirve el Estado? ¿Para proteger la salud pública o la economía? Un politólogo o jurista tradicional afirmaría que ninguna de estas dos.

Por Roberto Quijano Luna

¿Para qué sirve el Estado? ¿Para proteger la salud pública o la economía? Un politólogo o jurista tradicional afirmaría que ninguna de estas dos. El objetivo final del Estado es el bien público temporal.

Por bien público temporal debe entenderse el conjunto de condiciones sociales, económicas y políticas necesarias para garantizar el bienestar individual y colectivo de los ciudadanos. Por supuesto, dentro de estas condiciones se encuentran factores esenciales como salud pública y economía. ¿Cuál debe ser priorizado por el Estado?

En estos tiempos pandémicos, la clase política mundial se enfrenta a este dilema mayúsculo: economía o salud. Las decisiones tomadas representarán fielmente cuales son las prioridades de los gobernantes en turno.

En el caso de Estados Unidos, Trump ha afirmado que la economía americana no está diseñada para un aislamiento; al contrario, es una máquina que no puede ni debe parar. Por ende, su insistencia en regresar a la normalidad después de Pascua. Es decir, la economía es su prioridad.

En el caso de México, pareciera ser que efectivamente el dilema economía-salud está presente pero nuestra clase política se rehúsa a tomar partida. No fue sino hasta esta semana que el gobierno federal decretó medidas extraordinarias como la suspensión de actividades no esenciales. Como siempre, México “nada de muertito” hasta que las circunstancias lo obligan a tomar una decisión. Una evidente falta de visión y seriedad.

Sin embargo, este dilema economía-salud no es absoluto. En realidad, se trata de una falsa dicotomía si vemos lo que otros países han hecho en esta crisis. Si bien Italia, España o Estados Unidos han tenido que tomar medidas drásticas y optar por una u otra, países como Singapur, Corea del Sur o Taiwán han exitosamente atendido economía y salud. ¿Cómo? Mediante administraciones publicas sólidas con capacidad de respuesta.

Estos países vislumbraron la crisis inminente, tomaron decisiones basadas en evidencia y las ejecutaron oportunamente. Pareciera un proceso sencillo: planear, decidir y ejecutar. No obstante, solamente administraciones publicas sólidas son capaces de realizar esta labor en cuestión de días o semanas. Sus gobiernos están listos para tomar cualquier tipo de medida que sea necesaria para asegurar el bien público temporal. Por ejemplo, Singapur ha acondicionado sustentablemente su territorio para mitigar el cambio climático en las próximas décadas … pero esa es otra historia. El punto es que se prepararon. No existen falsos dilemas como el de salud y economía cuando se está lo suficientemente preparado.

Muchos podrán argumentar que los gobiernos de esos países son reflejo de su sociedad y cultura; hasta podrían decir que casos como el de Singapur son autoritarismos benignos (discusión pendiente). No obstante, es nuestra obligación estudiar sus casos y retomar sus mejores prácticas.

Al terminar esta crisis, anhelo dos cosas: que la menor cantidad de gente salga afectada y que como sociedad nos movilicemos para reformar nuestra administración pública. Aspiro a tener un gobierno que no tenga que optar por salvar la economía o la salud de su gente.

¿Salud o economía? ¿Por qué no las dos?

*El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance

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